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domingo, 18 de diciembre de 2022

Agualusa: un escritor que se fía de sus personajes

 Hay que tener mucha confianza en tus personajes para que sean ellos los que lleven todo el peso de tu relato. 

Ésa es la conclusión a la que llegué después de cerrar las páginas de Os vivos e os outros, de José Eduardo Agualusa. Un autor angoleño de quien, por cierto, aunque conocido en los círculos literariamente más selectos, en España veo que se vende poco (por ejemplo de este libro acabo de mirar en internet y sólo he encontrado edición en Argentina). Lo que se están perdiendo las editoriales. Ellas sabrán...

Hecho este aparte crítico, he de confesar que ni recuerdo por qué teníamos fijación desde hace tiempo con este escritor hasta que un día nos hicimos con nuestros dos primeros ejemplares de su obra. Los primeros de una colección que va a seguir creciendo más que merecidamente a medida que siga escribiendo. 

¿Pero por qué Os vivos e os outros?

El caso es que me decidí por este primero para abrir boca con Agualusa casi por casualidad más que por la trama: Un encuentro de escritores africanos en la isla de Mozambique. ¿Por qué no? Y resulta que al final no es el autor quien cuenta la historia que se desarrolla durante una semana en este apacible rincón del continente negro, sino los personajes que van pasando a lo largo de sus páginas. ¡Qué cara más dura del que firma el ejemplar, así cualquiera! Él lo único que hace es ir transcribiendo lo que los otros van contando y acabar hilando un tomo hasta que pasan los días y los hechos.

Claro, que si es él mismo quien ha creado a Daniel Benchimol y a Moira, a Uli Lima Levy, Ofélia Eastermann, Luzia Valente, Cornelia Olokoum, Jude D´Souza, Júlio Zivane... y Pedro N´zagi, el mérito es multiplicado porque es como el escultor que talla las esculturas y, con lo bien que le van quedando, deja que sean éstas según les va dando forma las que decidan en qué posición y postura van a quedar en el conjunto escultórico.

Cada uno con un origen, una forma de ser y de escribir, de pensar, de reaccionar junto a los otros o por separado, en situaciones tan extremas como la ausencia de internet, teléfono, televisión y WhatsApp a lo largo de varios días en una isla, aislada ésta del resto del mundo a causa de una extraña tormenta y de las supersticiones de la gente... Una arquitectura meticulosa que vamos conociendo a lo largo del relato, de lo que pasan, piensan y dicen cada uno de ellos, personas independientes que conforman un relato final sorprendentemente creíble. Tanto que en las notas finales el autor se ve obligado a puntualizar que cualquier coincidencia de sus personajes con la realidad puede ser eso: pura coincidencia.

Puente que une la isla de Mozambique con el continente.

A fin de cuentas, lo dice uno de ellos: "No hay nada como la vida para urdir buenas historias". Y te lo crees

Así que por si acaso vuelvo a buscar en internet, no sea que me encuentre con la biografía de N´zagi, Valente, Lima Levy o Benchimol en Wikipedia y ya tenga con qué criticar a Agualusa. Pero sólo encuentro referencias en Google de Daniel Benchimol... Por pura coincidencia, unas, y otras porque a lo largo de varios libros de su autor con este protagonista, es como un Hércules Poirot: se hace de la casa.

El resto es, como digo, unir la forma de ser de los personajes, disfrutar el delicioso entretenimiento de la lectura de Agualusa y reflexionar con sus personajes -si quieres- sobre el mundo y la vida en general, y sobre la literatura africana en particular.

Porque, ya puestos:

¿Qué significa literatura africana? ¿Crear escritos sobre animales salvajes, supersticiones, viajes por paisajes exóticos y sorprendentes, relatos contra la miseria y el estereotipo de la bonhomía extranjera... O dejar al autor de turno "salir de la senzala y pasearse por el mundo como cualquier otro" (...) más preocupado "en ser escritor que en parecer africano"? 

