miércoles, 27 de enero de 2016

Un homenaje a nuestra lengua

Recreación personal de lo que habría sido la expansión del castellano combinado con su renaciente interés.

La lengua materna de casi 400 millones de personas a lo largo y ancho de todo el mundo. El idioma oficial de 22 países. En vertigionosa progresión como segunda opción lingüística en algunas de las mayores potencias del mundo... y todo ello a pesar de un origen podríamos decir bastardo, en un en una rústica región de España que casi ninguno de los 400 millones anteriores sabría ubicar por aproximación en el mapa. Así es el castellano, un ente vivo que evoluciona, crece y se reproduce (de forma controlada, eso sí, desde que Nebrija se hizo inventor), y que vengo a homenajear hoy, porque me da por ahí, rescatando la memoria de uno de los proyectos más prometedores e ilusionantes que me eché a la cara desde que me dio por hacer del lenguaje mi modo de vida. 


Se trata de la página web nuestrocastellano.com, que recoge vocabulario, dichos y costumbres afines a ese ente que nos une, entre otros, a media América y parte de Asia y África, y que cuando fue creada, casi por casualidad, fue merecedora del reconocimiento oficial por la promoción del Español en Internet. Hoy la página vive parada, durmiente si se quiere, esperando que algo o alguien incentive la continuidad de un proyecto que nació sin ambiciones pero con las metas más altas. Enseguida verás por qué:

Escribía esto para la Agencia Ical en noviembre de 2005, bajo el título El acervo cultural castellano ya tiene su hueco en la Red, refiriendo cómo la web nacía oficialmente unos meses antes aunque su riqueza sea muy anterior y por supuesto, mucho menos actual. Se trataba de una iniciativa informática sobre el lenguaje castellano más profundo, que recogía -y aún recoge- el acervo cultural del pueblo, del campo, del corazón de Castilla.

Como reza en la presentación de la página, “no pretendemos que esta web sea la de la Real Academia, sino simplemente una web que recuerde las expresiones y vocablos de gente de la calle; pero de aquella calle de arena y barro, aquellas casas de adobe y aquellos vocablos y dichos de personas que jamás supieron de la existencia de los teléfonos móviles, Internet y la televisión digital”.

No se buscaba una página que compitiera,el objetivo era recoger palabras y dichos que ya casi no existen o están a punto de ‘morir’”

Y así surgió una idea que recoge miles de palabras típicas del vocabulario más castizo castellano y que, como la propia lengua, no deja de recibir nuevas entradas gracias a las aportaciones de los visitantes. Ambrollón, órdiga, tercerilla, espeluzado o francalete, son algunos de los vocablos que pueden encontrarse en el diccionario de ésta página web.

Base de datos
En aquellos Premios Internet 2005 de la Junta de Castilla y León (iniciativa cultural que sumió del mapa en cuanto se tuvo que empezar a recortar presupuesto, digamos innecesario) recibió el segundo galardón en la modalidad Promoción del Español por su originalidad. Y sin embargo, 'nuestrocastellano.com’ no surgió como el fruto de un premio ya que su origen es más ilustrativo.

Óscar Melendre en aquella época,
'perpetrador' de la web. (Foto: Ical)
El informático palentino Óscar Melendre y el abulense Antonio Nieves necesitaban un ejemplo de confección de una base de datos para un curso sobre administración y gestión de páginas web. Fue entonces cuando a Melendre se le ocurrió la idea de "pasar a limpio" un cuaderno en el que su madre, profesora de Lengua en un colegio de la ciudad, había ido recogiendo dichos y términos usados por su abuela. No se buscaba una página que compitiera, el objetivo era recoger palabras y dichos que ya casi no existen o están a punto de ‘morir’”, explicaba Melendre. Detrás de la iniciativa tampoco hay ninguna institución ni academia, aunque la web ya levantó la curiosidad de los internautas que no paraban -entonces- de enviar más y más aportaciones al diccionario y al refraneroSobre todo desde que se dieron a conocer los finalistas del concurso, cuando Melendre no paró de recibir nuevas –es un decir- palabras y dichos, así como imágenes ilustrativas de aperos de labranza y culturas ancestrales ya casi perdidas en el viejo adobe de los pueblos.

