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lunes, 22 de septiembre de 2025

Estado Palestino: ¿Por qué peleamos ahora por lo que -se supone- ya existe desde 1948 gracias a Israel?

Se ha convertido en la nueva fuente de discusión de estas semanas. ¿A favor o en contra del reconocimiento de un Estado Palestino? Parece que se aclara todo ahora que Inglaterra ha dado su parecer. Y sin embargo resulta que fueron los israelíes los que lucharon por ese reconocimiento hace más de tres cuartos de siglo, con el rechazo frontal (abstención formal) de los ingleses y la negación tajante de los países árabes. Sí, sí, lo has leído bien: Israel a favor del Estado Palestino y todos los demás en contra...

Pues abróchate porque empezamos una nueva entrega de las Cuñadolecciones.Si tienes ganas de leer, adelante. Si no, puedes ir directamente al final donde enumero las conclusiones.

El 29 de noviembre de 1947, después de meses de negociaciones, conversaciones, intercambios de ideas (por no decir gritos), idas y vueltas, la ONU consigue aprobar -alguna vez tendría que conseguir algo con tanta discusión estéril- su resolución 181 por la que se divide en dos naciones independientes, una árabe y otra judía, el territorio conocido desde tiempos de los romanos como Palestina. Y sí, recalquemos esto del imperio romano, porque la denominación Palestina surge precisamente de la reorganización del territorio derivada del aplastamiento de la rebelión de los hebreos en la anteriormente conocida como provincia de Judea (Judea de judío, por si alguien no lo termina de enlazar). A lo mejor te suena un poco de todo esto de lo que escuchábamos en misa, en clase de Religión -y hasta de Historia-, en catequesis... ¡o hasta de la tele! A fin de cuentas, ¿quién no conoce el Frente Popular de Judea, el Frente Judaico Popular y demás disidentes?


Bueno, pues volvemos a los antecedentes recientes: esta resolución de la ONU daba respuesta a las distintas promesas incumplidas por los países vencedores de la Primera Guerra Mundial. Y volvemos a rebobinar la cinta.

Turcos, romanos, griegos y otros dominadores


Es que tras la caída del Imperio Bizantino y con las Cruzadas de por medio, los turcos se hicieron con aquella porción de la antigua Roma que acabaron perdiendo siglos después tras la firma del Tratado de Lausana en 1923. Es decir: la antigua Israel bíblica, que a lo largo de los milenios ha sido invadida, reconquistada, administrada o supeditada a distintos imperios y civilizaciones que van desde los egipcios a los persas, pasando por los griegos macedónicos, los romanos y los turcos, parecía que finalmente iba a ser un territorio independiente si nos atenemos a las promesas de los ingleses y los franceses que imponían ahora su victoria bélica sobre alemanes, austrohúngaros y otomanos. Pero claro, las necesidades industriales, económicas y sociales de dos imperios occidentales en decadencia fueron más golosas que la palabra dada, por lo que, amparándose en un colonialismo encubierto (también llamado protectorado o administración), trazaron muy a la europea una serie de rayas a lápiz sobre el mapa repartiéndose un territorio que, si ha demostrado algo en todos estos siglos, es que la única forma de mantenerlo relativamente tranquilo es precisamente ponerle las rayas alrededor -bien apretaditas- y no entre medias.


Un inglés, un francés y un lapicero

Y ahora sí, es la hora de hablar de los residentes de este convulso cacho de tierra, judíos y musulmanes principalmente, hasta hace 70 años todos ellos conocidos como palestinos. Pero para ello, un último apunte: Y es que durante los primeros años del siglo XX, Inglaterra y Francia promovieron la revuelta de las tribus que poblaban todo Oriente medio para resquebrajar la ya debilitada estructura de su rival turco. Para ello se servían de promesas de independencia y libertad que muchas veces enfrentaban los intereses de distintas tribus por un mismo cacho de suelo y alimentaban un nacionalismo árabe en ciernes. Un buen ejemplo de todo esto lo tenemos en las memorias de Thomas Edward Lawrence, historiador, antropólogo y militar británico, cuyo meticuloso relato de todas estas actividades diplomático-saboteadoras -Los Siete Pilares de la Sabiduría- conocemos más por su versión cinematográfica: Lawrence de Arabia

Ya llego, ya. El caso es que tanto los palestinos -recordad, tanto de religión judía como musulmana-, como los egipcios, los árabes de la costa, los beduinos del desierto, jordanos, sirios y demás tribus de oriente próximo con un sentimiento nacional recién despertado, fueron usados como carne de cañón para acabar con el dominio turco de la zona durante la Primera Guerra Mundial. Pero claro, una vez controlado un territorio aparentemente reseco y carente de interés, tanto ingleses cono franceses decidieron quedarse por ahí mismo por recomendación de los diplomáticos metidos a delineantes, el coronel Mark Sykes y 
Aramco ya existía antes de que algunos
empezásemos a verla en la F1.
François Marie Denis Georges-Picot
. El trasfondo era más interesado: petróleo e influencia geoestratégica como la que representa el Canal de Suez. Lo que pasa es que tanto al león inglés como al gallo francés ya se les veían las intenciones y los árabes, por su parte, decidieron negociar con un tercer actor en principio poco susceptible de querer extender sus garras imperialistas: Estados Unidos. Fruto de este acuerdo para aprender a explotar sus propios pozos petrolíferos a cambio de cierto suministro nace Aramco -para más referencias, mira a ver en qué posición está el coche de Fernando Alonso- y empiezan a brotar más recientemente centenares de rascacielos imposibles. 

