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lunes, 22 de febrero de 2016

¿Por qué un periódico digital no puede sustituir al de papel?


El periódico británico The Independent anunciaba la semana pasada su próxima transición definitiva del papel al digital. Uno más en todo el mundo o, como se enorgullecían destacando en titulares, el primero de Inglaterra, para tristeza de una legión de fieles seguidores que, inmediatamente, se manifestaba respecto a esta noticia como tradicionalmente se ha venido haciendo durante siglos: Con una carta al director

No me cansaré de decir que la pérdida, sentimentalmente, es muy grande. Enorme. Y que los beneficios para la empresa también. Para la profesión, tengo contrastadas opiniones sobre beneficios y perjuicios. Máxime por la forma de llevar a cabo esa transción por parte de las empresas y que generalmente han ido en detrimento de la calidad (que no de la cantidad) de la información. 


Porque transiciones traumáticas en el periodismo ya hubo otras, como cuando la informática simplificó al máximo el proceso de impresión, antes casi una obra de arte que empleaba a decenas de funcionarios en cada tirada y que hoy en día se resuelve con un esfuerzo minimizado, tal vez más de la cuenta. Y si no, que le pregunten a la figura del corrector, que se perdió inconvenientemente por ese camino. Afortunadamente buena parte de aquellos esforzados trabajadores de la rotativa pasaron del trabajo manual al informático. Como mis amigos Lauren y Sátur, instituciones vivas del periodismo palentino y, como ellos mismos reconocen entre bromas pero no sin un toque de realidad, verdaderos artífices del periódico donde generosamente aún dejan espacios para ser rellenados por redactores y fotógrafos.

A la derecha, Lauren Merino, creando la edición diaria del Palentino, dejando los pertinentes huecos para que después fotógrafos y redactores los rellenen convenientemente.
Pero volviendo a la pregunta del título, ¿por qué el digital nunca podrá sustituir al papel? Uno de los lectores del Independent, apicultor del condado de Dorset, lo deja claro con una pregunta concisa:



¿Cómo voy a encender un fuego
o juntar dos colonias de abejas
con una aplicación móvil?

Pues eso. Así de claro lo deja también un fabricante de pape higiénico con este vídeo:



Cada uno que saque sus propias conclusisones y, si quiere,
que abra el debate.

martes, 26 de enero de 2016

Mejor 'perdidos' que olvidados



Imagina que llegas a una sala de espera, un asiento del bus/taxi/metro, una cafetería, un banco del parque, y te encuentras un libro solitario. El primer impulso, claro, sería dejarlo donde está por si el dueño lo ha abandonado temporalmente con la intención de avisar que ese lugar está ocupado. También puedes llevarlo hasta la barra, dejarlo en la recepción, con el conductor... O echarle un vistazo. Entonces imagina más: saborea el gustazo de encontrar asomando entre sus páginas una nota de bienvenida, invitándote a entrar hasta el fondo, hasta la última hoja. Y que una vez leído, sólo tengas que asumir el compromiso de garantizar la continuidad del viaje de ese libro, de hacer que siga perdido, no olvidado.

Puede resumirse así la filosofía del bookcrossing, una iniciativa que surgió a comienzos de siglo, entre experimento social y desafío cultural. Desde entonces, a la sombra de la propuesta primigenia global, se han extendido acciones similares por todo el mundo sin más ambición que hacer que libros abocados a acumular estratos de polvo, entrasen de nuevo en el circuito de la lectura.

Ayer fue la vez del Esqueça Um Livro –olvide un libro- en Brasil. Y por fin participé y, como dice Nadie, ejercí el desapego de un ejemplar de nuestra biblioteca. ¡Con lo que me cuesta a mí eso! Que ayer fuese el día específico no quiere decir que sólo se tenga que hacer una vez al año. Pero sí que habiendo una data específica, nos acordemos que está ahí para ser hecho siempre que se tenga ocasión. En otros países como Venezuela tienen el Adopta un Libro, o la Siembra de Libros que he encontrado en Argentina o Costa Rica, organizada por el Club de Los Libros Perdidos varios días 21 al año. Aunque parezca que la cosa ha perdido un poco de fuelle, a tenor del distanciamiento entre las convocatorias encontradas (como ésta, el día del aniversario de BookCrossing).