Sea como sea, como dice el personaje Zivane -o Agualusa a través de él-, "existen muchas realidades en África y en algunas hay leones, hechiceros y niños danzando alrededor de las hogueras". En su caso es un escritor que quiere escribir sobre esto, "no para agradar a los blancos, aunque si a los blancos les gustan mis leones, tanto mejor". Y punto.

En cualquier caso, y sigo parafraseando a esos intelectuales que concentra Agualusa en su particular isla encuadernada, pienso en escritores que escriben siempre "como si todo se fuese a acabar (...) para que no se acabe"; o en que ser poeta "no es oficio, sino condición"; o en esos otros que son como el constructor de puentes que se dejó conquistar por la arrogancia y comenzó a construir puentes "por vanidad, como uno de esos escritores que escribe no para ver mejor, sino para ser mejor visto". Y en la contradicción del término realidad virtual y cómo pasamos más tiempo sumergidos en ella, privados de realidad. Algo semejante, sin embargo "a pasar diez horas seguidas concentrados en la lectura de una buena novela (...) en el momento que dejamos el libro y nos levantamos, el mundo alrededor nos parece falso, incoherente y poco sólido".

Pues eso. Que lo lees y luego me lo cuentas.


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martes, 5 de marzo de 2019

Cambiando impresiones con el autor de tu última lectura... ¡y todos tan amigos! (creo)


No todos los días tienes a tu disposición al escritor del último libro que acabas de leerte para hablar sobre su obra. Igual que no siempre el autor tiene la oportunidad de ser entrevistado sinceramente por alguien que de verdad ha leído su libro. El caso es que gracias a nuestra sección en el espacio radiofónico Viva Palencia Viva (el audio aquí al lado) hemos tenido esa oportunidad -el autor y yo- y personalmente, creo que ha sido una experiencia realmente constructiva.

Os pongo en antecedentes: Por si aún no lo sabéis El Estante Combado tiene su propio espacio en el programa Viva Palencia Viva de Acup Radio (no dejes de pinchar en los enlaces que estoy poniendo). La cosa va de hablar de libros, de autores y de librerías... pero con foco en Palencia, claro. Y en el último programa vino a hablar con nosotros Jesús Vilamuza Merinero, autor nobel que se presenta con Hijo de Enoc. Acababa de leérmelo y tenía ganas de entrevistarlo para confirmar algunos puntos de un libro que, para ser sinceros, no me ha gustado mucho -apaguen las alarmas y no se altere nadie que sobre esto también hablamos.

La entrevista fluyó fácilmente por unos cauces muy sinceros y agradables, y, sin pecar de inmodestia, me confirmó que había acertado en casi todas -si no en todas- las conclusiones a las que me había llevado la lectura. El libro es un brote. Bajo mi punto de vista, le falta madurez pero le sobra energía. Me pareció la estructuración más o menos acertada de una serie de descargas literarias adolescentes. El autor tampoco lo esconde cuando en el libro, su personaje de vez en cuando dice que se va a escribir en los momentos en los que se ralla o se siente inspirado. Es una obra sumamente autobiográfica.

No estoy dogmatizando, estoy dando mi punto de vista, mi opinión. Y así mismo se lo hice saber ya fuera de los micros a Jesús cuando me preguntó, entusiasmado, si me había gustado el libro. A veces soy un poco brusco y, por la cara de susto que se le quedó -a él y a Naide, que aun conociéndome todo lo que me conoce, todavía le pillan con el pie cambiado mis salidas frontales-, ésta fue una de esas veces. Luego ya expliqué con perspectiva mi respuesta inicial: No me considero público para esa obra, igual que tampoco me doy a las lecturas filosóficas o a las excesivamente sentimentales, por ejemplo. Hay autores que levantan pasiones en ambos sentidos, y libros con públicos muy definidos. Ahora, una cosa que quede clara: Pienso leerme el próximo libro de este chaval porque, como he dicho antes, Hijo de Enoc es un brote y creo que hay mucho potencial tras la madurez que aporta esta primera aventura editorial.