En la página web también se puede aprender un poco más sobre la lengua que hablan cerca de 400 millones de personas en todo el mundo. Pero seguro que su valor más importante es el de haber logrado servir de instrumento de preservación de las tradiciones más antiguas de esta tierra y su fusión con el futuro.


Premios
“¿Quieres ser muy conocido? Mete ruido”. El dicho, extraído de entre los muchos que ya alberga ‘nuestrocastellano.com’, parece ‘venir al pelo’ a este informático que era un asistente fijo de los premios de la Junta de Castilla y León. No en vano, aquel año se presentaba en la entrega de premios del Teatro Calderón de Valladolid con otra página, ‘cfpalencia.com’, finalista en la modalidad de Iniciativa. Pero también en 2002, 2003 y 2004 tuvo que asistir a dicha entrega. En 2002 logró un cuarto puesto con la página ‘paredesdenava2003.com’, sobre el cuarto centenario de la muerte de Pedro Berruguete. Se puede decir que este informático palentino ha logrado combinar y ampliar el conocimiento de su tierra a través de la red de la información más accesible para todo el mundo.

Como curiosidad final del reportaje, destacaba un detalle: ‘nuestrocastellano.com’ ocupaba la plaza 1.914.362 en visitas a fecha de 17 de noviembre de 2005. Una pena que mi vaticinio final "a buen seguro seguirá escalando posiciones gracias al interés que despierta la cultura popular castellana", truncó mi fama de adivino bien antes de plantearme iniciarla.

martes, 26 de enero de 2016

Mejor 'perdidos' que olvidados



Imagina que llegas a una sala de espera, un asiento del bus/taxi/metro, una cafetería, un banco del parque, y te encuentras un libro solitario. El primer impulso, claro, sería dejarlo donde está por si el dueño lo ha abandonado temporalmente con la intención de avisar que ese lugar está ocupado. También puedes llevarlo hasta la barra, dejarlo en la recepción, con el conductor... O echarle un vistazo. Entonces imagina más: saborea el gustazo de encontrar asomando entre sus páginas una nota de bienvenida, invitándote a entrar hasta el fondo, hasta la última hoja. Y que una vez leído, sólo tengas que asumir el compromiso de garantizar la continuidad del viaje de ese libro, de hacer que siga perdido, no olvidado.

Puede resumirse así la filosofía del bookcrossing, una iniciativa que surgió a comienzos de siglo, entre experimento social y desafío cultural. Desde entonces, a la sombra de la propuesta primigenia global, se han extendido acciones similares por todo el mundo sin más ambición que hacer que libros abocados a acumular estratos de polvo, entrasen de nuevo en el circuito de la lectura.

Ayer fue la vez del Esqueça Um Livro –olvide un libro- en Brasil. Y por fin participé y, como dice Nadie, ejercí el desapego de un ejemplar de nuestra biblioteca. ¡Con lo que me cuesta a mí eso! Que ayer fuese el día específico no quiere decir que sólo se tenga que hacer una vez al año. Pero sí que habiendo una data específica, nos acordemos que está ahí para ser hecho siempre que se tenga ocasión. En otros países como Venezuela tienen el Adopta un Libro, o la Siembra de Libros que he encontrado en Argentina o Costa Rica, organizada por el Club de Los Libros Perdidos varios días 21 al año. Aunque parezca que la cosa ha perdido un poco de fuelle, a tenor del distanciamiento entre las convocatorias encontradas (como ésta, el día del aniversario de BookCrossing).

En Brasil existen otras propuestas bien interesantes sobre compartir libros a pie de calle, como el Bibliotaxi que comenzó entre los asociados de una de las empresas de transporte público de São Paulo y que ya se ha extendido a otras capitales, o el proyecto Geladeira do Livro en Brasilia, que además de difundir la cultura escrita, fomenta el reciclado y reutilización de este aparatoso electrodoméstico.

Y respecto a la idea que podemos llamar de génesis de todo esto, el Bookcrossing, ahí está, firme desde hace 15 años, creciendo en actividad y propuestas. Merece la pena echar un vistazo al mapa rastreador de libros, siempre con nuevos avisos apareciendo a lo largo y ancho del globo. Es realmente motivador. También saber que España está entre los diez primeros del ránking de bookcrossers (aunque sea con un 1% del total de actividad mundial).