En Brasil existen otras propuestas bien interesantes sobre compartir libros a pie de calle, como el Bibliotaxi que comenzó entre los asociados de una de las empresas de transporte público de São Paulo y que ya se ha extendido a otras capitales, o el proyecto Geladeira do Livro en Brasilia, que además de difundir la cultura escrita, fomenta el reciclado y reutilización de este aparatoso electrodoméstico.

Y respecto a la idea que podemos llamar de génesis de todo esto, el Bookcrossing, ahí está, firme desde hace 15 años, creciendo en actividad y propuestas. Merece la pena echar un vistazo al mapa rastreador de libros, siempre con nuevos avisos apareciendo a lo largo y ancho del globo. Es realmente motivador. También saber que España está entre los diez primeros del ránking de bookcrossers (aunque sea con un 1% del total de actividad mundial).

Como digo, ayer hice mi parte y aproveché mi olvido también para iniciar mi perfil de bookcrosser. Confieso que ahora que estoy leyendo el libro entero –y lo que te rondaré morena-, tampoco fue muy difícil desapegarme de un tomo de bolsillo con la primera parte (de un total de siete) de Los Miserables.  Tengo la firme convicción de que a quien le llegue, tras una primera frustración al descubrir que eso era sólo un señuelo, buscará hacerse con las otras seis partes que le faltan. Vamos, que se habrá enganchado -estrategia yonki total-.

¿Alguien más se apunta a quitar el polvo y las telarañas de su biblioteca y devolver a la vida aquellos libros que, confesémoslo, difícilmente volveremos a leer? Recordarlos para después 'perderlos'. Ahí queda ésa.

lunes, 18 de enero de 2016

El digital contra el papel. Un encuentro generacional

Star Wars o La Princesa Prometida? Íñigo Montoya contra Darth Vader. El kindle contra el libro.
Como ilustrador a lo mejor acabo siendo un buen escritor. No todos los encuentros generacionales
tienen por qué ser un camino de rosas. La coexistencia pacífica es cuestión de paciencia y entendimiento.

Me confieso: Si por mí fuese, el papel no moriría nunca. Como leí recientemente de alguna instabloguera de moda (no, no es que hable de moda, si no de libros, y con una lista de seguidores 'in crescendo' bien abultada, oh envidia), yo también soy de los que a veces temen que la proliferación de material digital acabe con la producción en papel y que las librerías desaparezcan como lo hicieron las tiendas de discos después del advenimiento de los mp3. En Palencia no olvidamos la peculiar transformación en cafetería de Debla y Discocenter -acabo de entrar en el enlace y da pena del pobre Alejandro Sanz, con todo lo que fue y que ahora no dé ni para llenar un bus de fans-, como los dos casos menos traumáticos de la extinción de las tiendas de música. 

Como periodista aún llegué a mamar la profesión manchándome las manos de tinta entre hoja y hoja y, sin embargo, hoy soy consumidor diario de entre tres y cinco periódicos en su edición digital, asistiendo también impotente desde el burladero a la desnutrición crónica que sufren las redacciones. Y me duele, porque veo que los intereses comerciales cada vez están más lejos -y se encargan de alejar al público- de aquella obra de arte del cotidiano de la industria impresa que, digámoslo claro, es más difícil de mantener que una web. 