Tampoco voy a ir de cojonudo pero, sinceramente, creo que una opìnión franca -tal vez menos brusca, si eso- como la que le espeté a Jesús Villamuza puede ayudar más que mil palmeros alabándole. Jesús es un tipo disciplinado, reflexivo y, principalmente, resolutivo, y sé que él mismo, en cuanto su libro estaba aún pasando por las rotativas, ya ha alcanzado un nivel literario muy por encima del que tenía cuando acabó de escribirlo.

En fin, que no quiero darle más vueltas al asunto. Aquí os dejo mi breve análisis -sin revelaciones o mal llamados spoilers- del libro. Juzgadlo vosotros mismos: A lo largo de la historia se aprecia una especie de evolución, de maduración estilística, desde un tipo de existencialismo adolescente con muchas dosis de autoexamen y descarga mental, pasando por una novela negra con tintes satánicos y llegando a un desenlace de ciencia ficción entre revolucionario y casi apocalíptico.

¿Os ha gustado? Pues creedme que lo que viene a partir de ahora os va a encantar.


domingo, 2 de abril de 2017

Bob Dylan y el ridículo consumado en Estocolmo

La entrega del premio acabó siendo donde y como el señor premiado quiso. Vamos, que sólo hubiese sido mas humillante para la comisión entregadora si el ilustre reconocido les hubiese recibido de calzoncillos y batín en el rellano de su casa. Y todavía está por confirmar si los miembros de la Academia Sueca pagaron entrada para el concierto de Bob Dylan o por lo menos les fraquearon el paso sin mayor inconveniente hasta el camerino del artista, junto con algún que otro fan vip.

Soy totalmente a favor de reconocer el valor literario de las letras musicales. No en vano, la estructura poética habitual (verso, prosa, rima y métrica) se enriquece en este caso con la composición melódica, combinando ambos elementos en armonía para dar como fruto auténticos himnos que han marcado la historia de la segunda mitad del siglo pasado. Porque te puede gustar más o menos Bob Dylan, pero que su arte va más allá de su tono anasalado y su voz cansina, eso sin duda. En mi caso, desde el mismo día en que leí su nombre en la lista de favoritos para el Nobel, me puse a reescuchar sus músicas y me reafirmé en mi posición: de Dylan las canciones que más me gustan son precisamente las que no canta él y que a lo largo del tiempo fui descubriendo que eran suyas. Así que sí: la (buena) música es poesía, es literatura. Y punto.

Pero de ahí a que este personaje, no sabemos con qué justificativas revolucionarias, protestantes o lo que sea, lleve meses humillando a quien le quiere reconocer su trayectoria, pues tampoco es de recibo. Tal vez no le gustase contar entre sus antecesores con Gunter Grass, Modiano o ese tal de Trans... Transtor... Transformer... Transistor... Bueno, como se diga. O tal vez sea una muestra de su indignación por otros dudosos merecimientos como los premios de la Paz concedidos a entidades o personajes como la UE, la ONU, Al Gore, Obama y Carter, Yaser Arafat... No me meto en la incontestabilidad de los reconocimientos en el campo de las Ciencias, la Medicina o la Economia, que al menos suelen ser menos polémicos y yo tampoco soy muy ducho ni estoy muy documentado sobre esas materias. Creo que si existe algún tipo de desacuerdo o incómodo con la recepcion de este galardón y los 900.000 dólares que lo acompañan, lo más elegante sería acudir y manifestarlo abiertamente, o rechazarlo educadamente, o montar un pollo llamativo y abiertamente reivindicativo como el de Marlon Brando con los Oscars. Visto lo visto, me muero de ganas por leer el inexcusable discurso de agradecimiento que Dylan haya escrito. Porque ni ese punto del protocolo sabemos si se lo ha pasado por el forro o no, o si lo quiere dejar también en la intimidad porque estará escrito en catalán.

