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viernes, 2 de abril de 2021

La extinción profunda de la noticia en papel


Cuando pisé Brasil por primera vez, hace más de 11 años, fueron muchas cosas las que me llamaron la atención. Pero una de ellas tiene mucho que ver con el tema que voy a desarrollar ahora y que está de infeliz actualidad, tanto aquí como allá.
En los grandes edificios residenciales donde se apilan los habitantes de clase media y alta, la garita del portero es un elemento tan fundamental como el ascensor de servicio -dios nos libre de coger el mismo ascensor que la empleada doméstica o el entregador de comida a domicilio- o la necesidad de mantener corrientes de aire para ventilar las viviendas.  

En dicha garita, a la espalda del portero, existen cajetines cuadrados, uno por apartamento para clasificar el correo y demás envíos y encomiendas, y donde a primera hora de la mañana asomaban los periódicos del día. Y sí, era una imagen digna de verse para un periodista. Porque en Recife eran tres los periódicos diarios generalistas que se editaban (dejo aparte los deportivos, sensacionalistas y demás morralla) y más o menos todo el mundo era suscriptor de alguno de ellos. En nuestro caso de los tres. Y también, escribo en pasado porque todo eso ha cambiado. 

Lo de los periódicos asomando enrollados por el vano cuadrado de los cajetines, cual lanzacohetes Katiusha listo para disparar sobre las líneas alemanas, era digno de verse. Pero ocurrió como con los pueblos de nuestra España vaciada. Que un día dejó de asomar el vecino de aquella casa. Otro día se cerró para siempre la puerta del de más allá. Al siguiente aquellas persianas no volvieron a levantarse, Un día la fila del pan ya no era fila, en el bar no había con quien jugar la partida... y cuando nos quisimos dar cuenta en el pueblo ya no quedaba nadie. 

Una mañana que bajé a recoger un paquete de correos me di cuenta. Nosotros ya no recibíamos periódicos desde hacía meses. Manteníamos las tres suscripciones digitales y accedíamos a la versión on-line o en pdf según nos interesara, pero en papel nada. Y por eso de nuestro cajetín ya no despuntaba papel alguno (el paquete estaba en el suelo porque no cabía) y del de la mayoría de los demás vecinos tampoco. Hablamos de un edificio donde podría haber aproximadamente medio centenar o más de suscriptores entre un periódico u otro.

Bueno, pues a día de hoy, de los tres diarios uno acaba de cerrar definitivamente su edición impresa esta semana dejando en la calle a otro chorreón de empleados, entre personal de redacción y de imprenta. Otro de esos diarios está desde hace algunos años que si cierra o no cierra, reduciendo a la mínima expresión su presencia física y su equipo humano. Y sólo el tercero parece que aún tiene fuelle para seguir imprimiendo, aunque sea a costa de mal tener una plantilla que en muchos casos se ha construido con los despojos de las constantes reducciones de personal de los que otrora fueran grandes emporios de la comunicación con trayectorias más que centenarias. La edición en papel, como vaticinábamos hace tiempo, pasó a mejor vida. Y la edición digital corre riesgo de morir por la falta de rigor de los lectores e incluso de los editores, de lo que también hablamos en su día aquí

El papel víctima de un ataque digital

Y ahora volvemos a la actualidad para referirnos a uno al que hace tiempo, con harto dolor de mi corazón, le vengo preparando la necrológica. Lo paradógico es que haya sido un ataque digital el que, momentáneamente, ha impedido su edición física estos días. El Diario Palentino, y con él algunos periódicos del Grupo Promecal, veía esta Semana Santa cómo tenía que salvar los muebles a base de edición digital. El problema es que, una vez resuelto el problema, muchos se darán cuenta de que tampoco se le ha echado tanto de menos y con ello deje de salir a la calle definitivamente el decano de la prensa palentina en el que he tenido el orgullo de formarme hace 20 años. Una lástima que algunos no vieran que seguir usando las mismas fórmulas comerciales y editoriales de dos décadas atrás puede no ser la mejor forma de preservar un medio en un momento tan dinámico como el que vivimos.

