Bueno,
pues parece que se confirma. Harry Potter tendrá continuidad, oficialmente,
allá para mi cumpleaños. Una
de las gallinas de los huevos de oro de la literatura contemporánea vuelve a
poner, para alegría de muchos millones de fans que cuando empezaron a leer
sus aventuras apenas sabían lo que era literatura y que ahora están ya más para
empezar a contar la historia a sus retoños. En realidad, leo la noticia y
resulta medio confusa porque, de entrada, hablan de estreno mundial del libro
un día después de la obra de teatro. ¿Qué obra de teatro? Pues de la que
este libro es, en realidad, el guión adaptado. ¿Adaptado por quien? Pues así
a ojo, por la propia autora de la saga y por Jack
Thorne, joven guionista inglés de bastante éxito y que se ha atrevido a crear
para la escena algo así como un 'Veinte
años después', al parecer con bastante aceptación por parte de J.K.
Rowling. Confuso porque en las noticias que leo hablan de una obra de teatro
sobre aquel "brujito" o "joven brujo" que triunfó allá por
la década pasada, y me da por pensar en aquel chavalín de gafas redonditas de
la primera historia, cuando en su último paso por las rotativas ya estaba más
que crecidito. Y en esta nueva aventura aquí, claro, pues te puedes hacer una
idea.
Así que mejor no pensar en una obra de teatro infantil. O sí, si el que pone nombre a la obra una vez más, en realidad cede el protagonismo de la historia al malditoniño (traducción libre del título original) que complementa como apellido al título de la representación. Ya veremos.
Y aprovechando esta noticia de actualidad de la que no voy a seguir informando, porque ya estará todo el mundo más que al tanto de los hechos, quiero dejar clara una cosa que al avezado lector no le habrá pasado inadvertido: No me gusta Harry Potter. Es más: el que suscribe es el mayor fan de entre los que no soportan al joven -es un decir- mago inglés. O viceversa ¿Contradictorio también? Espera que me explico mejor. Hace ya unos 15 años, un poco antes de que llegara a las pantallas del Cine Ortega (imagino que fuese allí, porque desde la desaparición del Cine Don Sancho y de los Boston, nunca hubo otro gran estreno en Palencia que no fuese en el Ortega) aparecía en las estanterías de todo el mundo un mago que llegaba tipo elefante entrando en cacharrería. En España comenzaba a reinar Manolito Gafotas con mano firme como lectura infantojuvenil de tirón desde su Carabanchel natal. Y de repente llega un repipi británico con superpoderes a levantarle la silla. ¡Vamos hombre, habráse visto tamaña desfachatez!
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| Manolito no tuvo nada que hacer contra Harry. |
En casa teníamos a una señorita que no leía ni los títulos de los dibujos
animados pero que, de repente, entraba en la sintonía del éxito y se dividía
entre las aventuras del chaval de suburbio madrileño y las fantasías increíbles
en algún lugar de la Pérfida Albión. Para cierta tristeza mía, el duelo lo
acabó ganando el foráneo. Sin embargo analizando
en profundidad, quien realmente ganaba era toda una generación de chiguitos que
hasta entonces ni se acercaba al lomo de un libro que no fuese el de clase. Así que, dándomelas de mecenas
adinerado (aún era un flamante becario con todo por aprender en el Diario
Palentino), esas Navidades o las siguientes, y ya así en lo sucesivo siempre
que pude, hice de paje de Sus Majestades los Reyes Magos con regalo a tiro
fijo, aun a pesar de que las entregas fuesen creciendo significativamente en
volumen y precio de año en año mientras mi paga se mantenía casi en el mismo
punto.
Así
que sí. Por los millones de chiguitos que de repente comenzaron a desear
abrir un libro dejando de lado la tele y los videojuegos, por todos aquellos que contaban los
días para el estreno de una nueva entrega (literaria tanto como
cinematográfica). Por esos entre los que no me cuento porque ni he leído
ninguno de los siete libros (ocho, que el último ya venía por entregas) y de
las pelis creo que sólo he conseguido aguantar entera la primera y la segunda o
la tercera. Por ellos, digo, puedo considerarme otro fan a mi pesar del
Porretas.
Y
como epílogo aun diré más: Casualmente este fin de semana, en un intento por equilibrar
nuestros gustos cinéfilos, Naide y yo acabamos viendo una peli biográfica medio
no autorizada de ajustado presupuesto sobre
J.K. Rowling. Portugueses con acento de Manchester y policías de
Oporto hablando español aparte, y sin tener muy en cuenta tampoco que
alguien pudiese pensar que con colgar de la pared algunas banderas lusitanas un
típico pub inglés pasaría por cualquier tasca a orillas del Douro, la historia es inspiradora y acaba
haciendo efecto. Para quien no le hacía ni fu ni fa la persona de esa
escritora inglesa que debe desesperarse a la hora de escribir algo donde el
público no esté esperando en qué momento alguien lanzará de repente un Expecto
Patronus, ahora realmente
admiro un poco más a la mujer y a la creadora que
inculcó toda su sabiduría a Albus Dumbledore y que conoce todos y cada uno de
los secretos encerrados tras los viejos muros de Hogwarts.