Como digo, ayer hice mi parte y aproveché mi olvido también para iniciar mi perfil de bookcrosser. Confieso que ahora que estoy leyendo el libro entero –y lo que te rondaré morena-, tampoco fue muy difícil desapegarme de un tomo de bolsillo con la primera parte (de un total de siete) de Los Miserables.  Tengo la firme convicción de que a quien le llegue, tras una primera frustración al descubrir que eso era sólo un señuelo, buscará hacerse con las otras seis partes que le faltan. Vamos, que se habrá enganchado -estrategia yonki total-.

¿Alguien más se apunta a quitar el polvo y las telarañas de su biblioteca y devolver a la vida aquellos libros que, confesémoslo, difícilmente volveremos a leer? Recordarlos para después 'perderlos'. Ahí queda ésa.

sábado, 23 de enero de 2016

Trajano, emperador hispano / y otras historias del Imperio romano


Los Asesinos del Emperador, Circo Máximo y La Legión Perdida son los tres títulos con los que Santiago Posteguillo homenajea al que, sin duda, fue el mayor emperador de Roma: Marco Ulpio Trajano.

No pude evitar caer en el tópico y comenzar este artículo con ésa que suena a cantinela escolar de tiempos de la EGB: Trajano, emperador hispano. Pues sí, hoy toca hacer reseña de libro. Más bien de trilogía, aunque la tercera parte todavía está por llegar a las estanterías. Se trata de la obra central, yo creo, de Santiago Posteguillo, autor consagrado al Imperio Romano (aunque no le tiemble el pulso cuando sale del periodo latino) y que, justamente dentro de un mes, cierra su ciclo dedicado a uno de los más grandes prohombres de Occidente. Uno de los más grandes y que sin embargo no es tan recordado como otros con muchos menos méritos, aparte el hecho de haber sido el primer ciudadano romano no nacido en la península itálica en alcanzar lo más alto del escalafón imperial. 

La Trilogía de Trajano -¿por qué siempre tres? ¿Porque suena mejor que tetralogía? ¿Es algún tipo de número literato-filmográfico-cabalístico?-. Lo cierto es que después de transportarnos a la protodecadente sociedad romana, de guiarnos por los bajos fondos -nunca más literalmente- de la Ciudad Eterna, de convertirnos a lo largo de un millar y pico de páginas en turistas de excepción en la capital del mundo y en testigos privilegiados de la impensable victoria sobre pueblos nunca dominados, Posteguillo ahora nos alista como empotrados en la mayor expansión de un imperio nunca conocida hasta entonces. Algo comparable, tanto en dirección como en magnitud, con la gesta de Alejandro Magno. Y si bien es cierto que Trajano no fue tan brillante estratega como el caudillo macedonio o como su admirado Julio César, sí se nos revela a través de esta obra como un personaje sumamente inteligente, capaz de saber usar los talentos ajenos a mayor gloria de su propia obra.

Es decir: Hoy no se recordará tanto al individuo como sí acontece con los otros dos, pero innegablemente a él se debe que buena parte del legado romano haya llegado hasta nuestros días como aportación fundamental a nuestra cultura actual en cuestiones como la política, la arquitectura, las artes... Y como nuestra cultura me refiero a la de naciones a lo largo del globo, desde las orillas del Éufrates o el Mar Negro, hasta este otro lado del Atlántico desde donde escribo, donde se lleva a mayor orgullo lo de ser países latinos. 

Pues precisamente en esa expansión del imperio hasta donde sólo Alejandro había llegado antes desde Europa, Asia, es el escenario en el que se articula la trama de esta nueva entrega, con un título que hace pensar más en versiones cinematográficas localizadas en Britania. Trajano, que ya había triunfado donde sus antecesores se partieron la cara anteriormente (en Jerusalén, según la novela, a través de su padre, y en la Dacia personalmente), ahora quería dar un paso más allá y asentarse en otro territorio tabú, antiguo borrón en el brillante expediente de las legiones romanas: Mesopotamia. 