Palestina existe

Así quedaba dividida Palestina según la resolución 
de la ONU entre un estado árabe y otro judío.
Ahora sí, ¡llegamos! El caso es que desde finales del siglo XIX y principios del XX se habían empezado a desarrollar dos movimientos muy diferenciados -pero estrechamente ligados entre ellos- entre los judíos pobres de Europa y los judíos ricos de Europa y América. A los primeros, los pobres, cansados de ser el blanco de todas las iras pueblerinas desde mil años atrás, comenzó a resonarles eso de la Tierra Prometida más allá de los púlpitos de las sinagogas, resultándoles una idea de lo más atractiva lo de dejar de sufrir en suelo ajeno y, emulando a Moisés, liarse la manta y ponerse en marcha en busca del maná. Es la primera Aliyá. Los segundos, los ricos, empezaron a invertir en suelo, financiando una idea surgida en Austria que consistía, básicamente, en comprar parcelas allá donde los nombres de la Biblia seguían marcados también en los mapas y repoblarlas a base de gente para quien romper terrones en medio de la nada tuviese un significado mucho mayor que el de buscarse la vida sin más. Es la segunda Aliyá. Y entre ambas ya tenemos el nuevo éxodo montado.

Y hablando de éxodo, te recomiendo la novela de León Uris (o la peli de Paul Newman, que no se diga que no recomiendo para todos los gustos) que aunque no deja de emanar un tufillo de propaganda sionista, refleja muy bien también lo que fue aquella epopeya y cómo los ingleses siguen teniendo su porción de culpa en casi todo.

Y así es como Palestina, la antigua provincia romana rebautizada así para bajarle los humos a sus levantiscos habitantes judíos, el Israel de la Biblia, la Tierra Prometida del Génesis, un depauperado territorio más rico en historia y sentimentalismo que en recursos naturales, comienza a convertirse en foco migratorio desde Siberia hasta Marruecos. Sus pocos habitantes, principalmente de religión musulmana pero también judíos y cristianos, repartidos todos entre dispersos núcleos rurales y una decrépita Jerusalén, se vieron acompañados, de repente, por un aluvión de nuevos convecinos que se echaban al monte, se organizaban en kibutz y al cabo del tiempo lograban hacer que surgieran huertos y regadíos de yermos que no daban más que algún rastrojo desde hacía siglos. Yermos, sea dicho de paso, que habían sido vendidos por las tribus de alrededor pensando que estaban haciendo el negocio del siglo por un trozo de tierra seca.

Algunos llegaron a envidiarlo. Otros pidieron la fórmula. El caso es que muchos se sintieron engañados -la mezquindad echa raíces rápido- y surgieron las primeras rivalidades. Y cuando los administradores ingleses se dieron cuenta del avispero que tenían entre manos, aprovecharon la situación para menearlo a su gusto, incordiando un día a las avispas con pañuelo y otro a las de la kipá, pero sin acabar de cumplir con los compromisos adquiridos, empujando con la barriga una bola de nieve que acabará explotándoles entre las manos.

Paralelismos


Y ahora sí, llegamos al meollo de la cuestión árabe-israelí. Estamos en 1945-46 y decenas de miles de judíos supervivientes del Holocausto se hacinan en nuevos campos de concentración promovidos ahora por los ingleses, que patrullan las rutas marítimas del Mediterráneo para evitar la llegada de buques cargados de personas y suministros 
a la costa palestina, aunque sea hundiéndolos por el camino. ¿Nos suena? Pese a que son presionados por la comunidad internacional, los ingleses se niegan a soltar este protectorado colonial y no dudan en emular comportamientos represivos que aún conmocionan al mundo tras la liberación de los campos de exterminio nazis. El terrorismo es una de las armas que la autoridad hebrea utiliza contra su opresor. También los golpes de mano de organizaciones paramilitares cuya excelente preparación se debe, precisamente, a haber servido en los ejércitos inglés, francés, ruso y norteamericano, así como en los grupos partisanos y guerrilleros de los países ocupados por la Alemania nazi.

Los hebreos simplemente se han cansado de escuchar promesas como la de la creación del Hogar Nacional del Pueblo Judío en Palestina, de acuerdos como la Declaración Balfour que tanto oxígeno dio al Sionismo tras la I Guerra Mundial. Y sobre todo, de ver cómo mientras tanto, por todo Oriente se han ido independizando las naciones árabes amparadas en la creciente debilidad de las antiguas metrópolis europeas y con el beneplácito de la Unión Soviética. Llevan a la recién creada Organización de las Naciones Unidas su demanda, apoyándose en la legítima reivindicación de un hogar para esos miles de supervivientes que, ya lo han comprobado en Polonia por ejemplo, si vuelven a lo que un día fue su casa no van a ser recibidos precisamente con ramos de flores y peticiones de disculpa.