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lunes, 22 de febrero de 2016

¿Por qué un periódico digital no puede sustituir al de papel?


El periódico británico The Independent anunciaba la semana pasada su próxima transición definitiva del papel al digital. Uno más en todo el mundo o, como se enorgullecían destacando en titulares, el primero de Inglaterra, para tristeza de una legión de fieles seguidores que, inmediatamente, se manifestaba respecto a esta noticia como tradicionalmente se ha venido haciendo durante siglos: Con una carta al director

No me cansaré de decir que la pérdida, sentimentalmente, es muy grande. Enorme. Y que los beneficios para la empresa también. Para la profesión, tengo contrastadas opiniones sobre beneficios y perjuicios. Máxime por la forma de llevar a cabo esa transción por parte de las empresas y que generalmente han ido en detrimento de la calidad (que no de la cantidad) de la información. 


Porque transiciones traumáticas en el periodismo ya hubo otras, como cuando la informática simplificó al máximo el proceso de impresión, antes casi una obra de arte que empleaba a decenas de funcionarios en cada tirada y que hoy en día se resuelve con un esfuerzo minimizado, tal vez más de la cuenta. Y si no, que le pregunten a la figura del corrector, que se perdió inconvenientemente por ese camino. Afortunadamente buena parte de aquellos esforzados trabajadores de la rotativa pasaron del trabajo manual al informático. Como mis amigos Lauren y Sátur, instituciones vivas del periodismo palentino y, como ellos mismos reconocen entre bromas pero no sin un toque de realidad, verdaderos artífices del periódico donde generosamente aún dejan espacios para ser rellenados por redactores y fotógrafos.

A la derecha, Lauren Merino, creando la edición diaria del Palentino, dejando los pertinentes huecos para que después fotógrafos y redactores los rellenen convenientemente.
Pero volviendo a la pregunta del título, ¿por qué el digital nunca podrá sustituir al papel? Uno de los lectores del Independent, apicultor del condado de Dorset, lo deja claro con una pregunta concisa:



¿Cómo voy a encender un fuego
o juntar dos colonias de abejas
con una aplicación móvil?

Pues eso. Así de claro lo deja también un fabricante de pape higiénico con este vídeo:



Cada uno que saque sus propias conclusisones y, si quiere,
que abra el debate.

lunes, 8 de febrero de 2016

Líneas entre rejas: del poeta y el personaje encerrados al autor exiliado y el preso inspirado

               "¡Ay mísero de mí! ¡Y ay infelice!
                    Apurar, cielos, pretendo
                    ya que me tratáis así,
                    qué delito cometí
                    contra vosotros naciendo;
                    aunque si nací, ya entiendo
                    qué delito he cometido.
                    Bastante causa ha tenido
                    vuestra justicia y rigor;
                    pues el delito mayor
                    del hombre es haber nacido.

                    ¿Qué ley, justicia o razón
                    negar a los hombres sabe
                    privilegio tan süave,
                    excepción tan principal,
                    que Dios le ha dado a un cristal,
                    a un pez, a un bruto y a un ave?"

Con el comienzo del desgarrador monólogo de presentación del príncipe Segismundo en La Vida Es Sueño, del gran Calderón, arranco esta reflexión que venía hace tiempo pergeñando. Todo a raiz de leer un día la historia de Luiz Alberto Mendes, escritor que no se siente tal a pesar de vivir de los libros que ha escrito, educador convicto después de conocer los terrores a los que lleva el analfabetismo y la estupidez innata y, hablando de convicto, ex presidiario brasileño que aprendió a escribir y pensar entre rejas.


No podía dejar pasar las reseñas cinematográficas,
aunque sea a rebufo del calendario del Taco.
Y es que la falta de libertad y la literatura vienen de la mano desde tiempos inmemoriales. De una manera o de otra, ya sea la inspiración a la sombra como trasfondo de lo escrito o como fuente de ideas, así a bote pronto, me vienen a la cabeza, además de las palabras del pobre Segismundo, el eco de las Nanas de la Cebolla resonando entre los ladrillos de la Cárcel Vieja de Palencia o la de Alicante, las pequeñas alegrías y grandes planos de Edmundo Dantés y su amigo el Abate Faría, los versos afilados de Quevedo o las reflexiones siempre constructivas de Salvador de Madariaga.

