domingo, 24 de marzo de 2019

Palencia 1387: Ellas sí fueron mujeres de armas tomar

Orgullosa palentina, por Ilustre Palencia.
No había sitio en lo alto de La Tapia para tanta defensora. Las insuficientes fortificaciones de la ciudad estaban erizadas de horcas, guadañas, viejos venablos acostumbrados a hendir la dura piel del jabalí, hachas con el olor a savia de encinas del Monte aún impregnado y espadas que ya estaban demasiado herrumbrosas como para haber participado dos años antes en la invasión de Portugal. Enfrente tenían a un sorprendido inglés que esperaba añadir fácilmente un topónimo de peso a su aún exigua lista de méritos bélicos. Porque la cosa funcionaba así: uno era importante en la medida de la importancia de su casamiento y de sus hechos de armas. Y el duque de Lancaster cumplía con creces el primer punto. Solo le faltaba equilibrar el segundo para legitimar sus aspiraciones dinásticas sobre una de las coronas más importantes de la Cristiandad.

No contaba con que un grupo de mujeres, viudas buena parte de ellas precisamente por culpa de los supuestos derechos sucesorios y los caprichos de cuatro privilegiados en el juego de la política matrimonial, se interprondría en su camino hacia la gloria del trono de Castilla. A ellas no les iba a cambiar mucho la vida si el rey se llamaba Juan, João o John. Pero tal vez sí empeoraría más si cabe su situación si dejaban entrar a aquella hueste que acampaba al norte, junto al río, por aquello de acabar siendo botín de guerra para una horda de invasores sedientos de gloria... y otras ganancias menos honrosas. Así que tocaba vender cara la piel, como enseñaban el señor cura y el licenciado de turno, o aquel juglar que contaba historias de tiempos pasados, sobre pueblos hispanos que no se habían dejado conquistar por herejes muy anteriores a los moros que hoy esclavizaban cristianas al otro lado del Duero.

Una primera inspección del recinto confirmaba los informes acerca de la debilidad de las murallas. Si es que en algunos puntos podían llamarse murallas. El mismo señor de la ciudad, años antes, había condenado a sus convecinos a no poder defenderse adecuadamente en caso de ataque o revuelta. Todo por un conflicto de intereses con el Concejo que había acabado derivando en un ataque al mismísimo alcázar, que sufrió las consecuencias en su propia estructura. El señor obispo, a la sazón señor de Palencia en lo espiritual y en lo terrenal, castigó la afrenta popular prohibiendo la reforma y refuerzo de la muralla. Y ahora precisamente a ella se encomendaba su sucesor ante la presencia de quienes querían arrebatarle el poder que Dios y el rey le daban sobre aquellas tierras y aquellas gentes.

Poco tardó en correrse la voz sobre lo que había pasado en Benavente cuando los soldados del de Lancaster no pudieron sacar todo el fruto deseado del asedio a aquella ciudad bien protegida. Así que nada iba a impedir que pagara sus frustraciones la frágil Palencia, que pese a su importancia, por no tener no tenía ni hombres para protegerla, entre los que murieron en Aljubarrota al servicio del rey y los que aún andaban alistados en las correrías reales para acalmar el territorio. Tocaba tomar medidas e impedir que los invasores se acomodaran a orillas del Carrión. Así que cuando estos aún levantaban las tiendas del cerco un poco más acá del puente del camino a Grijota, las defensoras salieron por las puertas de Monzón y de los Pastores en busca de un enemigo que nunca hubiese esperado tener que salir en desbandada como lo hizo aquella mañana.

Rapidamente volvieron las palentinas a sus posiciones en el interior, reforzando su presencia entre los sectores de la Cerca Nueva al norte y por el levante, que no ofrecían tantas garantías de soportar el ataque como las viejas murallas romanas que se asomaban al río por poniente. De nada sirvieron las amenazadoras intenciones de un ejército bien pertrechado para doblegar el ánimo de las palentinas que, sin saberlo ni pretenderlo, acabaron beneficiando la campaña de su monarca que pudo regresar de las extremaduras para retomar el control del reino, poniendo en fuga definitivamente al ejército invasor.