A echarlos al mar


Así que, por resumirlo bastante, a lo largo de 1947 va cristalizando voto a voto un acuerdo en la ONU que por fin reconoce la independencia del territorio, dividido salomónicamente en dos naciones. Bueno, no tan salomónica ya que, si bien a los judíos les toca una porción del pastel un poco más grande, también es cierto que la mayor parte es desierto puro y duro, perdiendo algunos de los vergeles que habían conseguido crear en las décadas pasadas. Aunque esto no les achanta y se dan por satisfechos. Por su parte los árabes, egipcios, jordanos y demás vecinos de alrededor, crecidos por sus logros de décadas pasadas y espoleados por un creciente odio -llámalo envidia, celos...-, deciden que no aceptarán ninguna división, que Palestina tiene que ser una y que lo van a conseguir aunque sea "empujando a los judíos al mar", así que movilizan a miles de tropas regulares e irregulares -con mandos profesionales y asesoramiento de terceros países... y no quiero señalar a nadie- empiezan una guerra lanzada desde los cuatro puntos cardinales -tres, ya que el cuarto es el mar Mediterráneo donde van a tirar a esos cuatro desarrapados- que promete ser un autentico linchamiento. 

Se calcula que en lo que empezaba la primera guerra árabe israelí, en torno a 150.000 refugiados palestinos árabes se exiliaron fuera del lado judío, a la espera de volver victoriosamente acompañando a sus correligionarios vecinos. Craso error: ni hubo victoria ni regreso. Cuando los países árabes del entorno se quisieron dar cuenta, los judíos no sólo se habían defendido como gato panza arriba, sino que les habían infringido una sonora derrota provocándoles una serie de problemas:
1º, la vergüenza de haber sido derrotados por esos cuatro gatos;
2º, la pérdida de territorio en la contraofensiva sobre su propio suelo;
3º, esos refugiados que no tienen dónde meter. 

Únicamente Jordania ha ganado algo de terreno. Bueno, no: en realidad es la llamada Cisjordania, una parte de la Palestina musulmana según el reparto de la ONU que, ya que ha quedado bajo su control después de la firma del armisticio con Israel, pues se incorpora a sus fronteras y aquí no ha pasado nada.

CONCLUSIONES

¿Y qué sacamos en limpio de todo esto?

1. Pues que los países árabes no aprobaron la creación de un estado palestino cuando tuvieron la oportunidad (ahí sigue la resolución de la ONU medio aplicada) porque no quisieron.

2. Que lejos de apoyar a ese nuevo estado, incluso alguno aprovechó para ratonearle un poco de territorio a la Palestina musulmana.

3. Que fueron los judíos los que lucharon por esa independencia de Palestina yuxtapuesta a la partición del terreno en dos países: uno para ellos y otro para los musulmanes.

4. Que la independencia y otros logros de los israelitas se ven legitimados histórica y jurídicamente, y a mayores reforzados por la victoria militar, clásico hecho consumado para el establecimiento de fronteras desde que el ser humano es lo que es.

5. Que Israel no puede justificar en lo que lleva aguantando el hacerle ahora a los otros lo que ellos han sufrido en el pasado. Aunque sí que es cierto que el 'ojo por ojo' es un clásico de su legislación tradicional.  

6. Que está muy bien que ahora todos estén a favor, pero que tampoco está de más recordar que todo esto tiene un antecedente aunque a muchos no les haga ni pizca de gracia recordarlo, por el qué dirán y todo eso.

7. Y sí, para mí está claro que, una vez más, Inglaterra es responsable (no soy juez para dictar sentencia de culpabilidad). ¿Pero qué fuerza tengo yo para propagar su Leyenda Negra? Pues eso.

8. Que esa lista de libros que se ve un poco más arriba es parte de la documentación que he usado para redactar este ladrillo a lo largo del fin de semana. Libros que ya he leído en el pasado y en los que me apoyo para ser un poco menos cuñado y tener un poco más de base a la hora de opinar con criterio propio, ya sea a favor o en contra de la corriente pre establecida. Porque hay vida más allá de lo que cuentan Wikipedia y ChatGPT, aunque también ayudan, por supuesto. Te digo algunos títulos, por si te interesa:
            -De los imperios a la globalización, de Pedro Lozano Bartolozzi
            -Prisioneros de la geografía y El poder de la geografía, de Tim Marshall
            -El mundo no es como crees, del equipo de El Orden Mundial
            -Los siete pilares de la sabiduría, de T.E. Lawrence 
            -Éxodo, de León Uris
            -La encrucijada mundial, de Pedro Baños

sábado, 24 de septiembre de 2022

El descojonamiento de Kamen

Me imagino a Henry Kamen descojonado -perdón por la grosería- en su sillón leyendo las entrevistas que le hacen en tal o cual periódico, destacando una cara u otra de su personaje según le convenga a la tendencia del medio. Pero vamos, que me lo imagino así porque hasta el momento no lo tengo, como se suele decir, 'fichado'. Y ya se sabe que en esta tierra si no llevas la etiqueta de unos u otros, o eres un verso suelto o un desconocido.

Y en mi caso, no conocía ni la obra ni la idea de este escritor, pero después de empujarme durante casi un mes su ¿Defendiendo? España, he podido trazar un perfil que, corríjanme si me equivoco los que hayan leído más de él o sobre él, dibuja a un tipo controvertido, sarcástico, bufo, ¡burlón! Y tú que lees estas palabras dirás: ¡vaya! Otro españolito de pulserita y polito rojigualda mosqueado porque le han venido de fuera a cantarle las verdades del barquero". 

Hasta la página 300 o así te tiras mirando a ver si era cierto eso del título de que es para "defender España". Que no es que sea un patriota nacionalista, pero vamos, que con la excusa de "la gente de fuera que defendió España", al final parece que
     1.- Los peninsulares dependíamos de los transpirenaicos para todo;
     2.- España es Castilla y lo demás tierras subyugadas;
     y 3.- la leyenda negra no existió aunque en el libro no haga más que tirar -también- de fuentes aceptadas como propaganda antiespañola, vulgo 'leyenda negra'.