Como digo Posteguillo, con ese aire de tímido profesor de instituto, pero con una acometida e inteligencia a la altura del personaje que nos presenta, recrea detalladamente las vicisitudes de la civilización del siglo II. Sólo los efectos especiales del equipo de Ridley Scott habían llegado tan cerca de introducir al espectador en los estratos del Imperio, desde los inciensos de los palacios hasta la podredumbre  de las cloacas. Y que conste que cuando digo cerca en realidad me refiero a años luz de distancia, porque creo que sólo estando ahí o leyendo la obra de Posteguillo (incluida la trilogía anterior dedicada a Escipión) se puede uno hacer idea de cómo era aquello, tal es la minuciosidad de detalles que se introducen en nuestra imaginación, realidad -casi- virtual capaz de sugestionar los cinco sentidos.  Y si no, que levante la mano quien, leyendo Los Asesinos del Emperador, no se ha visto empujado a arrugar la nariz durante la incursión de Marcio y sus gladiadores por las arterias de la ciudad. Quien no ha sentido el vértigo provocado por el frenético galopar de los caballos del auriga Céler alrededor de la spina del Circo Máximo. O quien no se haya visto desesperado como Apolodoro ante la titánica encomienda de tender un puente a través del torrente indomable del Danubio.

De acuerdo. Todos los que han levantado la mano tienen un mes para ponerse al día antes del lanzamiento de La Legión Perdida. Después, que vuelvan y me cuenten.


2011
2016
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jueves, 21 de enero de 2016

Cosas de japos. Una librería para un único libro

Librería estilo zen: Zen baldas, zen dependientes, zen -casi- libros...
Imagina aquella situación que todo viciado en bibliotecas y librerías ama: Dejarse perder los pasos entre las estanterías, deslizando cuidadosamente la vista por los títulos de los lomos, parando de vez en cuando para pasar la mano por algún lomo en particular e, incluso, llegar a encajar el dedo índice por encima para tirar del libro hacia afuera, ojear un poco, y dejarlo de nuevo en su sitio antes de continuar un paseo que no es búsqueda, pero que cuando nos hace encontrar algo pensamos: "exactamente por eso estaba yo aquí".

Bueno, pues ahora olvida todo eso antes de que te presente el más novedoso concepto de librería inventado en Japón (dónde si no). A la librería del señor Yoshiyuki Morioka -Morioka San, como nos enseñó a decir el señor Miyagi- no se va a perder el tiempo. El menú está servido de antemano. ¿Por qué? Pues porque la Morioka Shoten sólo vende un libro. No, un libro solo no. Sólo vende un título por semana. Ejemplares, los que salgan. Así que no se te ocurra ir preguntando por lo último de Vargas Llosa o la reedición de las primeras obras de Saramago.

La cosa funciona así: En un espacio mini-minimalista (tipo feng-shui, zen, o algo así), un libro
Morioka San te ve llegar antes incluso de que se
te ocurra pensar en llegar. Foto: Miyuki Kaneko
sobre un pedestal o una simple balda ocupando el centro de la estancia marca ‘la tirada de la semana’. Alrededor, en las paredes blancas, cuadros y obras de arte con una temática común: los libros. El señor Morioka, imagino, o algún empleado, debe observar todo en posición hierática desde detrás de un mostrador parecido a un casillero de estafeta, con aquella cara de póker que no sabes si está contando bolitas del ábaco, repasando las aventuras de Godzilla o concentrándose para evitar soltar un p... (recreación ficticia que no tiene por qué coincidir con la realidad). Y ahí el lector/visitante llega para girar alrededor del libro y, de paso, ver los cuadros. Con suerte se lleva un ejemplar que después, si es un turista de paso por Tokio en busca de experiencias intelectuales, podrá mostrar a sus nietos cuando cuente que él estuvo ahí. Ese libro –con el recibo dentro, para que no queden dudas- será testigo esencial de cuando Fulano sostuvo la mirada a Morioka San durante 20 segundos, dedicándole una sonrisa estúpidamente forzada sin saber si le estaba agradeciendo por el honor de su visita o preguntándole si iba a pagar en dinero o con tarjeta.

El libro de la semana es lanzado con una especie de  acto de presentación, imagino que bien cultureta y sofisticado y hala, siete días por delante para vender el mayor número posible de ejemplares.  Lo que no he visto por ninguna parte es el almacén con el stock de la semana. Ni tampoco referencias sobre qué hacen con el remanente no vendido cuando llega el finde.