Tan loable acción bélica de quien poco más se espera que, apenas, criar a sus hijos, cuidar de sus casas y soportar a sus familias, les supuso a las mujeres palentinas obtener todas las honras de que el rey se sirve para destacar a sus más valerosos caballeros. Si bien el premio más valioso que la banda dorada que desde entonces sólo ellas tienen el derecho a lucir, de madres a hijas, fue volver a ver a sus hijos y maridos supervivientes de una dura campaña. Y aún poder recibir, ahora amistosamente, al duque de Lancaster para casar y coronar a su hija Catalina como princesa de Asturias de la mano del futuro Enrique III de Castilla.
(Con informaciones sacadas del libro Palencia. La ciudad de la
Edad Media y su tránsito a la Modernidad, de Margarita Ausín)

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jueves, 21 de marzo de 2019

30 años después, el deseado regreso de Bernardo Atxaga a la tierra donde se gestó Obabakoak, Premio Nacional de Narrativa 1989

Bernardo Atxaga volverá a reencontrarse con Villamediana 30 años después de que se recluyese en el pueblo palentino para escribir su galardonada novela Obabakoak. El escritor guipuzcoáno participó el lunes por la noche en un programa especial del espacio radiofónico Viva Palencia Viva. El programa, que cuenta con una sección literaria inspirada en El Estante Combado, fue dedicado a las tres décadas pasadas desde que Atxaga se alzase con el Premio Nacional de Narrativa por esta novela, hecha a base de historias sobre una comarca ficticia inspirada en el territorio donde éste nació y se crio, en el País Vasco. Entre dichas historias se intercala un capítulo titulado Nueve palabras en honor del pueblo de Villamediana, donde narra las peripecias vividas durante su estancia.

De izquierda a derecha, el guardabosques Daniel Masa, la alcaldesa Susana Moreno,
Ignacio Muñoz y Encarna Gaitero, durante su participación en el programa Viva Palencia Viva.
La idea, confirmada durante el mismo programa por la alcaldesa de la localidad, Susana Moreno, es que Atxaga participe en un evento conmemorativo que aún se está discutiendo en el seno de la corporación municipal. Dada la repercusión que provocó para la localidad su aparición en las páginas del libro del autor vasco, Atxaga ya participó como pregonero de las fiestas del pueblo hace una década. "Ésa fue la primera y última vez que lo hice", señaló el autor a los micrófonos de AcupRadio, aduciendo su disconformidad con que un escritor participe en tales acontecimientos cuando le fue ofrecido, incluso, participar en la inuguración de las fiestas de Bilbao.

Una primera opción es que el homenaje de Villamediana a Bernardo Atxaga y su obra se celebre coincidiendo de nuevo con la semana de fiestas patronales, en agosto, si bien la propuesta aún se encuentra en proceso de consultas con los miembros de la Corporación municipal.

Daniel muestra una foto con su amigo
Atxaga cuando vino a pregonar las fiestas.

Participación sorpresa


Los periodistas Naide Nóbrega y JuanPa Ausín, copresentadores de Viva Palencia Viva, dirigían una interesante charla sobre el libro con algunos de los vecinos del pueblo presentes en el estudio, cuando Atxaga intervino por sorpresa por vía telefónica. Fue un momento cargado de emoción ya que algunos de los invitados tiene un papel protagonista en el capítulo que el autor dedica en Obabakoak a esta localidad.
una

Bernardo Atxaga se mostró encantado de reencontrarse con quienes fueran sus vecinos durante el período de reclusión voluntaria que vivió en uno de los caserones de Villamediana. Especialmente emotivo fue el momento de volver a hablar con Daniel Masa, el que fuera guardabosques local y mejor amigo del escritor en aquel tiempo. El autor guipuzcoáno se ofreció a volver a una Villamediana a la que se confiesa muy unido pese a los años pasados pasados,  y repasó con los asistentes al programa algunas de las anécdotas más significativas de la obra.

sábado, 9 de marzo de 2019

Cómo una mala labor editorial casi me estraga la lectura de una excelente novela negra


Que una mala gestión editorial no te agüe un buen libro, ya lo he dicho varias veces por aquí. Puedes tener a un auténtico maestro de la literatura entre manos, que si la editorial no hace bien su trabajo te puede fastidiar a ti la lectura y, principalmente, al autor su reputación. Bueno, si es un autor consolidado, tal vez menos. Me pasó con Rudyard Kipling y su incansable búsqueda de escopetas mal traducidas en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial (un fallo editorial que no revisó y confirmó la exactitud de la traducción). También hay otras que se empeñan en hacerlo mal a posta, como aquella otra que quiso feminizar los clásicos de la literatura comenzando por el relato del Principito.