Insisto y perjuro que hasta la mitad del libro de vez en cuando volvía a leer la portada, porque no terminaba de cuadrarme. Y ahora que lo estoy acabando ya paso. Me he venido a documentarme un poco más y claro, internet también dice cosas. Sobre la presentación del libro han aparecido varias entrevistas por aquí y por allá. Leo los titulares y ya me dan una idea. Los de unos periódicos hablando de una visión crítica pero veraz. Los de otros de una alianza misericordiosa con los abatidos españoles, oprimidos por las mentiras oficiales propias y la presión de los rivales -que no enemigos- externos durante siglos.

"un completo ejercicio de hispanofilia", leo por un lado; 

¿Defendiendo? De qué, de quiénes... ¿De nosotros mismos? A lo mejor la siguiente frase nos da una idea:

           «Disculparía a los españoles como culpables

           de este victimismo y culparía más bien a grupos

           intelectuales, una minoría, que ha deformado la

           manera de ser y de estudiar la historia del país».

Leyendo esto ahora después de tragarme su libro veo su doble filo. ¡Qué tío! Que no, que no está hablando bien de los españoles y mal de una minoría manipuladora. Que lo que está diciendo es que somos un rebaño controlado por cuatro gatos -la minoría de intelectuales- que nos han dicho lo que tenemos que pensar y opinar. ¡Es brillante! Y nos lo hemos tragado y lo hemos alabado como hispanista amigo. Lo dicho. El tipo está despollado en su sillón con una brandy de Jerez en una mano y un puro cubano dando aroma en la otra, escuchando algún reguetón con los ojos cerrados mientras balancea su cabeza de un lado a otro, con una sonrisa de complaciente satisfacción asomando al extremo sur de su redondeada faz mientras escucha las noticias que genera día a día su querida Europa Sur.

"¡Qué bien nos salió la jugada!" pensará mientras levanta la copa en honor a Drake, Nelson, las isabeles albionas y los vencedores en despachos e imprentas de la rebautizada Armada Invencible...

Pero también a lo mejor me he equivocado y el tipo realmente defiende España de tipos como yo. Por si acaso ahí te lo dejo para que lo veas por tu cuenta y luego me lo cuentas.


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martes, 23 de junio de 2020

Viajes en el tiempo 'Meidin Espein'

...o cómo sobrevivir a un país que, literalmente,

se caga en sus muertos


Si existiese, sería la cartera más deficiente de todo el entramado ejecutivo de este país. ¡Y mira que el listón está alto! O bajo, no sé ya. Me refiero a la del Ministerio del Tiempo, no a cualquier otra. ¿Y por qué? Pues porque un Ministerio del Tiempo con un correcto funcionamiento no hubiese permitido que pervirtiésemos como lo hemos hecho a lo largo de generaciones enteras la historia de este país. Con un Ministerio del Tiempo medianamente operativo hoy no sería vilipendiado -una vez más- el legado que España aportó para la fundación de un imperio como el estadounidense. El Ministerio del Tiempo en el mundo real hubiese puesto en su sitio a los propagandistas extranjeros que crearon la famosa Leyenda Negra y, principalmente, habría evitado que los primeros en creérsela fuesen los propios españoles.


En fin. Si hubiese existido un Ministerio del Tiempo no habríamos tenido el Ministerio del Tiempo. ¿O sí? -T3-C13- y nos habríamos perdido una de las ficciones más sorprendentes que ha parido esta santa tierra desde hace años. Porque, seamos sinceros, si en lo creativo España ha brillado durante siglos precisamente gracias al esfuerzo individual de cada autor, cuando la cosa ha requerido concitar esfuerzos -también financieros- en equipo, el proyecto o muere o emigra. ¡Y mira que en España se ha creado! Pero eso la gente no lo sabe. O no lo ha querido saber, porque mal que bien, al menos hasta los últimos estertores de la EGB se enseñaba algo de Historia


Pero es más fácil quedarnos con la versión propagandística negativa. ¡Si hasta en el libro de Historia se hablaba de la Armada Invencible, cuando lo correcto sería referirse a la Grande y Felicísima Armada! Luego te llegan dos paletos americanos que se están haciendo de oro enseñando como mercadean en un canal antiguamente dedicado a la Historia y dicen que para qué quería España tanto dinero -manoseando un doblón rescatado de algún pecio del Caribe- si no hizo más que perder guerras toda su vida... y el presunto canal dedicado a la Historia lo emite sin pestañear. Y el público patrio asiente condescendiente, meditando y lamentando una vez más cómo los gringos tienen que venir a sacarnos los colores.

parece falso pawn stars GIF

Y ahí aparece una serie que, con aquel presupuesto con el que cualquier realizador americano ni se molestaría en levantarse para abrir la puerta después de invitarte a salir de su despacho, un grupo de locos españoles capitaneados por una pareja de hermanos visionarios, se pone a revitalizar nuestra maltrecha Historia a base de guiones de buen cómic y efectos especiales indulgenciables -patada consciente al diccionario-. Porque puede sonar victimista decir que a la Historia de España se pasan el día dándole palos. Que suena a alumno al que todos los profes le tienen manía. Pero es que hasta eso puede pasar de vez en cuando. Es que es así. A los documentos nos podemos remitir, que a burócratas y amontonadores de informes, actas y comisiones no hay quien nos gane. Id si no a Simancas, Salamanca, Sevilla -¿ciudades con S de archivoSSS?-, o a la propia parroquia de vuestro pueblo, y ya veréis todos los legajos que se guardan desde que alguien empezó a escribir cosas.