Pero bueno, que al menos podremos sacar una lectura positiva de todo esto y es que, tal vez con este sonado ridículo, la tan denostada academia sueca se lo piense mejor en años venideros a la hora de conceder sus premios con más visión publicitaria que meritoria.

...

Y de bonus tracks, algunas músicas de Dylan agradecidamente interpretadas por los demás.







lunes, 8 de febrero de 2016

Líneas entre rejas: del poeta y el personaje encerrados al autor exiliado y el preso inspirado

               "¡Ay mísero de mí! ¡Y ay infelice!
                    Apurar, cielos, pretendo
                    ya que me tratáis así,
                    qué delito cometí
                    contra vosotros naciendo;
                    aunque si nací, ya entiendo
                    qué delito he cometido.
                    Bastante causa ha tenido
                    vuestra justicia y rigor;
                    pues el delito mayor
                    del hombre es haber nacido.

                    ¿Qué ley, justicia o razón
                    negar a los hombres sabe
                    privilegio tan süave,
                    excepción tan principal,
                    que Dios le ha dado a un cristal,
                    a un pez, a un bruto y a un ave?"

Con el comienzo del desgarrador monólogo de presentación del príncipe Segismundo en La Vida Es Sueño, del gran Calderón, arranco esta reflexión que venía hace tiempo pergeñando. Todo a raiz de leer un día la historia de Luiz Alberto Mendes, escritor que no se siente tal a pesar de vivir de los libros que ha escrito, educador convicto después de conocer los terrores a los que lleva el analfabetismo y la estupidez innata y, hablando de convicto, ex presidiario brasileño que aprendió a escribir y pensar entre rejas.


No podía dejar pasar las reseñas cinematográficas,
aunque sea a rebufo del calendario del Taco.
Y es que la falta de libertad y la literatura vienen de la mano desde tiempos inmemoriales. De una manera o de otra, ya sea la inspiración a la sombra como trasfondo de lo escrito o como fuente de ideas, así a bote pronto, me vienen a la cabeza, además de las palabras del pobre Segismundo, el eco de las Nanas de la Cebolla resonando entre los ladrillos de la Cárcel Vieja de Palencia o la de Alicante, las pequeñas alegrías y grandes planos de Edmundo Dantés y su amigo el Abate Faría, los versos afilados de Quevedo o las reflexiones siempre constructivas de Salvador de Madariaga.

En este caso, Mendes no tiene la fama de un Miguel Hernández (ni su trágico final), ni está reconstruyendo su vida post injusta reclusión al estilo de Jean Valjean. ¿El tipo mereció pasarse más de media vida en la cárcel? Él mismo no se corta y lo confiesa: sí. Y las varias veces que volvió, también. Pero sólo por el mérito que tiene por cómo se ha resuelto la vejez, teniendo en cuenta el funcionamiento del sistema penitenciario brasileño, merece todos los homenajes. Para quien no sepa un poco cómo funcionan las cárceles brasileñas, un ejemplo: Al Malamadre de Celda 211, o se lo comen con patatas entre los carceleros y los presos de cualquier presidio de mala muerte de por aquellas tierras, o lo ponen de asesor del secretario de vete tú a saber qué de la Comisión de Derechos Humanos y Libertades del Congreso. O acaba con la cabeza en una pica porque a uno de sus compañeros de jaula se le atravesó la última neurona con el pegamento que estaba esnifando. Olviden esas cárceles modelo con canchas de squash, rica programación cultural la semana de La Merced y triangulares de futbito con equipos de fuera. Allí el preso común sobrevive a machetazos o pasando desapercibido.

Sirva de referencia para conocer un poco más al respecto la obra del afamado médico y comunicador Drauzio Varela, Estación Carandiru, en el que relata sus experiencias propfesionales en uno de los conjuntos penales más conflictivos del mundo.