Esta introducción me sirve para presentaros -atentos que el nombre viene del tirón y sin curvas- El caso del asesino del fotograma y la chica del tatuaje en la muñeca, escrito por Javi García García y Rodrigo Antonio Reglero Peña, un excelente ejemplar de novela negra policial que a primera vista tiene una pizca de Stieg Larsson con una ambientación que recuerda la película Seven. Pero no, ni eso es Nueva York ni el homenaje cinematográfico se queda en el cine de los 90. Hablando sobre la ambientación, nos encontramos con una fiel recreación de los bajos fondos del Madrid de 1980-81 (qué cabrones los autores, lo bien que han sabido recrearlo aún cuando en esa época no pasaban de meros embriones), el Retiro y los escenarios habituales para dos oscuros policías con más sombras en sus propios subconscientes que en los rincones por donde van persiguiendo a un escurridizo asesino en serie.

La Movida Madrileña combina con drogas, alcohol, y taras mentales provocadas por traumas psicológico-familiares... Ingredientes que no faltan en un cuidado trabajo de documentación y redacción, donde los guiños al mundo del teatro y del cine clásicos (con lo que en cada caso implica ese apellido) enriquecen una trama muy bien cuidada. Una pena los gazapos que insisten en saltar entre página y página para despistar la atención del lector... Ojalá que consigan erradicar esa plaga en próximas ediciones.

Sobre la editorial, Punto Rojo Libros, aviso para navegantes que estáis pensando haceros a la mar de la autopublicación y encomendarles vuestro trabajo porque, por lo que tengo entendido, no son muy fieles cumplidores de sus compromisos contractuales. Por no hablar de esa revisión del producto final más que decepcionante y que, como hemos podido comprobar con El Caso del asesino del fotograma y la chica del tatuaje en la muñeca, puede perjudicar seriamente a un buen libro.

No podíamos perdernos la presentación de este libro, acompañando a Javi y Rodri
en el White Horse de Laguna de Duero el pasado 22 de febrero.

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martes, 5 de marzo de 2019

Cambiando impresiones con el autor de tu última lectura... ¡y todos tan amigos! (creo)


No todos los días tienes a tu disposición al escritor del último libro que acabas de leerte para hablar sobre su obra. Igual que no siempre el autor tiene la oportunidad de ser entrevistado sinceramente por alguien que de verdad ha leído su libro. El caso es que gracias a nuestra sección en el espacio radiofónico Viva Palencia Viva (el audio aquí al lado) hemos tenido esa oportunidad -el autor y yo- y personalmente, creo que ha sido una experiencia realmente constructiva.

Os pongo en antecedentes: Por si aún no lo sabéis El Estante Combado tiene su propio espacio en el programa Viva Palencia Viva de Acup Radio (no dejes de pinchar en los enlaces que estoy poniendo). La cosa va de hablar de libros, de autores y de librerías... pero con foco en Palencia, claro. Y en el último programa vino a hablar con nosotros Jesús Vilamuza Merinero, autor nobel que se presenta con Hijo de Enoc. Acababa de leérmelo y tenía ganas de entrevistarlo para confirmar algunos puntos de un libro que, para ser sinceros, no me ha gustado mucho -apaguen las alarmas y no se altere nadie que sobre esto también hablamos.

La entrevista fluyó fácilmente por unos cauces muy sinceros y agradables, y, sin pecar de inmodestia, me confirmó que había acertado en casi todas -si no en todas- las conclusiones a las que me había llevado la lectura. El libro es un brote. Bajo mi punto de vista, le falta madurez pero le sobra energía. Me pareció la estructuración más o menos acertada de una serie de descargas literarias adolescentes. El autor tampoco lo esconde cuando en el libro, su personaje de vez en cuando dice que se va a escribir en los momentos en los que se ralla o se siente inspirado. Es una obra sumamente autobiográfica.

No estoy dogmatizando, estoy dando mi punto de vista, mi opinión. Y así mismo se lo hice saber ya fuera de los micros a Jesús cuando me preguntó, entusiasmado, si me había gustado el libro. A veces soy un poco brusco y, por la cara de susto que se le quedó -a él y a Naide, que aun conociéndome todo lo que me conoce, todavía le pillan con el pie cambiado mis salidas frontales-, ésta fue una de esas veces. Luego ya expliqué con perspectiva mi respuesta inicial: No me considero público para esa obra, igual que tampoco me doy a las lecturas filosóficas o a las excesivamente sentimentales, por ejemplo. Hay autores que levantan pasiones en ambos sentidos, y libros con públicos muy definidos. Ahora, una cosa que quede clara: Pienso leerme el próximo libro de este chaval porque, como he dicho antes, Hijo de Enoc es un brote y creo que hay mucho potencial tras la madurez que aporta esta primera aventura editorial.



