domingo, 30 de enero de 2022

Acordaos de los Sudetes

 Podría hacer como el embajador de Rusia que ejercía de jurado en el certamen de Miss España y
ponerte a ti, lector, en un brete como puso aquél a la miss Melilla 2001: Dime en unas 25 palabras, ¿qué sabes del presidente de su país? ¿Qué podrías decirme de Vladimir Putin?

¿Conoces al posiblemente mayor megalómano -por ahora- del siglo XXI?

 

Puedes decirme que es un ex agente del KGB que pasa las vacaciones de Navidad en Siberia a pecho descubierto, matando osos con las manos desnudas y cazando linces con el Kalashnikov descargado (los abate con su mirada penetrante), monta a lomos de dinosaurios que ha desextinguido él mismo en el permafrost de los Urales y hace piragüismo remando con sus propios brazos abriendo brecha por el hielo del Ártico. Que usa su poder mental para controlar el mundo desde un despacho del Kremlin -botón rojo para qué, cuando tienes capacidad mental para disparar y dirigir misiles balísticos con cabezas termonucleares con sólo pensar en ello- y que sería capaz de arrasar Murcia con sólo mirarla en el mapa… si le interesara saber dónde está Murcia.

 

¡Y ni se te ocurra hacer chistecitos fáciles con su apellido mentando a su progenitora!

 

Lo cierto es que este hombre con cara de funcionario público que se propuso resucitar la grandeza de Rusia cuando las borracheras oficiales de su antecesor era lo más comentado a nivel internacional del antiguo gigante euroasiático, tiene otros paralelismos mucho más siniestros que el de su apellido con el mal llamado oficio más antiguo del mundo. Posiblemente esté a las puertas de desencadenar un conflicto internacional como hacía 70 y pico años que no veíamos en el mundo.

 

Bueno, en proceso está desde hace ocho años. 

 

Exactamente desde que se propuso -activado el modo sarcasmo- liberar a las rusificadas regiones de Ucrania que viven subyugadas y discriminadas por la ucranización ordenada desde Kiev, desnazificar esos territorios por donde campan los fascistas al descubierto y devolver a Rusia un territorio injustamente perdido en la firma de ciertos acuerdos se vieron obligados a aceptar para reconocer la autonomía e independencia administrativa y territorial de lo que antaño fueron territorios suyos -off-.

 

Putin debe estar esperando
también su entrada triunfal
en el Dombás.

Y ahora tiramos de libro de historia para buscar algo parecido: Un líder bajito que accede al poder de forma sorprendente invitado por su decrépito antecesor -la historia tiene incendios y explosiones terroristas entre medias-, que queriendo recuperar el orgullo perdido de su país, se pone a arañar territorios que ya no le pertenecen -o que nunca le pertenecieron- a golpe de intervención armada, justificación social y patriótico-lingüística ante la pasividad de sus vecinos y de toda la comunidad internacional, que se queda como pensando “bueno, pero de ahí no pasa”… hasta que pasa y sigue, visto que nadie le para los pies. Y al final, una guerra de carácter global que nos cuesta millones y millones de vidas a lo largo de todo el mundo*.

 Bueno, aún es pronto para llegar a este extremo en el momento actual, pero dada la tensión que transmiten algunos en sus intervenciones públicas, en las que su rictus podría quebrar nueces a golpe de sonrisas forzadas, poca calma nos trasladan, mientras una gran operación militar camuflada de maniobras de entrenamiento se prepara a lo largo de fronteras internacionales. 

 

¿Y quién es ése Putin con cuyo nombre sí, llevamos años haciendo coñas? Pasó más o menos desapercibido para el mundo hasta que el 31 de diciembre de 1999 Boris Yeltsin, en un esfuerzo de sobriedad atenazada por crisis internas tan graves como una guerra en Chechenia, lo nombró su sucesor. Debió pensar: “a este tío no se le van a subir a las barbas esos chechenos tiñosos que me están atragantando los chupitos de vodka”. Y tal cual.

 

Barrió del mapa Grozni y cualquier resistencia secesionista sin que la prensa internacional (quitando cuatro tarados informativos entre los que se contaba un aguerrido corresponsal español que pudo saltarse el férreo bloqueo militar) pudiese hacerse una idea de lo que pasaba por ahí, más allá de lo que informaban los medios oficiales controlados por un estrecho colaborador de la inexistente campaña electoral del ya presidente electo. Fuera de Rusia sabíamos poco más del asunto que esos ‘tiñosos’ presuntamente se dedicaban a poner bombas y matar civiles en Moscú, justificando la mano dura con la que el ex coronel del Ejército Rojo trató a sus paisanos en los territorios periféricos de la Gran Rusia en cuanto tuvo el control.