Panoplia habitual de las redadas llevadas a cabo en los
presidios de 'mi tierra'. En el vídeo de abajo, Errol Flynn
y Stewart Granger en un duelo de florete al amanecer.
Lo dicho. En un país con una población reclusa de más de medio millón de personas hacinadas en chiqueros desde los que siguen delinquindo sin cortapisas y donde se mata y se muere como si no hubiese guardas alrededor; un país que se preocupa más en discutir si incrementa o no ese porcentaje poblacional con los criminales a partir de 16 años y donde todo se dirime entre los defensores de los derechos humanos y los partidarios de enterrar a la gentuza; donde posiblemente se gaste más en armar a los policías que en educar con calidad a los ciudadanos; en ese marco, digo, llega un tipo que tambén mató y robó, que se tiró mas de media vida en ese ambiente tan apropiado y, contra todo pronóstico, consigue estudiar. Primero se alfabetiza, se saca el graduado, se titula en Derecho por correo, se vuelca en la alfabetización de sus comparsas y empieza a escribir libros. ¿El título del primero? Memorias de un Superviviente. Hace dos meses cerraba, 24 años después, la trilogía de su vida con Confesiones de un hombre libre.



Como decía al principio, muchos de los más preclaros autores de la literatura universal pasaron por el exilio o por la cárcel, experiencia que fue determinante para su obra. Como primer ejemplo, Cervantes, claro, que ya fue prisionero del turco en Argel y del católico en Sevilla, siendo aquí por lo que parece, donde embrionó el caballero Alonso Quijano. Otro ejemplo fresco (porque aún sigo ahí, disfrutando de su lectura) es el de Los Miserables de Victor Hugo, todo un tratado de sociología, historia, psicología, criminología, ética y filosofía donde se ve que las horas de reflexión del vibrante diputado y reputado escritor fueron bien aprovechadas durante el tedioso exilio en Jersey, cayendo
Sin tele y sin cerveza, Cervantes le da vueltas
a algo en la cabeza. (Vicente Barneto y Vázquez)
sobre el papel muchos de aquellos pensamientos madurados al fresco insular. Y qué decir de aquel gran maestro de la psique y de las fobias humanas, Dostoievski que, como otros tantos millones de rusos, supo lo que era pasar por lo más cruel de la reclusión. ¡Oh, Siberia bendita!

El siglo XX dio una infinidad de escritores hispanoparlantes lanzando desde la distancia forzada sus lágrimas, sus puñales y sus pensamientos contra la patria añorada. Entre los intelectuales españoles que la Guerra Civil esparció por el mundo (y los que no pudieron salir a tiempo y acabaron con sus huesos entre rejas, si no algo peor) y los autores sudamericanos a los que sus diferencias políticas convirtieron en personas 'non gratas' acabaron por crear una especie de Generación Desarraigada. 


Sin embargo, todos ellos eran ya escritores más o menos consagrados a los que la privación de su libertad dio aquel poso de reflexión, aquella mira profunda sobre el alma y la miseria humana. Banalizando: esa experiencia puso la guinda al pastel de su obra. En el caso de Luiz Alberto Mendes la cárcel no es el ingrediente determinante, esa hornada final. En el caso del brasileño, el calabozo, las privaciones extremas, el peligro, la miseria, la injusticia, son un todo para la formación de la persona, no sólo de la obra. Se convierte, a golpe de letras, en un guerrillero de la cultura. Lo que el sistema no garantiza (ni de lejos), él se propone asimilarlo y espacirlo a su alrededor. Demostrar que realmente existe redención en el sistema, a pesar del sistema. 


A la derecha, Luiz Alberto Mendes en alguna
presentación de su libro (Fuente: Facebook)
La redención a través de la palabra tiene, en este caso, un sentido mil veces más profundo y cierto que el de famosas Biblias carcelarias como la de Andy Dufresne o Frank Morris. Luiz Alberto, que nació analfabeto como Miguel Hernández, se consagra también a aquellos que, como él, por su condición ni soñarían en llegar algún día a otra vida que no fuese la que le marca la sociedad, ofreciendo su ejemplo personal como principal prueba de que se puede ser algo más que un simple pastor, más que un vagabundo, aunque todo se empeñe en demostrar lo contrario. Como último paralelismo, la cárcel que fue para ambos un capítulo fundamental: Para el criminal paulista, nudo vital. Para el poeta de Orihuela, trágico desenlace.