Tampoco voy a ir de cojonudo pero, sinceramente, creo que una opìnión franca -tal vez menos brusca, si eso- como la que le espeté a Jesús Villamuza puede ayudar más que mil palmeros alabándole. Jesús es un tipo disciplinado, reflexivo y, principalmente, resolutivo, y sé que él mismo, en cuanto su libro estaba aún pasando por las rotativas, ya ha alcanzado un nivel literario muy por encima del que tenía cuando acabó de escribirlo.

En fin, que no quiero darle más vueltas al asunto. Aquí os dejo mi breve análisis -sin revelaciones o mal llamados spoilers- del libro. Juzgadlo vosotros mismos: A lo largo de la historia se aprecia una especie de evolución, de maduración estilística, desde un tipo de existencialismo adolescente con muchas dosis de autoexamen y descarga mental, pasando por una novela negra con tintes satánicos y llegando a un desenlace de ciencia ficción entre revolucionario y casi apocalíptico.

¿Os ha gustado? Pues creedme que lo que viene a partir de ahora os va a encantar.


sábado, 19 de enero de 2019

Reflexiones durante una parada en el camino


Sabía que su problema en realidad era no haberse atrevido a emular a sus maestros. Durante años leyó esas historias que le inspiraban mil y una fantasías. Soñaba con plasmarlas sobre el papel como otros hicieran antes que él… pero era entonces cuando caía en el vértigo de no estar a la altura. Y así fue durante años hasta que el impulso de toda aquella fantasía contenida entre los muros de su mente lo lanzó a crear sus propias aventuras.

Le constaba que en el futuro su actuación sería analizada por cientos, miles de expertos que, sin embargo, nunca llegarían a la conclusión correcta. Crearían una definición con su nombre para comportamientos parecidos al suyo, sin saber nunca que los verdaderos motivos eran el miedo a empuñar una pluma: arma mil veces más poderosa que una vieja espada ancestral como la que llevaba al cinto. Que lo hiciera otro que sí supiese cómo hacerlo. Él le daría la materia prima. No le importaba que le tomasen por loco. Sería un loco famoso a falta de poder ser un escritor famoso.

Hecha esta reflexión y otras cosas, el caballero se irguió y se abrochó el calzón, no sin antes comprobar que toda fuente de olor quedaba atrás. Se atusó el bigote, ciñó como pudo la bacía sobre su cabello cada vez más ralo, compuso su postura más gallarda y convocó a su escudero para seguir ruta. De camino a la siguiente venta quedaban aún varias leguas en las que, quién sabe, aún podrían encontrar material para posibles crónicas.
Don Quijote, por mi paisano Antonio Capel.


domingo, 23 de diciembre de 2018

¿42? Stephen Hawking pisotea a título póstumo la respuesta "al sentido de la vida, el universo y todo lo demás"... Dios incluido


Mal he empezado a leer el libro y ya siento una necesidad irrefrenable de escribir. Tanto que no he dejado un centímetro de espacio libre en el marcapáginas con las primeras anotaciones porque consideré que con los márgenes de la página no me iba a llegar. ¿Qué o quién lo ha motivado? Pues nada menos que la obra póstuma de uno de los ilustres difuntos de este año que ya boquea.


Al parecer, antes de morir (14/03/2018) Stephen Hawking quiso quitarle protagonismo a Pensamiento Profundo y dejarnos una respuesta más elaborada para el sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Más exactamente, un compendio de breves respuestas para grandes preguntas. Y empezó el libro apostando fuerte, cuestionándose la existencia de Dios. A lo selección natural darwinista diciendo: “si no soportas este primer capítulo vete dejándolo ya por aquí mismo”.

Luego el nivel de las preguntas aparentemente va perdiendo enjundia: Cómo comenzó todo, si existe inteligencia en el universo (aparte de la nuestra, claro), si se puede prever el futuro, qué hay en un agujero negro, si se puede viajar en el tiempo, si sobreviviremos en la tierra y ya puestos, si deberíamos colonizar el espacio, si la inteligencia artificial nos llegará a superar y cómo haremos para amoldar el futuro.

Hawking justifica su obra afirmando que “las personas quieren respuestas para las grandes preguntas […] no esperan respuestas fáciles, así que están preparadas para quebrarse un poco la cabeza”. Y aquí radica el éxito de su obra, en que al mismo tiempo que responde con una base científica a esas cuestiones que nos plantea en el índice del libro, incita al lector a responderse a sí mismo. “Newton nos dio respuestas. Hawking nos dio preguntas”, avisa su amigo Kip S. Thorne en el prólogo.