El español Miguel Gil (centro) fue de los pocos periodistas
internacionales que pudo documentar para el mundo
cómo la nueva Rusia de Putin descargó a golpe de bombas su
frustración por no poder controlar una región como Chechenia.


Sabemos que algunas de sus decisiones inmediatas pasaron por restituir parte de los símbolos que dieron al régimen anterior su gloria militar, como un remozado himno cogiendo lo más adecuado del muy sonoro de la época soviética, o la bandera roja que ondeó victoriosa en Berlín sobre el fascismo y que volvía a aparecer en algunos actos oficiales, como la jura de su guardia presidencial en el Kremlin, por ejemplo. 

 

Y Rusia empezó a despegar. Aquel gigante con pies de barro que se desplomó tras la caída del Muro de Berlín volvía a recuperar el pulso internacional a base de una economía autocrática y el renacimiento de unas mastodónticas fuerzas armadas que si antaño fueron la amenaza del mundo libre, hoy eran un guiñapo mugriento pudriéndose en sus cuarteles.

 

Ese tío que daba tanto juego para memes en Facebook comenzó a pintar algo en el mundo mientras Rusia, la ex potencia modelo Guadiana, volvía a lo alto junto a un grupo de nuevos ricos mundiales: los BRICS. Y mientras también, algunos amiguetes de Putin se iban haciendo un hueco en las listas de Forbes (o en las páginas de sucesos junto a aquellos que en algún momento pusieron en duda las formas del líder).



Por no decir que este tío ha copiado en todo a sus antecesores, a su favor diremos que no se le puede acusar de haber cultivado en exceso el culto a su calva imagen. No tiene estatuas por doquier -financiadas por suscripción popular, ya se sabe- ni su retrato sobredimensionado preside aulas y salas de reuniones. Aunque lo de los memes en internet, como digo, ha sido un exitazo. Quién sabe, ahora que lo pienso, si se debe al trabajo de esas redes de desinformación y manipulación digital que dicen que maneja desde el Kremlin. ¿Será su particular adaptación, entonces, de aquellos usos a las modas modernas?


Lo cierto es que hasta la fecha parece haber mantenido la estructura democrática que heredó hace 22 años más o menos igual que estaba a su llegada. Otros megalómanos egocéntricos ya habrían cambiado constituciones y similares por iniciativa propia, granjeándose con ello la desconfianza popular y ciertas críticas hasta comprensibles. Putin parece que fue más listo y, para no tener que cambiar la norma de las dos legislaturas como máximo en el poder, se buscó la continuidad en ese periodo de cuarentena democrática dejando a su mano derecha -¿o izquierda?- a los mandos durante los cuatro años de rigor. 

 

¿Que quién era Dimitri Medvédev? Para la opinión pública occidental otro ilustre desconocido hasta que Putin lo sentó en su sillón. Para los rusos nada menos que el tipo que lleva a la sombra del líder desde que éste dejara la carrera militar a principios de los 90 (tan aburrida ahora que ya no eran ni los malos de las películas de espías) para meterse en campañas municipales en San Petersburgo.

 

Medvédev a la diestra de su patrón el día que
lo proclamaron presidente democráticamente.
Como jefe de gabinete, Medvédev estaba a la izquierda de Putin en la foto de equipo cuando éste ganó las elecciones del año 2000 explotando brillantemente la campaña de la no campaña: ¿para qué malgastar dinero público en discursos, carteles y mítines, cuando lo que la gente quiere ver es a sus políticos trabajando? Hala, victoria al canto. Por cierto, que de aquella foto resulta curioso ver cuántos perdieron la confianza del jefe y hoy han desaparecido -literalmente o en proceso- del panorama: Boris Nemtsov, Mijail LesinKseniya Ponomaryova, Mijail Kasianov… ¿Y ahora Gleb Pavlovsky y Anatoli Chubais?


Mismo día que la foto anterior. Algunos de los presentes ya no lo están más.