En este caso, Mendes no tiene la fama de un Miguel Hernández (ni su trágico final), ni está reconstruyendo su vida post injusta reclusión al estilo de Jean Valjean. ¿El tipo mereció pasarse más de media vida en la cárcel? Él mismo no se corta y lo confiesa: sí. Y las varias veces que volvió, también. Pero sólo por el mérito que tiene por cómo se ha resuelto la vejez, teniendo en cuenta el funcionamiento del sistema penitenciario brasileño, merece todos los homenajes. Para quien no sepa un poco cómo funcionan las cárceles brasileñas, un ejemplo: Al Malamadre de Celda 211, o se lo comen con patatas entre los carceleros y los presos de cualquier presidio de mala muerte de por aquellas tierras, o lo ponen de asesor del secretario de vete tú a saber qué de la Comisión de Derechos Humanos y Libertades del Congreso. O acaba con la cabeza en una pica porque a uno de sus compañeros de jaula se le atravesó la última neurona con el pegamento que estaba esnifando. Olviden esas cárceles modelo con canchas de squash, rica programación cultural la semana de La Merced y triangulares de futbito con equipos de fuera. Allí el preso común sobrevive a machetazos o pasando desapercibido.

Sirva de referencia para conocer un poco más al respecto la obra del afamado médico y comunicador Drauzio Varela, Estación Carandiru, en el que relata sus experiencias propfesionales en uno de los conjuntos penales más conflictivos del mundo.

Panoplia habitual de las redadas llevadas a cabo en los
presidios de 'mi tierra'. En el vídeo de abajo, Errol Flynn
y Stewart Granger en un duelo de florete al amanecer.
Lo dicho. En un país con una población reclusa de más de medio millón de personas hacinadas en chiqueros desde los que siguen delinquindo sin cortapisas y donde se mata y se muere como si no hubiese guardas alrededor; un país que se preocupa más en discutir si incrementa o no ese porcentaje poblacional con los criminales a partir de 16 años y donde todo se dirime entre los defensores de los derechos humanos y los partidarios de enterrar a la gentuza; donde posiblemente se gaste más en armar a los policías que en educar con calidad a los ciudadanos; en ese marco, digo, llega un tipo que tambén mató y robó, que se tiró mas de media vida en ese ambiente tan apropiado y, contra todo pronóstico, consigue estudiar. Primero se alfabetiza, se saca el graduado, se titula en Derecho por correo, se vuelca en la alfabetización de sus comparsas y empieza a escribir libros. ¿El título del primero? Memorias de un Superviviente. Hace dos meses cerraba, 24 años después, la trilogía de su vida con Confesiones de un hombre libre.



Como decía al principio, muchos de los más preclaros autores de la literatura universal pasaron por el exilio o por la cárcel, experiencia que fue determinante para su obra. Como primer ejemplo, Cervantes, claro, que ya fue prisionero del turco en Argel y del católico en Sevilla, siendo aquí por lo que parece, donde embrionó el caballero Alonso Quijano. Otro ejemplo fresco (porque aún sigo ahí, disfrutando de su lectura) es el de Los Miserables de Victor Hugo, todo un tratado de sociología, historia, psicología, criminología, ética y filosofía donde se ve que las horas de reflexión del vibrante diputado y reputado escritor fueron bien aprovechadas durante el tedioso exilio en Jersey, cayendo
Sin tele y sin cerveza, Cervantes le da vueltas
a algo en la cabeza. (Vicente Barneto y Vázquez)
sobre el papel muchos de aquellos pensamientos madurados al fresco insular. Y qué decir de aquel gran maestro de la psique y de las fobias humanas, Dostoievski que, como otros tantos millones de rusos, supo lo que era pasar por lo más cruel de la reclusión. ¡Oh, Siberia bendita!