En fin, luego vuelvo a pensar que son dos cosas engañosamente similares y por lo tanto, diametralmente distintas. El papel encuadernado no puede morir por el mero hecho de que a lo largo de los siglos se ha convertido en soporte duradero de la sabiduría universal, además de en objeto de culto cuyo gesto inicial, separando las dos manos excéntricamente, cada una soportando una tapa y su acompañamiento de páginas, es algo más que un ritual, una ceremonia. Por el contrario, el papel reciclado de uso y desecho diario vive de la inmediatez y, excepto en las hemerotecas de "se ve pero no se toca" -que para eso se inventó el microfilmado en su día- o forrando escaparates de comercios desafortunados, su destino no es precisamente el de prevalecer. 

Pero volviendo al tema, que me vuelvo a perder en historias: Como digo (y no me contradigo), hoy en día toda esa sabiduría está en la red al alcance de todos. Al hilo de la entrada que compartía recientemente, revolviendo en mis hemerotecas, sobre cómo hasta hace bien poco el acceso a incunables y grandes óperas primas estaba vedado sólo a estudiosos, hoy las cosas han cambiado. Y mucho. Y es precisamente el soporte etéreo, intangible, el que nos abre infinitas posibilidades alrededor también del papel.

Digital y papel están condenados a entenderse y coexistir como dos realidades paralelas. Y punto. Sirva para ilustrar esa coexistencia este ejemplo: Quien quiera consultar los clásicos, quien quiera beber de mil fuentes, devorar la historia de la literatura, la filosofía, el teatro, la poesía... ahí la tiene a su disposición casi entera (ver La literatura universal al alcance de todos). Y el que quiera saborear una buena cratera de Homero, degustar en Cervantes la intensidad de un buen queso curado, dejarse acariciar por un Garclilaso... En resumen: tener una experiencia sensorial completa, entonces ahí sí recomiendo desenpolvar la biblioteca.


Imagina la desesperación un día al querer acceder a algún contenido
de tu interés y ya no tener tecnología con la que lograr tu objetivo.
Ya pasó con el vídeo, pero nunca con un libro. Espero.
Para finalizar, permíteme una reflexión: H.G. Wells fue un visionario. Y como tal, sueños y pesadillas pueblan su imaginario. Como visiones de futuro le agradecemos, en La Máquina del Tiempo, la profecía del disco duro que eran aquellos aros giratorios donde, en el futuro, se condesaría todo el conocimiento de la humanidad. Como pesadilla, una escena me sigue impactando más que la de Charlton Heston postrado frente a los restos de la Estatua de la Libertad: aquella en la que Rod Taylor se desespera cuando un tomo de vete tú a saber qué se desintegra entre sus dedos y de un furioso manotazo convierte en polvo una estantería entera. Eso y pensar que en el futuro pueda no haber una tecnología capaz de soportar aquellos aros de conocimiento (o simple corriente eléctrica para hacerla funcionar) da repelús en la espalda. 

miércoles, 13 de enero de 2016

La literatura universal al alcance de todos. En el bolso de todos



Podría sentenciar: Hoy quien no lee es porque no quiere, y quedarme más ancho que largo con el posible juicio de valores que pueda desprenderse de todo esto. Pero voy a intentar ser justo. Ése es un hecho que no tiene por que avergonzar a nadie. Es más, existe una especie de competencia que no podríamos llamar desleal y para la que uno de los pasatiempos más antiguo de la humanidad -criticar al vecino y chutar piedras aparte- está sabiendo adaptarse perfectamente desde los inicios. Contra el aluvión de programación televisiva, videojuegos, mensajes de Whatsapp, actualizaciones de estado en Facebook y vídeos de gatitos en Youtube, ¡el PDF!


Un poco de Historia.
Antes de entrar en materia me gustaría hacer una pequeña introducción. Pero como no quiero ser pesado, el que quiera puede seguir leyendo lo interesante a continuación, y el que tenga un poco más de tiempo, dedicar cinco minutos a ampliar sus conocimientos >>aquí<< con hechos tan ciertos como la invención del cañón de transporte interplanetario. 