Simancas: un castillo para proteger nuestra memoria. 
Que tenga que venir una serie de la tele a descubrirnos quiénes eran y por qué lo eran Clara Campoamor, El Empecinado (bueno, a éste en Valladolid al menos le tienen un poco más calado), Luis Buñuel o ¡Ambrosio de Spínola! Por no hablar de otros pioneros como Emilio Herrera y Enrique Gaspar. El primero, por ejemplo, que debería ser famoso por inventar la escafandra espacial, y el segundo por los viajes espaciotemporales. ¡Pero nada!

Anacronópete Vs Time machine

Pues a los dos les ha hecho justicia la serie recientemente. ¡Y me alegro! Reconozco que del primero había oído hablar, algo menos levemente cuando el año pasado se cumplió el cincuentenario del primer viaje a la luna. Al segundo, en cambio, le acabo de quitar gracias al MdT ese tupido velo del olvido y el desconocimiento absoluto. ¡Nada menos que al que le pasó 10 años por delante a H.G. Wells a la hora de hablar de los viajes en el tiempo por primera vez en la historia de la literatura de ficción!

Cuando confieso que uno de los actores favoritos de mi infancia es Rod Taylor se debe precisamente a la adaptación cinematográfica del libro de Wells. Y todo por escenas como la del paso del tiempo en el maniquí de la acera de enfrente o, principalmente, el terror que me causó ver los libros deshaciéndose entre las manos del protagonista en aquel bucólico futuro de felices analfabetos y cavernosos rabadanes.



El Ministerio del Tiempo 4: El verdadero origen del AnacronópeteBueno, pues que sepáis que antes de aquella especie de trineo con una sombrilla china giratoria accionada con la palanca mágica, ya estaba la nave de hierro forjado y cristal (mucho más espaciosa y vistosa, dónde va a parar) del profesor don Sindulfo. Y que los villanos de la serie estuvieron más cucos que los agentes de Salvador Martí para hacerse con ella. Y que el facsímil del libro está a la venta gracias a la editorial de los herederos del propio Enrique Gaspar. Y que merece mucho la pena conocer tanto la historia, como al autor y su herencia editorial. Así que ahí os lo dejo dicho.

Y al Ministerio del Tiempo, "qué buen vasallo si tuviese buen señor".

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-ministerio-del-tiempo/ministerio-del-tiempo-temporada-2-capitulo-9-tiempo-leyenda/5534951/

PD. ¿Y lo del subtítulo? Pues eso. Que cómo no vamos a tener la Historia como la tenemos en un país en el que, según el momento y la entonación, nos ciscamos en nuestros propios progenitores, en los del vecino y en los de San Pedro bendito si hace falta para expresar tan dispares sentimientos como rabia, alegría, odio o frustración. Demasiado poco nos pasa.

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lunes, 27 de noviembre de 2017

Peridis, las ruinas y la simbiosis del humanista

Cuando uno piensa en un humanista, en un hombre para todo, brillante en todos los campos, se le puede venir a la cabeza alguien como Leonardo da Vinci. E inmediatamente recordar sus aportaciones al desarrollo del arte y de la ciencia, como la Gioconda y su dichosa sonrisa, el hombre de Vitrubio, el helicóptero (y aquella esquizofrénica recopilación de inventos gastronómicos y experimentos culinarios que leí hace ya unos cuantos años)... Y tantas otras cosas a las que no se puede desvincular de forma alguna del apellido de su autor. Y sin embargo tenemos hoy en día otro tipo de humanista menos egocéntrico, digamos, más colectivo, cuya mayor obra prevalecerá y evolucionará en el tiempo posiblemente ajena al nombre de su creador. Porque esa obra (que no toda en su conjunto, ojo) es fruto de una serie de cabezas que el tal personaje supo juntar bajo una denominación común y que hoy inventa como un ser vivo independiente, iluminado por aquella chispa primigenia. Ese vástago es capaz de generar la riqueza más codiciada o procurada de este inicio de siglo, el empleo; y que a través de éste surjan nuevos esquejes de naturalezas totalmente diversas. 

Los brotes afloran de un montón de piedras entre las que hace muchos años un escritor vio nidos bulliciosos. Algunas décadas después, un niño una aventura sin fin. Y hoy ese niño, ya hecho arquitecto, dibujante, escritor, conservador, presentador, pensador... su modo de vida y el de muchísimas otras personas congregadas como antaño alrededor de los muros de un monasterio.

No, Kingsbridge no. Santa María la Real si eso, que suena más nuestro. 

Pues sí. Miles recordarán en el futuro las escuelas taller y las lanzaderas de empleo, o las novedosas fórmulas de recuperar, proteger y promover el patrimonio creadas bajo el auspicio de Santa María la Real. De la Fundación que lleva su nombre y que nació, precisamente, para evitar la desaparición del cenobio románico a base de innovar. Y sin embargo a su perpetrador tal vez se le recuerde más por su labor gráfico-editorial en el diario El País. O por sus simpáticas producciones televisivas presentándonos algunos de los tesoros más desconocidos de la historia de España. O por su más reciente vena escritora que tanto y tan merecido éxito le está reportando, una vez más. Así es Peridis, ése al que si lo llamamos José María Pérez, nadie va a saber de quién hablamos. 