Pero bueno, valga la referencia para quien vaya a Tokio y quiera conocer algo aún más diferente.  Para conocer un poco más sobre la Morioka Shoten, en el enlace de aquí al lado hablan sobre la filosofía de márketing de este espacio tan original.

miércoles, 20 de enero de 2016

Genial! Recopilación de músicas dedicadas o inspiradas en Edgar Allan Poe

Retrato de Poe por Rufus Krieger. A la venta en la galería Saatchy Art, por si interesa.
El origen de los auriculares. Retrato de Poe por Rufus Krieger.
A la venta en la galería Saatchy Art, por si interesa.
El blog de LP&M Editores publica hoy un homenaje musical a Edgar Allan Poe. Coincidiendo con el aniversario del nacimiento del autor de misterio y terror más famoso de la literatura mundial, la editorial recupera una lista de canciones de bandas como Beatles, Nightwish, Iron Maiden, Green Day, Arctic Monkeys... Queria yo ver en una lista de estas a grandes iconos como Falete, Camela, Justin Bieber o algún DJ de esos que hacen perrear a las masas...

Más, aquí:
http://goo.gl/NHiegd

lunes, 18 de enero de 2016

De como conocí a Rod Stewart en una librería de Palma de Mallorca


"Are you hearing this fucking noise?" Farfulla esas palabras mientras su barba desaliñada asoma desde detrás de una librería atestada de viejos volúmenes con tapas en inglés. Más o menos así fue como conocí al librero Rod Stewart. Así se me presentó, por lo menos, mostrándome como prueba de identidad no su pasaporte, si no una vieja foto -de cuando aún se pasaba la maquinilla por el mentón- posando junto al famoso cantante en algún rincón del dédalo de fileras de papel encuadernado, madera polvorienta y amarillentas láminas enmarcadas.

Marcáginas de la librería de Rod Stewart en la capital de las Islas Baleares
De los orgullos de Rod: El vídeo
de ahí arriba y este marcapáginas
cuyo gusto Clarita ya probó.
Rod -no me voy a molestar en investigar si realmente se llama así para no perder parte de la magia del momento- es el dueño de una de esas librerías que en estos tiempos de hoy en día diríamos que sólo se ven en las películas. Menos mal que la realidad siempre supera a la ficción. En cuanto al maldito ruidito, lo emite uno de esos aparatitos con sensor de movimiento para avisar de la entrada de visitantes en la tienda. Un uso que se revela inútil, a tenor de los cinco minutos que llevábamos otro guiri y yo dando vueltas por los estrechos corredores formados por libros que van del suelo casi hasta el techo. Después de que le felicite por ese espacio mágico que regenta y tras descubrir que mi inglés ya pasó por mejores tiempos, el librero continúa hablándome en un correcto español alternado con algunos giros británicos. De entrada me disuade de preguntar el valor de una edición de bolsillo en tres tomos de Guerra y Paz fechada en Londres en 1940. "Aquí todos los cabrones vienen preguntando cuánto cuesta eso, cuánto aquello, y si lo vendo por cien sonríen y dicen que ya volverán, y si por diez, que si lo vendo por cinco. Una mierda este trabajo". Así que por si acaso, dejo mi interés por Tolstoi para mejor ocasión. Y ahí seguimos un rato despotricando contra la imposición del descanso de los días festivos en lugares turísticos y contra las costumbres arcanas de España, solidarizado conmigo por mi condición de emigrante. Revisamos la regalia militar más o menos sospechosa allí presente, desde tiempos napoleónicos hasta la Segunda Guerra Mundial y hablamos de literatura inglesa hasta que me percato de que su desdentada sonrisa y mala leche me han ocupado tiempo de más del dominguero paseo familiar, lamentando que ese fuese el atardecer de mi último día en Palma de Mallorca.

El digital contra el papel. Un encuentro generacional

Star Wars o La Princesa Prometida? Íñigo Montoya contra Darth Vader. El kindle contra el libro.
Como ilustrador a lo mejor acabo siendo un buen escritor. No todos los encuentros generacionales
tienen por qué ser un camino de rosas. La coexistencia pacífica es cuestión de paciencia y entendimiento.