 
En cuanto eso, Medvédev ha confirmado lo rentable que puede salirle una lealtad tan inquebrantable como demostró tener cuando, pudiendo haberse presentado a la reelección presidencial al cumplir su primer mandato en 2012, anunció su paso a un lado para permitir así una nueva candidatura del jefe. En pago, el fiel escudero de Putin ya ha sido primer ministro de Rusia (cabeza pequeña del que podríamos llamar biunvirato ruso) y presidente de la mayor empresa gasística del mundo desde que Putin llegó al poder. Nada mal. 

 

Aunque ojo, que también Rudolf Hess estuvo a la derecha de Hitler desde el principio y un buen día apareció volando en solitario sobre los cielos de Escocia al principio de la II Guerra Mundial**. Medvédev ha dado otro paso al lado -con permiso de su jefe- y ahora mismo no se sabe por dónde anda, aunque sea subjefe de no sé qué de seguridad. 


En fin, que Putin tiene la mira puesta en Ucrania y sin dejar de mirar por el rabillo del ojo a los socios y amiguetes de la OTAN que, por cercanía o interés, le interesa tener bajo control militar. Para eso lleva años anunciándonos lo moderno que se ha vuelto su ejército, las armas súper molonas que ha desarrollado, los misiles inalcanzables que van atiborrando sus arsenales… Vamos, que lo que otros países presentarían discretamente o ya como hechos consumados (que el negocio es el negocio y hay que vender), el ex agente del servicio secreto y hoy presidente indiscutible de todas las Rusias -vete tú a discutirle nada a éste- anuncia a bombo y platillo cada nueva adquisición. ¿Marketing o amenaza real? Infelizmente parece que el tiempo -no muy lejano- nos lo dirá.

 

Ahora acordaos de los Sudetes, del Anschluss y de la invasión de media Polonia -o buscadlo en Google y si eso otro día hablamos de que Rusia también invadió al mismo tiempo el otro cacho de Polonia- y pensad si compensa seguir anunciando sanciones y medidas tibias o, como hicieron Ingleses y Franceses entonces, ponerse a declarar guerras a lo gallito cuando el gallo con los espolones más largos ya había asestado los primeros picotazos.

Alemanes y rusos invadieron Polonia, cada uno por su lado, animados por la inoperancia internacional.
Al final la II Guerra Mundial estaba servida... contra los primeros. 



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*. Lo que viene siendo Hitler accediendo al cargo de canciller a invitación del presidente, el viejo mariscal von Hindemburg. Poco tiempo después ardía fortuitamente el Reichstag, la sede del gobierno alemán, y los nazis encontraban de cabeza de turco a obreros comunistas extranjeros para cargar más las tintas de todo el país contra estos colectivos (no alemanes y comunistas). A partir de ahí, vía libre para unificar a todos los alemanes del mundo bajo una misma bandera.

En su caso Putin recibió el testigo de un apagado Boris Yeltsin que no encontraba cómo resolver la revuelta de Chechenia. Casualmente por esos días se sucedió una serie de atentados terribles en Moscú que fueron achacados a los separatistas chechenos. Combustible más que propiciatorio para granjearse el apoyo de la población a cualquier medida de castigo militar que tomase en aquella región.

**. El sucesor oficial de Hitler se puso él mismo a los mandos de un cazabombardero BF-110 una buena noche y no paró hasta caer en Escocia. Se supone que fue a negociar un posible tratado de paz con Inglaterra -ante la imposibilidad de invadir las islas- y así liberar ese frente de cara a la próxima invasión de la Unión Soviética. Pero ni él soltó prenda desde que lo capturaron en el 41 hasta su suicidio en el presidio de Spandau en el 87, ni sus colegas de tropelías se sintieron muy a gusto de compartir banquillo con él en el juicio de Nuremberg.

martes, 8 de junio de 2021

Una 'historia inhumana' que posiblemente no aparezca en el libro de Historias Inhumanas

Creo que corría el año 96 o 97. El Ayuntamiento de Palencia había montado una carpa de medianas dimensiones en el parque del Salón para amenizar un poco el frío de esos carnavales. ¡Y nada menos que Los Inhumanos iban a tocar ahí adentro! Me parecía poco espacio para tanta banda. Por eso me fui unas cuantas horas antes a acechar la taquilla -por llamarlo de alguna manera- y comprar mi entrada antes del concierto, no me fuera a quedar en la calle.

¡Qué raro! A media hora de empezar el concierto solo éramos cuatro -literalmente- en la fila. Los mismos que seguíamos ahí una hora después. Por fin a las once asomó alguien por la solapa de la carpa para preguntarnos si aún queríamos entrar. ¡Claro! Para eso íbamos a pagar la entrada!