Añádase al momento fan un libro autografiado con
derecho a retrato al minuto por parte del autor. :O
(Foto: Carmen Molinos).
Precisamente venimos de disfrutar este fin de semana la presentación de su última obra: Hasta una ruina puede ser una esperanza, libro donde cuenta y documenta, dibuja y esquematiza la simbiosis que estableció hace 40 años con aquellas ruinas por las que correteaba de chaval en su Aguilar de Campoo adoptiva. Disfrutar, digo, primero porque es un privilegio escuchar al mismo autor hablando en persona de su obra (y ya que te la autografe con retrato incluido, la guinda). Y segundo porque Peridis sienta cátedra con autoridad, imparte lecciones magistrales por la cara y todavía arranca carcajadas con fundamento sin andar bailoteando y haciendo aspavientos alrededor de un micro de pie como está tan al uso en estos tiempos. 

Hace 40 años a un joven arquitecto se le metía en la cabeza que las ruinas a la salida de su pueblo tenían que ser algo más que otra víctima silenciosa de la falta de presupuesto, interés o público para tanto patrimonio como hay desperdigado por aquí. Lo que no sospechaba Peridis era que a medida que avanzaba en su lucha por restaurar las piedras del antiguo monaterio, su espíritu redivivo iba a poseerle y ligar su porvenir al futuro de ese tipo que tanta guerra daba en los estamentos oficiales para arañar un poco de financiación para lograr su objetivo. Porque la pasta no se la iban a dar (y menos, claro está, en cantidad satisfactoria) si no se curraba algo curioso que presentar. Y ahí comenzaron a surgir iniciativas, y a crearse vínculos, y a moverse acciones. Y los muros del monasterio fueron cobrando vida. Y su defensor ganando prestigio. Y los dos creciendo juntos... Vamos, que pienso en esa relación y lo veo casi como una especie de Transformer. Permitidme la licencia friki del día. En vez de transformarse en un vehículo colorido ultrarápido y a veces ingenioso, Peridis hunde sus pies en la roca, endurece los músculos, arruga el semblante, estira la frente y hale, transformación al canto. Pero tampoco me hagan mucho caso con esto, que ya digo que es un viaje mental, Mejor hablar de la simbiosis, esa asociación biológica con beneficio mútuo en el desarrollo vital de ambas partes.

Peridis es un humanista que, a la inversa de da Vinci, firma su obra cotidiana con su nombre artístico personal y sin embargo, agradecido, identifica sus mayores proezas con el nombre de su alter ego, el de la obra que le hizo ser quien es: Santa María la Real. Y en el libro que roba para su título la frase que Unamuno dedicó a aquellas ruinas en las que se alegró al descubrir la alta tasa de natalidad alada de la Montaña Palentina, cuenta hasta qué punto sus raíces profundizan en los cimientos románicos, personal y profesionalmente, para ser quien es hoy. 

Hasta una ruina puede ser una esperanza recoge esa simbiosis perfecta entre la persona en construcción y el monumento renacido: Peridis y el monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo.

lunes, 8 de febrero de 2016

Líneas entre rejas: del poeta y el personaje encerrados al autor exiliado y el preso inspirado

               "¡Ay mísero de mí! ¡Y ay infelice!
                    Apurar, cielos, pretendo
                    ya que me tratáis así,
                    qué delito cometí
                    contra vosotros naciendo;
                    aunque si nací, ya entiendo
                    qué delito he cometido.
                    Bastante causa ha tenido
                    vuestra justicia y rigor;
                    pues el delito mayor
                    del hombre es haber nacido.

                    ¿Qué ley, justicia o razón
                    negar a los hombres sabe
                    privilegio tan süave,
                    excepción tan principal,
                    que Dios le ha dado a un cristal,
                    a un pez, a un bruto y a un ave?"

Con el comienzo del desgarrador monólogo de presentación del príncipe Segismundo en La Vida Es Sueño, del gran Calderón, arranco esta reflexión que venía hace tiempo pergeñando. Todo a raiz de leer un día la historia de Luiz Alberto Mendes, escritor que no se siente tal a pesar de vivir de los libros que ha escrito, educador convicto después de conocer los terrores a los que lleva el analfabetismo y la estupidez innata y, hablando de convicto, ex presidiario brasileño que aprendió a escribir y pensar entre rejas.


No podía dejar pasar las reseñas cinematográficas,
aunque sea a rebufo del calendario del Taco.
Y es que la falta de libertad y la literatura vienen de la mano desde tiempos inmemoriales. De una manera o de otra, ya sea la inspiración a la sombra como trasfondo de lo escrito o como fuente de ideas, así a bote pronto, me vienen a la cabeza, además de las palabras del pobre Segismundo, el eco de las Nanas de la Cebolla resonando entre los ladrillos de la Cárcel Vieja de Palencia o la de Alicante, las pequeñas alegrías y grandes planos de Edmundo Dantés y su amigo el Abate Faría, los versos afilados de Quevedo o las reflexiones siempre constructivas de Salvador de Madariaga.