El siglo XX dio una infinidad de escritores hispanoparlantes lanzando desde la distancia forzada sus lágrimas, sus puñales y sus pensamientos contra la patria añorada. Entre los intelectuales españoles que la Guerra Civil esparció por el mundo (y los que no pudieron salir a tiempo y acabaron con sus huesos entre rejas, si no algo peor) y los autores sudamericanos a los que sus diferencias políticas convirtieron en personas 'non gratas' acabaron por crear una especie de Generación Desarraigada. 


Sin embargo, todos ellos eran ya escritores más o menos consagrados a los que la privación de su libertad dio aquel poso de reflexión, aquella mira profunda sobre el alma y la miseria humana. Banalizando: esa experiencia puso la guinda al pastel de su obra. En el caso de Luiz Alberto Mendes la cárcel no es el ingrediente determinante, esa hornada final. En el caso del brasileño, el calabozo, las privaciones extremas, el peligro, la miseria, la injusticia, son un todo para la formación de la persona, no sólo de la obra. Se convierte, a golpe de letras, en un guerrillero de la cultura. Lo que el sistema no garantiza (ni de lejos), él se propone asimilarlo y espacirlo a su alrededor. Demostrar que realmente existe redención en el sistema, a pesar del sistema. 


A la derecha, Luiz Alberto Mendes en alguna
presentación de su libro (Fuente: Facebook)
La redención a través de la palabra tiene, en este caso, un sentido mil veces más profundo y cierto que el de famosas Biblias carcelarias como la de Andy Dufresne o Frank Morris. Luiz Alberto, que nació analfabeto como Miguel Hernández, se consagra también a aquellos que, como él, por su condición ni soñarían en llegar algún día a otra vida que no fuese la que le marca la sociedad, ofreciendo su ejemplo personal como principal prueba de que se puede ser algo más que un simple pastor, más que un vagabundo, aunque todo se empeñe en demostrar lo contrario. Como último paralelismo, la cárcel que fue para ambos un capítulo fundamental: Para el criminal paulista, nudo vital. Para el poeta de Orihuela, trágico desenlace.

                    Tu risa me hace libre,
                    me pone alas.
                    Soledades me quita,
                    cárcel me arranca.
                    Boca que vuela,
                    corazón que en tus labios
                    relampaguea.

lunes, 18 de enero de 2016

El digital contra el papel. Un encuentro generacional

Star Wars o La Princesa Prometida? Íñigo Montoya contra Darth Vader. El kindle contra el libro.
Como ilustrador a lo mejor acabo siendo un buen escritor. No todos los encuentros generacionales
tienen por qué ser un camino de rosas. La coexistencia pacífica es cuestión de paciencia y entendimiento.

Me confieso: Si por mí fuese, el papel no moriría nunca. Como leí recientemente de alguna instabloguera de moda (no, no es que hable de moda, si no de libros, y con una lista de seguidores 'in crescendo' bien abultada, oh envidia), yo también soy de los que a veces temen que la proliferación de material digital acabe con la producción en papel y que las librerías desaparezcan como lo hicieron las tiendas de discos después del advenimiento de los mp3. En Palencia no olvidamos la peculiar transformación en cafetería de Debla y Discocenter -acabo de entrar en el enlace y da pena del pobre Alejandro Sanz, con todo lo que fue y que ahora no dé ni para llenar un bus de fans-, como los dos casos menos traumáticos de la extinción de las tiendas de música. 

Como periodista aún llegué a mamar la profesión manchándome las manos de tinta entre hoja y hoja y, sin embargo, hoy soy consumidor diario de entre tres y cinco periódicos en su edición digital, asistiendo también impotente desde el burladero a la desnutrición crónica que sufren las redacciones. Y me duele, porque veo que los intereses comerciales cada vez están más lejos -y se encargan de alejar al público- de aquella obra de arte del cotidiano de la industria impresa que, digámoslo claro, es más difícil de mantener que una web. 