Porque uno podría leer las breves respuestas asimilándolas como dogma, negándolas como herejía o analizándolas críticamente. Al menos a mí me han servido para reflexionar en estos dos días que llevo intentando coger carrerilla con el libro. Imposible pasar página sin parar un momento a masticar cada idea leída. De hecho, sólo el primer capítulo me tiene preso aún aunque ya ande buscando inteligencia por la galaxia, incluida la nuestra.

Entonces, ¿Dios existe o no existe?

El caso es que ya fui más creyente y menos practicante. No me aflijo con dudas como el san Manuel Bueno de Unamuno y sin embargo su ejemplo, además de las refutaciones de un tipo que vivió buena parte de su vida, como defienden algunos, de milagro, me están haciendo ver las cosas de otra manera muy distinta a como lo hice hasta ahora en todas mis fases, ya fuese como devoto catecúmeno, seminarista con aspiraciones castrenses, rebelde conservador o, actualmente, adulto racionalista.

Aquí dejo mi opinión al respecto sin ninguna base científica pero con el soporte filosófico que da la lectura de una mente brillante. Espero que otros muchos legos de las ciencias exactas encuentren estas respuestas tan motivadoras para seguir evolucionando en sus dudas.

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Dios, Stephen Hawking y yo


Stephen Hawking dice que no tiene nada contra dios. “No quiero pasar la impresión de que mi trabajo es sobre probar o refutar su existencia. Mi trabajo es encontrar una estructura racional para comprender el universo que nos rodea”, pero rebate a los que ven milagros a la vuelta de cada esquina: “Puedes decir que las leyes [de la Naturaleza] son obra divina, pero eso es más una definición de dios que una prueba de su existencia”.

Así que no, para el científico que vivió todo estos años “de milagro” (por méritos parecidos hemos visto candidatos a la santidad subir a los altares y nadie se ha quejado) no tiene ni la más mínima intención de deberle sus años extra a ningún milagrero moderno. Ni la existencia del espacio a creencias sobrenaturales. Al menos no mientras no haya una respuesta científica definitiva al origen del universo, “única área restante que la religión puede reivindicar para sí misma”, concede.

Y sin embargo ahora me atrevo a contradecirle desde mi humilde racionalismo. Es la naturaleza humana la que se explica por la religiosidad más que el origen del universo. Por una simple y arcaica razón: la fe mueve montañas. Y para más inri, da vida a nuestra ciencia.

La existencia de Dios como máxima representación de una creencia sobrenatural no radica en la contraposición a las leyes de la Naturaleza, si no en nuestra capacidad de superación buscando soluciones a todas y cada una de las cuestiones que nos plantea el universo. Si el ser humano no hubiese tenido ese afán por entender el funcionamiento de su entorno, su evolución no hubiese sido distinta de la de cualquier otra especie animal. La ignorancia era como un dolor que había que mitigar, una herida que cicatrizar. Mientras no cauterizara la herida, el hombre debía poner un apósito en ella para evitar que sangrara. Pero no se conformó con esta solución que, en el peor de los casos, podría desembocar en una curación defectuosa o una infección. Cosió la herida, puso grapas y, finalmente, borró la cicatriz con un láser.

Pero existe otro hecho: el ser humano es un ser creador. Desde que a su compañero lo cazó un depredador cuando intentaban huir de él encaramándose a un árbol y, en venganza, se lanzó desde lo alto blandiendo una rama arrancada. Al matarlo contra todo pronóstico, reorganizando así la pirámide alimenticia, ese humano descubrió que tenía un poder singular: podía revertir la ley natural con su ingenio, inventar objetos, reorganizar la naturaleza, estimular sus sentidos de forma artificial, crear vida, nuevas especies. Otra de sus primeras creaciones fue también una creencia que a partir de ese momento diese sentido a todo lo que no entendía, y que pudiese ir deshojando a medida que resolviese uno a uno los enigmas a los que daba cobertura. Es decir: A medida que desarrollaba su ciencia, espoleada por su fe en sí mismo, iba sustituyendo a dios por sí mismo.

Otra prueba de la existencia de Dios sería la fe (la misma que da alas a la ciencia) y sus efectos sobre el ánimo y el ego humano. Discutiendo sobre este asunto con mi suegra, ésta vino a decir que sentía pena de las personas que no creen porque pierden un punto de apoyo fundamental. Desde el momento en que alguien tiene ese conforto que le ayuda a levantarse y seguir adelante, se puede decir que sí, hay algo (o alguien) intangible a su lado.

Todo esto no dejan de ser opiniones personales inspiradas por un científico que no cree, que escribe preguntas y respuestas que desembocan en más preguntas a las que debemos dar respuesta para seguir avanzando.