En este caso, Mendes no tiene la fama de un Miguel Hernández (ni su trágico final), ni está reconstruyendo su vida post injusta reclusión al estilo de Jean Valjean. ¿El tipo mereció pasarse más de media vida en la cárcel? Él mismo no se corta y lo confiesa: sí. Y las varias veces que volvió, también. Pero sólo por el mérito que tiene por cómo se ha resuelto la vejez, teniendo en cuenta el funcionamiento del sistema penitenciario brasileño, merece todos los homenajes. Para quien no sepa un poco cómo funcionan las cárceles brasileñas, un ejemplo: Al Malamadre de Celda 211, o se lo comen con patatas entre los carceleros y los presos de cualquier presidio de mala muerte de por aquellas tierras, o lo ponen de asesor del secretario de vete tú a saber qué de la Comisión de Derechos Humanos y Libertades del Congreso. O acaba con la cabeza en una pica porque a uno de sus compañeros de jaula se le atravesó la última neurona con el pegamento que estaba esnifando. Olviden esas cárceles modelo con canchas de squash, rica programación cultural la semana de La Merced y triangulares de futbito con equipos de fuera. Allí el preso común sobrevive a machetazos o pasando desapercibido.

Sirva de referencia para conocer un poco más al respecto la obra del afamado médico y comunicador Drauzio Varela, Estación Carandiru, en el que relata sus experiencias propfesionales en uno de los conjuntos penales más conflictivos del mundo.

Panoplia habitual de las redadas llevadas a cabo en los
presidios de 'mi tierra'. En el vídeo de abajo, Errol Flynn
y Stewart Granger en un duelo de florete al amanecer.
Lo dicho. En un país con una población reclusa de más de medio millón de personas hacinadas en chiqueros desde los que siguen delinquindo sin cortapisas y donde se mata y se muere como si no hubiese guardas alrededor; un país que se preocupa más en discutir si incrementa o no ese porcentaje poblacional con los criminales a partir de 16 años y donde todo se dirime entre los defensores de los derechos humanos y los partidarios de enterrar a la gentuza; donde posiblemente se gaste más en armar a los policías que en educar con calidad a los ciudadanos; en ese marco, digo, llega un tipo que tambén mató y robó, que se tiró mas de media vida en ese ambiente tan apropiado y, contra todo pronóstico, consigue estudiar. Primero se alfabetiza, se saca el graduado, se titula en Derecho por correo, se vuelca en la alfabetización de sus comparsas y empieza a escribir libros. ¿El título del primero? Memorias de un Superviviente. Hace dos meses cerraba, 24 años después, la trilogía de su vida con Confesiones de un hombre libre.



Como decía al principio, muchos de los más preclaros autores de la literatura universal pasaron por el exilio o por la cárcel, experiencia que fue determinante para su obra. Como primer ejemplo, Cervantes, claro, que ya fue prisionero del turco en Argel y del católico en Sevilla, siendo aquí por lo que parece, donde embrionó el caballero Alonso Quijano. Otro ejemplo fresco (porque aún sigo ahí, disfrutando de su lectura) es el de Los Miserables de Victor Hugo, todo un tratado de sociología, historia, psicología, criminología, ética y filosofía donde se ve que las horas de reflexión del vibrante diputado y reputado escritor fueron bien aprovechadas durante el tedioso exilio en Jersey, cayendo
Sin tele y sin cerveza, Cervantes le da vueltas
a algo en la cabeza. (Vicente Barneto y Vázquez)
sobre el papel muchos de aquellos pensamientos madurados al fresco insular. Y qué decir de aquel gran maestro de la psique y de las fobias humanas, Dostoievski que, como otros tantos millones de rusos, supo lo que era pasar por lo más cruel de la reclusión. ¡Oh, Siberia bendita!

El siglo XX dio una infinidad de escritores hispanoparlantes lanzando desde la distancia forzada sus lágrimas, sus puñales y sus pensamientos contra la patria añorada. Entre los intelectuales españoles que la Guerra Civil esparció por el mundo (y los que no pudieron salir a tiempo y acabaron con sus huesos entre rejas, si no algo peor) y los autores sudamericanos a los que sus diferencias políticas convirtieron en personas 'non gratas' acabaron por crear una especie de Generación Desarraigada. 


Sin embargo, todos ellos eran ya escritores más o menos consagrados a los que la privación de su libertad dio aquel poso de reflexión, aquella mira profunda sobre el alma y la miseria humana. Banalizando: esa experiencia puso la guinda al pastel de su obra. En el caso de Luiz Alberto Mendes la cárcel no es el ingrediente determinante, esa hornada final. En el caso del brasileño, el calabozo, las privaciones extremas, el peligro, la miseria, la injusticia, son un todo para la formación de la persona, no sólo de la obra. Se convierte, a golpe de letras, en un guerrillero de la cultura. Lo que el sistema no garantiza (ni de lejos), él se propone asimilarlo y espacirlo a su alrededor. Demostrar que realmente existe redención en el sistema, a pesar del sistema. 


A la derecha, Luiz Alberto Mendes en alguna
presentación de su libro (Fuente: Facebook)
La redención a través de la palabra tiene, en este caso, un sentido mil veces más profundo y cierto que el de famosas Biblias carcelarias como la de Andy Dufresne o Frank Morris. Luiz Alberto, que nació analfabeto como Miguel Hernández, se consagra también a aquellos que, como él, por su condición ni soñarían en llegar algún día a otra vida que no fuese la que le marca la sociedad, ofreciendo su ejemplo personal como principal prueba de que se puede ser algo más que un simple pastor, más que un vagabundo, aunque todo se empeñe en demostrar lo contrario. Como último paralelismo, la cárcel que fue para ambos un capítulo fundamental: Para el criminal paulista, nudo vital. Para el poeta de Orihuela, trágico desenlace.