Y sí, eso del PDF es una licencia que me tomo por acortar en tres letras todo lo referido a libros digitales, formatos de almacenamiento de texto y otros soportes por el estilo. Entonces, entrando en materia, se puede decir que la evolución del libro nos ha llevado a los días de hoy donde la tele, la tableta y el teléfono, lejos de convertirse en rivales, son -o pueden ser- herramientas aliadas de la lectura. De repente tenemos a nuestra disposición el acervo enterito de las principales bibliotecas del mundo, los grandes clásicos de los autores más relevantes de la humanidad, la prensa internacional de todo el mundo. Y todo ello en un palmo (o un poco más) de espacio.

Otra ventaja intangible es la de las referencias. Eso de poder contar en ese mismo espacio con todos los diccionarios necesarios, enciclopedia y otras fuentes de consulta como mapas y guías de arte, la libreta para sustituir glosas y anotaciones adjuntas... Eso no tiene precio. Y sí, aunque vaya a ser siempre fiel al papel, la poligamia entró fuerte en casa con la llegada el año pasado de nuestro primer Kindle. 


Parafraseando a Marcus Brody, "la pluma es más poderosa que la espada", Neo y Trinity buscan qué leer este finde. Pues así está internet esperando a que lleguemos.
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Los contras

Está claro que todo avance puede venir con su letra pequeña, con su retroceso. Un beneficio como es disponer el patrimonio intelectual para el bien universal, ya sea a cambio de un valor mínimo o incluso sin precio, sí tiene su precio, su perjuicio. En primer lugar, para los autores contemporáneos que ven cómo se globaliza la piratería de su obra. Lo que antes por lo menos costaba horas delante de la fotocopiadora para cada ejempliar fraudulento, ahora puede estar en cuestión de segundos distribuido por todo el mundo. O incluso sin ser pirateado. Con la eterna excusa de llegar fácilmente a más público, el autor se resigna a ceder, a cambio de nada, el fruto de su trabajo. "Quién sabe si eso no será la llave que me abra la puerta de la fama", suele pensar el iluso mientras casi detona su propiedad intelectual.

Para eso existe por lo menos la honrada intención de poner a disposición sólo los libros clásicos cuyos autores ya hayan pasado a la inmortalidad honorífica (o simplemente han muerto hace más de setenta años). Y claro, los libros de todo autor que quiera facilitar su obra. Todo ello para evitar lucros injustificados y realmente poner a disposición de todos esa obra, protegiendo con ello los otros lanzamientos y obras actuales 'de pago' que de verdad merezcan el interés real del públco. Ahora cabe a las editoriales intentar convencer al respetable de que una edición pagada merece más la pena. Incluso en papel. ¿Cómo? Con calidad.

Y es que muchas veces el trabajo altruista de algunos colectivos dedicados a expandir el conocimiento por la red, no cuenta con los medios necesarios para esa divulgación, lo que se traduce en textos con incorrecciones de todos los niveles, una presentación poco vistosa y, en ocasiones, malamente legible. Pero bueno, ahí se puede dar una de pescador en la apertura de la veda. ¿Que la primera captura fue decepcionante? Suéltala, que el río está lleno de peces y alguno de los gordos picará en su lugar.

Algunas bibliotecas virtuales

Pero como no queremos perder la oportunidad de ejercer un servicio público, vaya aquí una propuesta con algunas fuentes con las que llenar el estante de nuestra biblioteca virtual y, claro está, las baldas de nuestro cerebro. Existen docenas, cientos, miles de listas con referencias, nosotros no seremos menos, así que allá van unas cuantas: 

     Dominio Público (español)
     El material bibliográfico con los derechos de autor liberados es casi intangible. Existen algunas webs de tipo solidario y colaborativo que se dedican a recoger ese patrimoniocomo una especie de biblioteca a lo Matrix en la que perderse a voluntad. La representante española es Dominio Público (el nombre ya lo dice todo) y aunque la web parece un eterno producto BETA, sus fondos y colaboraciones son de destacar.