En fin, luego vuelvo a pensar que son dos cosas engañosamente similares y por lo tanto, diametralmente distintas. El papel encuadernado no puede morir por el mero hecho de que a lo largo de los siglos se ha convertido en soporte duradero de la sabiduría universal, además de en objeto de culto cuyo gesto inicial, separando las dos manos excéntricamente, cada una soportando una tapa y su acompañamiento de páginas, es algo más que un ritual, una ceremonia. Por el contrario, el papel reciclado de uso y desecho diario vive de la inmediatez y, excepto en las hemerotecas de "se ve pero no se toca" -que para eso se inventó el microfilmado en su día- o forrando escaparates de comercios desafortunados, su destino no es precisamente el de prevalecer. 

Pero volviendo al tema, que me vuelvo a perder en historias: Como digo (y no me contradigo), hoy en día toda esa sabiduría está en la red al alcance de todos. Al hilo de la entrada que compartía recientemente, revolviendo en mis hemerotecas, sobre cómo hasta hace bien poco el acceso a incunables y grandes óperas primas estaba vedado sólo a estudiosos, hoy las cosas han cambiado. Y mucho. Y es precisamente el soporte etéreo, intangible, el que nos abre infinitas posibilidades alrededor también del papel.

Digital y papel están condenados a entenderse y coexistir como dos realidades paralelas. Y punto. Sirva para ilustrar esa coexistencia este ejemplo: Quien quiera consultar los clásicos, quien quiera beber de mil fuentes, devorar la historia de la literatura, la filosofía, el teatro, la poesía... ahí la tiene a su disposición casi entera (ver La literatura universal al alcance de todos). Y el que quiera saborear una buena cratera de Homero, degustar en Cervantes la intensidad de un buen queso curado, dejarse acariciar por un Garclilaso... En resumen: tener una experiencia sensorial completa, entonces ahí sí recomiendo desenpolvar la biblioteca.


Imagina la desesperación un día al querer acceder a algún contenido
de tu interés y ya no tener tecnología con la que lograr tu objetivo.
Ya pasó con el vídeo, pero nunca con un libro. Espero.
Para finalizar, permíteme una reflexión: H.G. Wells fue un visionario. Y como tal, sueños y pesadillas pueblan su imaginario. Como visiones de futuro le agradecemos, en La Máquina del Tiempo, la profecía del disco duro que eran aquellos aros giratorios donde, en el futuro, se condesaría todo el conocimiento de la humanidad. Como pesadilla, una escena me sigue impactando más que la de Charlton Heston postrado frente a los restos de la Estatua de la Libertad: aquella en la que Rod Taylor se desespera cuando un tomo de vete tú a saber qué se desintegra entre sus dedos y de un furioso manotazo convierte en polvo una estantería entera. Eso y pensar que en el futuro pueda no haber una tecnología capaz de soportar aquellos aros de conocimiento (o simple corriente eléctrica para hacerla funcionar) da repelús en la espalda. 

miércoles, 13 de enero de 2016

La literatura universal al alcance de todos. En el bolso de todos



Podría sentenciar: Hoy quien no lee es porque no quiere, y quedarme más ancho que largo con el posible juicio de valores que pueda desprenderse de todo esto. Pero voy a intentar ser justo. Ése es un hecho que no tiene por que avergonzar a nadie. Es más, existe una especie de competencia que no podríamos llamar desleal y para la que uno de los pasatiempos más antiguo de la humanidad -criticar al vecino y chutar piedras aparte- está sabiendo adaptarse perfectamente desde los inicios. Contra el aluvión de programación televisiva, videojuegos, mensajes de Whatsapp, actualizaciones de estado en Facebook y vídeos de gatitos en Youtube, ¡el PDF!


Un poco de Historia.
Antes de entrar en materia me gustaría hacer una pequeña introducción. Pero como no quiero ser pesado, el que quiera puede seguir leyendo lo interesante a continuación, y el que tenga un poco más de tiempo, dedicar cinco minutos a ampliar sus conocimientos >>aquí<< con hechos tan ciertos como la invención del cañón de transporte interplanetario. 



