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sábado, 24 de octubre de 2026

PROSESÍA: la valentía de encontrar una voz propia * Por Mar Sancho



*Mar Sancho es pura lírica: Poetisa, relatora, crítica musical... Leerla o escucharla -por su forma de transmitir una catarata de conocimientos, vivencias y sentimientos, y también por su pasión contagiosa- es de esos placeres sin los que no recomiendo dejar este mundo. Hace un par de años, sus palabras fueron parte de aquellos pinchazos que me azuzaron definitivamente para destaparme literariamente. Tiempo después me sorprende con esta reseña que, ya inevitablemente, me compromete a seguir adelante.  

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Hay una cualidad especialmente valiosa en la literatura: la capacidad de convertir lo cotidiano en algo que merece ser contado, de descubrir, bajo la apariencia de las cosas más sencillas, una reflexión, una emoción o una verdad que permanecía inadvertida. Esa capacidad está presente en Prosesía, el libro con el que JuanPa Ausín invita a entrar en un particular y satisfactorio universo literario.

El título es, por sí mismo, una declaración de intenciones. Entre la prosa y la poesía, entre la narración y el verso, JuanPa encuentra un territorio propio en el que las formas se mezclan con libertad. Hay en sus páginas una mirada observadora y, al mismo tiempo, una sensibilidad que trasciende la mera descripción. El prosista poeta sabe detenerse en los pequeños acontecimientos, descubrir su dimensión simbólica y transformarlos en materia literaria.

Su escritura posee, además, una virtud que no siempre resulta fácil encontrar: la naturalidad. No necesita revestir cada pensamiento de solemnidad ni buscar imágenes deliberadamente complejas para transmitir una emoción. Su lenguaje es cercano, directo y, a la vez, capaz de alcanzar una intensidad inesperada.

Especialmente valiosa resulta su capacidad para introducir la ironía y el humor. El autor demuestra que la literatura también puede cuestionar, incomodar y provocar una sonrisa. Y comprende que, en ocasiones, una observación aparentemente desenfadada contiene una verdad más incisiva que un discurso grandilocuente. Esa ironía alcanza también a la propia creación literaria.

Junto a ello, merece destacarse su instinto narrativo, su capacidad para construir una historia, administrar la información y reservar para el desenlace un giro que transforma por completo la interpretación de lo leído. Es una muestra de imaginación narrativa, sentido del humor y capacidad para sorprender. Se trata de una cualidad que amplía las posibilidades de su escritura y permite intuir un territorio creativo todavía por explorar.

Además, junto a esa mirada crítica aparece otra profundamente humana. Hay ternura, gratitud, vulnerabilidad y una conciencia muy viva de los afectos y de las responsabilidades que nos definen. Esta convivencia entre lo íntimo y lo social, entre el humor y la emoción, entre el escepticismo y la esperanza, aporta riqueza a su universo literario.

Otro aspecto muy interesante de Prosesía reside en la relación que el autor mantiene con su propia vocación literaria. Hay una saludable desconfianza hacia la solemnidad del escritor, una tendencia a la autocrítica y una modestia que, lejos de debilitar su propuesta, la hacen más cercana y auténtica. Y es precisamente ahí donde reside una de las paradojas más hermosas del libro: mientras su autor parece preguntarse si tiene derecho a considerarse escritor, sus propias páginas van ofreciendo la respuesta.

Para los que leemos mucho, quizás demasiado, JuanPa Ausín es todo un hallazgo: una voz personal, una manera singular de observar el mundo y un deseo auténtico de comunicar.

La mayor virtud de Prosesía es la presencia de una personalidad reconocible detrás de las palabras. Se trata de un autor que sabe emocionarse, indignarse, reírse de sí mismo, cuestionar las convenciones y encontrar motivos de esperanza incluso después del incendio. Construye una escritura que, en sus momentos más logrados, consigue algo esencial: que una experiencia particular deje de pertenecer exclusivamente a quien la vivió y pase a formar parte de la experiencia del lector. Y eso es, precisamente, lo que convierte la escritura en literatura.

Prosesía reúne textos de distinta naturaleza y ambición, y en esa diversidad se adivina también un camino de maduración. Sus buenas páginas muestran a un autor que tiene mucho que decir y que, sobre todo, ha descubierto hasta dónde puede llegar su manera de decirlo. Por ello, este libro resulta especialmente estimulante: no solo por lo que ofrece, sino por todo lo que anuncia. JuanPa Ausín se presenta modestamente como un juntaletras. Pero juntar letras lo hace cualquiera; conseguir que las letras transmitan una emoción, tracen una sonrisa, despierten una pregunta o permanezcan en la memoria del lector es algo muy diferente.

Ojalá Prosesía sea solo el comienzo de una trayectoria literaria larga y fértil y su autor siga confiando en esa mirada suya, tan personal, capaz de encontrar poesía donde otros apenas encuentran rutina, y siga explorando las posibilidades de una imaginación que ya ha dado pruebas de su riqueza.

Al lector, al concluir Prosesía, le queda una convicción: JuanPa Ausín no necesita pedir permiso para entrar en la literatura. Ya ha encontrado su propia puerta. Ahora solo tiene que seguir escribiendo. Yo lo estoy deseando.

Mar Sancho

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¿Y al Autor qué cara se le queda después de leer algo así? Como mínimo, después de conseguir cerrar la boca y pausar un poco el corazón, agradecer y asumir el compromiso, claro.