                    Tu risa me hace libre,
                    me pone alas.
                    Soledades me quita,
                    cárcel me arranca.
                    Boca que vuela,
                    corazón que en tus labios
                    relampaguea.

domingo, 3 de enero de 2016

Ideas para ahorrar en la vuelta al cole

Como en Brasil estamos en plenas vacaciones escolares, ayer publiqué esta misma propuesta en portugués. Pero basta que la idea pueda ser aplicada hasta septiembre, para el comienzo del curso 2016/17. Ahí lo dejo para quien pueda interesar:

Los padres de alumnos de un colegio de São Paulo organizan desde hace diez años un mercadillo de libros de texto para ayudar a afrontar ese inevitable gasto de cada año a las familias con más dificultades

Básicamente funciona así: durante tres días se monta un puesto de recogida de libros y material usado en el colegio. Por cada pieza se entrega un vale al donador y el día marcado para celebrar el mercadillo se puede canjear ese vale, mas una pequena suma de dinero (en este caso, tres reales) por el libro deseado.
Foto 'prestada' por un centro oficial. Detalle:
Les gustó la marca de agua del banco de imágenes
(http://goo.gl/9oh7My).

Claro, en España tendría validez si no estuviesen cambiando el sistema y las heramientas de enseñanza de curso en curso. Me acuerdo en mis tiempos, cuando buena parte de los libros usados por mi hermano mayor iban pasando por las manos de los siguientes. O por lo menos los del segundo y el tercero bien que llegaron a las manos de JuanPa IV el Destructor. Y aunque no me hubiese comparado con el bárbaro zimmerio -o con un Picasso, o un Machado, o un iconoclasta cualquiera- por mi empeño en que nadie más aprovechase esos libros después de mí, de todas maneras las dos benjaminas no hubiesen tenido tampoco oportunidad de disfrutar de mis dibujos, versos o desvaríos varios, ya que el fin de la EGB y el consiguiente caos sistemático del panorama educativo español llegó pisándome los talones, con tan desastrosas consecuencias que incluso entre mis dos hermanas eran incapaces de heredarse los libros de un año para otro, estudiando en el mismo colegio, debido a esa fiebre reformadora cuyo único fin, por lo que parece, era borrar cualquier recuerdo del sistema anterior (valga decir que vigente por casi 40 años).

Pero eso eran otros tiempos. Ahora estoy un poco descolgado de la actualidad educativa española, así que, si la cosa está algo más estable, valga la recomendación a quien le interese el próximo curso.

Más información aquí: http://educacao.uol.com.br/noticias/2015/12/12/pais-organizam-brecho-para-driblar-gastos-com-material-escolar.htm

martes, 29 de diciembre de 2015

Balance de un año bastante 'imperial'


Porque no hay final de año sin lista de lo hecho o por hacer, un lo mejor del año, un "mis cinco", "mis diez"... Pues allá va mi recuento particular. 

Lectoramente -¿existe eso?- 2015 por lo menos ha sido un año excelente. En números, han sido un total de 13 -voz nasal de azafata del 1, 2, 3 y, por lo supersticioso del número, respuesta en off a lo Chanante: "¡Virgen santa!"- los títulos leídos, siguiendo aquel viejo compromiso que desde tiempos del colegio recomendaba acabar por lo menos uno por mes. Ahora, para quedar un poco mejor, aunque nunca tanto como mis amigos Renata y Carlos, que contabilizan casi uno por semana, baste señalar que de esos 13 títulos, uno lo dejé leeeejos de acabar.