     Domínio Público (portugués)
     Lo mismo, pero de carácter público (sustentado por la web institucional del Gobierno de Brasil), ofrece un importante acervo tanto literario como audiovisual. Muy recomendable para conocer la riquísima cultura brasileña.

     Galaxia Gutemberg 
     Por prestigio, historia y fondos documentales, es la principal estantería de literatura gratis de internet. El buscador es medio malo, y encontrar libros en español casi imposible (algunos clásicos de Bécquer, Alarcón o Pérez Galdós), pero merece mucho la pena perderse por algunos de los ejemplares que ofrece.

     Biblioteca Nacional de España
     Cada país tiene su Biblioteca Nacional con una cada vez mayor disponibilidad  de su extensísimo patrimonio para el público general. Ésas y otras iniciativas tienen hoy su reflejo virtual como la BNE, donde encuentras de todo; ¡de-to-do! para descargar: Mapas, sonidos, fotos, ex-libris, libros interactivos, rarísimas primeras ediciones... Sólo hay que tener paciencia en el dédalo de idas y venias, registros e identificaciones. Y si no te conformas con el soporte digital, por un 'módico precio' te hacen la copia en papel. Merece la pena echar un vistazo.

      En honor a mis vecinos, no puedo dejar por fuera la Biblioteca Nacional de Brasil, que a través de una elegante web abre también las puertas de la centenaria institución, orgullo del país, que fue alimentada en sus orígenes por por el patrimonio de la Biblioteca Real de Portugal, medio olvidada en el puerto de Lisboa y después felizmente reunida en Río de Janeiro cuando la corte lusitana salió por patas rumbo al exilio antes de caer en manos de Napoleón.

     Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
     Con una extensísima colección de clásicos de la literatura en castellano y un acervo de obras hispanoamericanas, catalanas y gallegas digna de mención, es de las más descargadas para Kindle y otros aparatos de lectura.


     Biblioteca Virtual Universal
     Desde Argentina nos llega también este catálogo pensado para la divulgación literaria en rincones menos accesibles, como áreas rurales y de montaña. Ofrece un extenso patrimonio, con destaque para el contenido infantil, juvenil y universitario.

Otras referencias de interés

     *Sin salir de Argentina, merece la pena echar un vistazo a este enlace de nombre tan sugerente como Libros Gratis. En él se ofrece (con un aspecto bien feo, todo hay que decirlo) una importante selección de obras y textos, aunque sea para lectura o consulta on line.

     *El blog Alejandría Digital hace honor a su nombre y ofrece una interesante variedad de libros de dominio público, con especialidad en el contenido filosófico. 

     *Este enlace lleva a una recopilación que me pasaro un día con cinco libros sobre las principales mitologías conocidas: la griega, la celta, la nórdica, la sumeria y la japonesa. Me picó la curiosidad y por si acaso yo ya me los descargué hace tiempo. Ahora ahí están, en mi humilde lista de espera, junto a otros tropecientosmil. Pero ahí están, sin duda. 

     Amazon. Tampoco puedo obviar el mayor servicio de distribución de libros digitales, incluidos también algunos títulos de dominio público, entre cuyos servicios existe una amplia gama de trabajos de autores de esos que esperemos algún día alcancen su objetivo de ver su obra reconocida como merecen.

    *Para más referencias, también en portugués, aquí hay otra relación, realizada por la revista Galileu, de sitios donde podrás descargarte libros sin problremas, aunque alguno de ellos ya lo hayamos visto por aquí encima. 

    *Y su réplica en inglés, aquí

***
En fin, que podría no acabar nunca esta enumeración, porque cuanto más busco, más encuentro. Así que para más detalles, si aún no has encontrado lo que buscas, no descartes Google, porque siempre hay material disponible en webs que nunca pensarías que tienen lo que tienen y que, de repente, es justo lo que andabas buscando. Y quien prefiera seguir viendo vídeos de gatitos y fisgar todos los movimientos posturísticos de sus amigos en las redes sociales en vez de leer un libro, unos apuntes o un periódico, pues para eso están los colores.