Me confieso: Si por mí fuese, el papel no moriría nunca. Como leí recientemente de alguna instabloguera de moda (no, no es que hable de moda, si no de libros, y con una lista de seguidores 'in crescendo' bien abultada, oh envidia), yo también soy de los que a veces temen que la proliferación de material digital acabe con la producción en papel y que las librerías desaparezcan como lo hicieron las tiendas de discos después del advenimiento de los mp3. En Palencia no olvidamos la peculiar transformación en cafetería de Debla y Discocenter -acabo de entrar en el enlace y da pena del pobre Alejandro Sanz, con todo lo que fue y que ahora no dé ni para llenar un bus de fans-, como los dos casos menos traumáticos de la extinción de las tiendas de música. 

Como periodista aún llegué a mamar la profesión manchándome las manos de tinta entre hoja y hoja y, sin embargo, hoy soy consumidor diario de entre tres y cinco periódicos en su edición digital, asistiendo también impotente desde el burladero a la desnutrición crónica que sufren las redacciones. Y me duele, porque veo que los intereses comerciales cada vez están más lejos -y se encargan de alejar al público- de aquella obra de arte del cotidiano de la industria impresa que, digámoslo claro, es más difícil de mantener que una web. 

En fin, luego vuelvo a pensar que son dos cosas engañosamente similares y por lo tanto, diametralmente distintas. El papel encuadernado no puede morir por el mero hecho de que a lo largo de los siglos se ha convertido en soporte duradero de la sabiduría universal, además de en objeto de culto cuyo gesto inicial, separando las dos manos excéntricamente, cada una soportando una tapa y su acompañamiento de páginas, es algo más que un ritual, una ceremonia. Por el contrario, el papel reciclado de uso y desecho diario vive de la inmediatez y, excepto en las hemerotecas de "se ve pero no se toca" -que para eso se inventó el microfilmado en su día- o forrando escaparates de comercios desafortunados, su destino no es precisamente el de prevalecer. 

Pero volviendo al tema, que me vuelvo a perder en historias: Como digo (y no me contradigo), hoy en día toda esa sabiduría está en la red al alcance de todos. Al hilo de la entrada que compartía recientemente, revolviendo en mis hemerotecas, sobre cómo hasta hace bien poco el acceso a incunables y grandes óperas primas estaba vedado sólo a estudiosos, hoy las cosas han cambiado. Y mucho. Y es precisamente el soporte etéreo, intangible, el que nos abre infinitas posibilidades alrededor también del papel.

Digital y papel están condenados a entenderse y coexistir como dos realidades paralelas. Y punto. Sirva para ilustrar esa coexistencia este ejemplo: Quien quiera consultar los clásicos, quien quiera beber de mil fuentes, devorar la historia de la literatura, la filosofía, el teatro, la poesía... ahí la tiene a su disposición casi entera (ver La literatura universal al alcance de todos). Y el que quiera saborear una buena cratera de Homero, degustar en Cervantes la intensidad de un buen queso curado, dejarse acariciar por un Garclilaso... En resumen: tener una experiencia sensorial completa, entonces ahí sí recomiendo desenpolvar la biblioteca.


Imagina la desesperación un día al querer acceder a algún contenido
de tu interés y ya no tener tecnología con la que lograr tu objetivo.
Ya pasó con el vídeo, pero nunca con un libro. Espero.
Para finalizar, permíteme una reflexión: H.G. Wells fue un visionario. Y como tal, sueños y pesadillas pueblan su imaginario. Como visiones de futuro le agradecemos, en La Máquina del Tiempo, la profecía del disco duro que eran aquellos aros giratorios donde, en el futuro, se condesaría todo el conocimiento de la humanidad. Como pesadilla, una escena me sigue impactando más que la de Charlton Heston postrado frente a los restos de la Estatua de la Libertad: aquella en la que Rod Taylor se desespera cuando un tomo de vete tú a saber qué se desintegra entre sus dedos y de un furioso manotazo convierte en polvo una estantería entera. Eso y pensar que en el futuro pueda no haber una tecnología capaz de soportar aquellos aros de conocimiento (o simple corriente eléctrica para hacerla funcionar) da repelús en la espalda.