Y sí, eso del PDF es una licencia que me tomo por acortar en tres letras todo lo referido a libros digitales, formatos de almacenamiento de texto y otros soportes por el estilo. Entonces, entrando en materia, se puede decir que la evolución del libro nos ha llevado a los días de hoy donde la tele, la tableta y el teléfono, lejos de convertirse en rivales, son -o pueden ser- herramientas aliadas de la lectura. De repente tenemos a nuestra disposición el acervo enterito de las principales bibliotecas del mundo, los grandes clásicos de los autores más relevantes de la humanidad, la prensa internacional de todo el mundo. Y todo ello en un palmo (o un poco más) de espacio.

Otra ventaja intangible es la de las referencias. Eso de poder contar en ese mismo espacio con todos los diccionarios necesarios, enciclopedia y otras fuentes de consulta como mapas y guías de arte, la libreta para sustituir glosas y anotaciones adjuntas... Eso no tiene precio. Y sí, aunque vaya a ser siempre fiel al papel, la poligamia entró fuerte en casa con la llegada el año pasado de nuestro primer Kindle. 


Parafraseando a Marcus Brody, "la pluma es más poderosa que la espada", Neo y Trinity buscan qué leer este finde. Pues así está internet esperando a que lleguemos.
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Los contras

Está claro que todo avance puede venir con su letra pequeña, con su retroceso. Un beneficio como es disponer el patrimonio intelectual para el bien universal, ya sea a cambio de un valor mínimo o incluso sin precio, sí tiene su precio, su perjuicio. En primer lugar, para los autores contemporáneos que ven cómo se globaliza la piratería de su obra. Lo que antes por lo menos costaba horas delante de la fotocopiadora para cada ejempliar fraudulento, ahora puede estar en cuestión de segundos distribuido por todo el mundo. O incluso sin ser pirateado. Con la eterna excusa de llegar fácilmente a más público, el autor se resigna a ceder, a cambio de nada, el fruto de su trabajo. "Quién sabe si eso no será la llave que me abra la puerta de la fama", suele pensar el iluso mientras casi detona su propiedad intelectual.

Para eso existe por lo menos la honrada intención de poner a disposición sólo los libros clásicos cuyos autores ya hayan pasado a la inmortalidad honorífica (o simplemente han muerto hace más de setenta años). Y claro, los libros de todo autor que quiera facilitar su obra. Todo ello para evitar lucros injustificados y realmente poner a disposición de todos esa obra, protegiendo con ello los otros lanzamientos y obras actuales 'de pago' que de verdad merezcan el interés real del públco. Ahora cabe a las editoriales intentar convencer al respetable de que una edición pagada merece más la pena. Incluso en papel. ¿Cómo? Con calidad.

Y es que muchas veces el trabajo altruista de algunos colectivos dedicados a expandir el conocimiento por la red, no cuenta con los medios necesarios para esa divulgación, lo que se traduce en textos con incorrecciones de todos los niveles, una presentación poco vistosa y, en ocasiones, malamente legible. Pero bueno, ahí se puede dar una de pescador en la apertura de la veda. ¿Que la primera captura fue decepcionante? Suéltala, que el río está lleno de peces y alguno de los gordos picará en su lugar.

Algunas bibliotecas virtuales

Pero como no queremos perder la oportunidad de ejercer un servicio público, vaya aquí una propuesta con algunas fuentes con las que llenar el estante de nuestra biblioteca virtual y, claro está, las baldas de nuestro cerebro. Existen docenas, cientos, miles de listas con referencias, nosotros no seremos menos, así que allá van unas cuantas: 

     Dominio Público (español)
     El material bibliográfico con los derechos de autor liberados es casi intangible. Existen algunas webs de tipo solidario y colaborativo que se dedican a recoger ese patrimoniocomo una especie de biblioteca a lo Matrix en la que perderse a voluntad. La representante española es Dominio Público (el nombre ya lo dice todo) y aunque la web parece un eterno producto BETA, sus fondos y colaboraciones son de destacar.