                    Tu risa me hace libre,
                    me pone alas.
                    Soledades me quita,
                    cárcel me arranca.
                    Boca que vuela,
                    corazón que en tus labios
                    relampaguea.

martes, 29 de diciembre de 2015

Balance de un año bastante 'imperial'


Porque no hay final de año sin lista de lo hecho o por hacer, un lo mejor del año, un "mis cinco", "mis diez"... Pues allá va mi recuento particular. 

Lectoramente -¿existe eso?- 2015 por lo menos ha sido un año excelente. En números, han sido un total de 13 -voz nasal de azafata del 1, 2, 3 y, por lo supersticioso del número, respuesta en off a lo Chanante: "¡Virgen santa!"- los títulos leídos, siguiendo aquel viejo compromiso que desde tiempos del colegio recomendaba acabar por lo menos uno por mes. Ahora, para quedar un poco mejor, aunque nunca tanto como mis amigos Renata y Carlos, que contabilizan casi uno por semana, baste señalar que de esos 13 títulos, uno lo dejé leeeejos de acabar.


Los Episodios Nacionales de la editorial Urbión, parte
del patrimonio familiar desde que tengo uso de razón.
¿Y que por qué eso me hace quedar mejor? Fácil: porque ese título son los Episodios Nacionales, de los que, entre abril y agosto, devoré los libros referentes a los episodios de Trafalgar, la Corte de Carlos IV, el 2 de Mayo, la batalla de Bailén, Napoleón en Madrid, el asedio de Zaragoza, el de Gerona y la invención de La Pepa. Al resto los acantoné junto al Empecinado en la sierra, a la espera de una futura retomada. Mención especial a mi flamante Kindle que me ayudó a condensar y transportar todo ese conocimiento, y algunas notas personales en un tamaño mínimo. 

Paradójicamente, fue un año en que me dio mucho por el trasfondo histórico, con especial hincapié en las monarquías, los imperios... Incluído el Imperio más famoso en estos días, que de historico no tendría nada salvo la posibilidad de que esté sucediendo realmente en alguna Galaxia muy muy lejana. Pues sí, señores. La fiebre del Resurgir de la Fuerza me hizo ser merecedor, por mi cumpleaños, de una elegante reedición de la Trilogía Primigenia de Star Wars. Sigo sin haber visto ni una de las películas en el cine, pero ahí estoy, criando una futura friki que ya me ha hecho prometerle que el libro será suyo en cuanto aprenda a leer. ¡Promesas que da gusto cumplir!

Haciendo una clasificación históricamente hablando -galaxias ajenas aparte-, en 2015 toqué la corona de los siguientes monarcas: 



      * Alejandro Magno, en un ensayo de Pierre Briant de la colección de bolsillo L&PM sobre la fulgurante carrera y fuerte personalidad del rey macedonio.



      * Trajano, en Circo Máximo, segunda entrega de la brillante trilogía de Santiago Posteguillo sobre el emperador hispano.



      * Sancho de Castilla y Fernando de León, hijos del emperador Alfonso VII, en ese estupendo 'Juego de Tronos a la palentina' ideado por Peridis en Esperando al Rey



      * Luis XI. EEl Jorobado de Notre Dame, el rey galo, tío de nuestro más conocido Francisco I, también tiene su papel en el porvenir de la zarandeada Esmeralda.

      * Napoleón Bonaparte, en los ya mencionados Episodios Nacionales, aunque no sea directamente, a fe que su participación fue fundamental para el desarrollo de los hechos.



      * Pedro I. Sobre el emperador brasileño tengo dos reseñas este año: 1822, el segundo libro de la serie histórica de Laurentino Gómes sobre los tres años decisivos de la formación de este país; y la novela biográfica de Javier Moro El Imperio eres tú



      * Carlos III. Otro que pasa fugazmente por la trama del libro, si bien también juega un papel necesario para que los Hombres Buenos de Pérez Reverte lleven a cabo su ilustrada misión.



Aparte de esos, podría referirme al aspirante a emperador Artur Mas, en el sarcástico y bien documentado estudio sobre Las cuentas y los cuentos de la independencia de Cataluña, del ex ministro Borrel y el economista Joan Llorach... Pero no le voy a dar tanta importancia a ese personaje. Punto.


Y por poner puntos, voy resolviendo esta relación con dos reyes del misterio... a su manera. El primero es Edgar Allan Poe, de quien reverdecí viejos recuerdos de infancia (cuando conocí su obra a través de las películas de Vincent Price) gracias a la recopilación Assassinatos na Rua Morgue e outros contos. El otro autor al que debo homenaje en este apartado es Francisco García Pavón, cuyo personaje principal, el jefe de policía Plinio, tan conocido por la generación anterior, casi había pasado desapercibido para la nuestra. Casi. 



Para finalizar este viaje por mi año literario, una última mención al cicloperiodista Alexandre Costa Nascimento junto a quien recorrí, a lo largo de las páginas de su Mais que um leão por dia, el continente africano a golpe de pedal hasta la Ciudad del Cabo.

Ahora sí, acabo. Feliz Año Nuevo lleno de buenos momentos, sean delante de un buen libro, viendo una gran película o riendo con la gente.