Los Episodios Nacionales de la editorial Urbión, parte
del patrimonio familiar desde que tengo uso de razón.
¿Y que por qué eso me hace quedar mejor? Fácil: porque ese título son los Episodios Nacionales, de los que, entre abril y agosto, devoré los libros referentes a los episodios de Trafalgar, la Corte de Carlos IV, el 2 de Mayo, la batalla de Bailén, Napoleón en Madrid, el asedio de Zaragoza, el de Gerona y la invención de La Pepa. Al resto los acantoné junto al Empecinado en la sierra, a la espera de una futura retomada. Mención especial a mi flamante Kindle que me ayudó a condensar y transportar todo ese conocimiento, y algunas notas personales en un tamaño mínimo. 

Paradójicamente, fue un año en que me dio mucho por el trasfondo histórico, con especial hincapié en las monarquías, los imperios... Incluído el Imperio más famoso en estos días, que de historico no tendría nada salvo la posibilidad de que esté sucediendo realmente en alguna Galaxia muy muy lejana. Pues sí, señores. La fiebre del Resurgir de la Fuerza me hizo ser merecedor, por mi cumpleaños, de una elegante reedición de la Trilogía Primigenia de Star Wars. Sigo sin haber visto ni una de las películas en el cine, pero ahí estoy, criando una futura friki que ya me ha hecho prometerle que el libro será suyo en cuanto aprenda a leer. ¡Promesas que da gusto cumplir!

Haciendo una clasificación históricamente hablando -galaxias ajenas aparte-, en 2015 toqué la corona de los siguientes monarcas: 



      * Alejandro Magno, en un ensayo de Pierre Briant de la colección de bolsillo L&PM sobre la fulgurante carrera y fuerte personalidad del rey macedonio.



      * Trajano, en Circo Máximo, segunda entrega de la brillante trilogía de Santiago Posteguillo sobre el emperador hispano.



      * Sancho de Castilla y Fernando de León, hijos del emperador Alfonso VII, en ese estupendo 'Juego de Tronos a la palentina' ideado por Peridis en Esperando al Rey



      * Luis XI. EEl Jorobado de Notre Dame, el rey galo, tío de nuestro más conocido Francisco I, también tiene su papel en el porvenir de la zarandeada Esmeralda.

      * Napoleón Bonaparte, en los ya mencionados Episodios Nacionales, aunque no sea directamente, a fe que su participación fue fundamental para el desarrollo de los hechos.



      * Pedro I. Sobre el emperador brasileño tengo dos reseñas este año: 1822, el segundo libro de la serie histórica de Laurentino Gómes sobre los tres años decisivos de la formación de este país; y la novela biográfica de Javier Moro El Imperio eres tú



      * Carlos III. Otro que pasa fugazmente por la trama del libro, si bien también juega un papel necesario para que los Hombres Buenos de Pérez Reverte lleven a cabo su ilustrada misión.



Aparte de esos, podría referirme al aspirante a emperador Artur Mas, en el sarcástico y bien documentado estudio sobre Las cuentas y los cuentos de la independencia de Cataluña, del ex ministro Borrel y el economista Joan Llorach... Pero no le voy a dar tanta importancia a ese personaje. Punto.


Y por poner puntos, voy resolviendo esta relación con dos reyes del misterio... a su manera. El primero es Edgar Allan Poe, de quien reverdecí viejos recuerdos de infancia (cuando conocí su obra a través de las películas de Vincent Price) gracias a la recopilación Assassinatos na Rua Morgue e outros contos. El otro autor al que debo homenaje en este apartado es Francisco García Pavón, cuyo personaje principal, el jefe de policía Plinio, tan conocido por la generación anterior, casi había pasado desapercibido para la nuestra. Casi. 



Para finalizar este viaje por mi año literario, una última mención al cicloperiodista Alexandre Costa Nascimento junto a quien recorrí, a lo largo de las páginas de su Mais que um leão por dia, el continente africano a golpe de pedal hasta la Ciudad del Cabo.

Ahora sí, acabo. Feliz Año Nuevo lleno de buenos momentos, sean delante de un buen libro, viendo una gran película o riendo con la gente.