     Domínio Público (portugués)
     Lo mismo, pero de carácter público (sustentado por la web institucional del Gobierno de Brasil), ofrece un importante acervo tanto literario como audiovisual. Muy recomendable para conocer la riquísima cultura brasileña.

     Galaxia Gutemberg 
     Por prestigio, historia y fondos documentales, es la principal estantería de literatura gratis de internet. El buscador es medio malo, y encontrar libros en español casi imposible (algunos clásicos de Bécquer, Alarcón o Pérez Galdós), pero merece mucho la pena perderse por algunos de los ejemplares que ofrece.

     Biblioteca Nacional de España
     Cada país tiene su Biblioteca Nacional con una cada vez mayor disponibilidad  de su extensísimo patrimonio para el público general. Ésas y otras iniciativas tienen hoy su reflejo virtual como la BNE, donde encuentras de todo; ¡de-to-do! para descargar: Mapas, sonidos, fotos, ex-libris, libros interactivos, rarísimas primeras ediciones... Sólo hay que tener paciencia en el dédalo de idas y venias, registros e identificaciones. Y si no te conformas con el soporte digital, por un 'módico precio' te hacen la copia en papel. Merece la pena echar un vistazo.

      En honor a mis vecinos, no puedo dejar por fuera la Biblioteca Nacional de Brasil, que a través de una elegante web abre también las puertas de la centenaria institución, orgullo del país, que fue alimentada en sus orígenes por por el patrimonio de la Biblioteca Real de Portugal, medio olvidada en el puerto de Lisboa y después felizmente reunida en Río de Janeiro cuando la corte lusitana salió por patas rumbo al exilio antes de caer en manos de Napoleón.

     Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
     Con una extensísima colección de clásicos de la literatura en castellano y un acervo de obras hispanoamericanas, catalanas y gallegas digna de mención, es de las más descargadas para Kindle y otros aparatos de lectura.


     Biblioteca Virtual Universal
     Desde Argentina nos llega también este catálogo pensado para la divulgación literaria en rincones menos accesibles, como áreas rurales y de montaña. Ofrece un extenso patrimonio, con destaque para el contenido infantil, juvenil y universitario.

Otras referencias de interés

     *Sin salir de Argentina, merece la pena echar un vistazo a este enlace de nombre tan sugerente como Libros Gratis. En él se ofrece (con un aspecto bien feo, todo hay que decirlo) una importante selección de obras y textos, aunque sea para lectura o consulta on line.

     *El blog Alejandría Digital hace honor a su nombre y ofrece una interesante variedad de libros de dominio público, con especialidad en el contenido filosófico. 

     *Este enlace lleva a una recopilación que me pasaro un día con cinco libros sobre las principales mitologías conocidas: la griega, la celta, la nórdica, la sumeria y la japonesa. Me picó la curiosidad y por si acaso yo ya me los descargué hace tiempo. Ahora ahí están, en mi humilde lista de espera, junto a otros tropecientosmil. Pero ahí están, sin duda. 

     Amazon. Tampoco puedo obviar el mayor servicio de distribución de libros digitales, incluidos también algunos títulos de dominio público, entre cuyos servicios existe una amplia gama de trabajos de autores de esos que esperemos algún día alcancen su objetivo de ver su obra reconocida como merecen.

    *Para más referencias, también en portugués, aquí hay otra relación, realizada por la revista Galileu, de sitios donde podrás descargarte libros sin problremas, aunque alguno de ellos ya lo hayamos visto por aquí encima. 

    *Y su réplica en inglés, aquí

***
En fin, que podría no acabar nunca esta enumeración, porque cuanto más busco, más encuentro. Así que para más detalles, si aún no has encontrado lo que buscas, no descartes Google, porque siempre hay material disponible en webs que nunca pensarías que tienen lo que tienen y que, de repente, es justo lo que andabas buscando. Y quien prefiera seguir viendo vídeos de gatitos y fisgar todos los movimientos posturísticos de sus amigos en las redes sociales en vez de leer un libro, unos apuntes o un periódico, pues para eso están los colores.