Así que entramos. Había una barra de bar a la derecha y al fondo el escenario. Mínimo para lo que yo recordaba haber visto en la tele de las multitudinarias presentaciones de mi admirada banda valenciana. Pedí lo más barato que tuvieran para beber (un cachi de cerveza, supongo) y me puse junto al resto en primera fila. En ese momento levantaron los laterales y abrieron los pies de la carpa, y una marea humana irrumpió dentro -sospecho que más por guarecerse del frío que por verdadero interés musical- mientras ¡por fin! Los Inhumanos saltaban al escenario.

¡El delirio!

En premio a nuestra fidelidad, nos invitaron a los cuatro de la primera fila a subir al escenario. ¿Que no? Ahí me tiré todo el concierto (mis compañeros desistieron al tercer o cuarto tema) merced a un acuerdo alcanzado con el batería: yo le pasaba lumbre para lo que fuese que fumase entre canción y canción y él me dejaba darle un lingotazo de vez en cuando a la botella de wisky camuflada al lado del bombo.

Sería Alfonso Aguado el que, antes del primer y último bis, agradeció al público palentino por brindarle esa oportunidad tan importante en su carrera, ese divisor de aguas, ese concierto que en el mejor de los casos debería representar el resurgimiento de la banda, su relanzamiento, “porque después de aquella noche les quedaba claro que no se podía caer más bajo”.

Ese momento tan inolvidable valió cada una de las 400 pesetas -más 150 del cachi, creo- que me costó juntar para estar esa noche compartiendo escenario, mechero y wisky con la banda más gamberra de mi infancia (a distancia de La Orquesta Mondragón y Los Toreros Muertos).

Ese concierto en Palencia fue la antesala de este
triste doble cedé recopilatorio.

Recientemente he visto (ya no sé si camino a la papelera o como parte de mis bártulos aún almacenados en la casa matriarcal) el cartel que, una vez vacía la carpa, rescaté de la zona del bar para que la banda (lo que quedaba de ella) me lo firmase. Años lució orgullosamente en un rincón de mi cuarto ese recuerdo -el único- de aquel show que preludió el canto del cisne -literal- que fue ese doble cedé titulado Apaga y Vámonos. Algo así como un "te lo dije" en Palencia, en el que para más inri destrozaron el tema de Manué... En fin.

Y ahora sí, la referencia literaria

Historias inhumanas, de Alfonso Aguado (sí, el mismo líder de aquella tropa de locos). Y no, no lo he leído aún -puntualizo: ahora sí-.
¿Pero cómo no voy a querer leerlo si después de descubrir que existe me puse a rememorar todo este rollo que he soltado aquí encima? Porque bien podría aparecer en el libro como aparecen otras anécdotas que -ahora puedo decir que la mía es como una gota de agua en medio del océano- guardan bastante paralelismo con mi historia. Así que para nostálgicos de los ochenta todo esto resultará familiar. Sin haberlo leído ya lo recomiendo -y una vez leído, más-. Ahí queda 

Epílogo:

Vale, quien conozca las letras de Inhumanos sabrá que ni tienen la lírica de un Bécquer -la mala leche sí, seguro- ni la locuacidad de un Larra. No, no son unos románticos. Todo lo contrario. Lo suyo es la juerga por la juerga y este libro refleja precisamente eso mismo: un rato largo riendo, flipando en colores con las que se podían liar antes, durante y después de un concierto -incluso sin concierto de por medio-, sin autocensuras -algo muy de agradecer en estos tiempos de meapilismo institucionalizado- ni miramientos.

Hemos venido a hacer unas risas y a fé que el pater superioris Alfonso Aguado ha conseguido su objetivo.


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                                     (...O NO. TODAVÍA TENEMOS UNA ESPERANZA)

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miércoles, 28 de abril de 2021

A David Beriaín

Él acababa de llegar una vez más de Sudán donde, junto a su amigo Boštjan Videmšek, estaba embarcado en la cruzada casi personal de que el mundo no fuese ajeno a una guerra civil en la que millones de personas llevaban décadas matándose sin que la Opinión Pública prestase mucha atención. Yo venía de pasar unas 'vacaciones' recluido en Ferrol tratando de aislarme para poder escribir a gusto mi proyecto de fin de carrera.

Una repentina infección le había hecho volver antes de tiempo de su expedición y andaba con los riñones hechos cisco. Pero sacó ganas y fuerzas para recibirme una vez más en su piso de jubileta -otras historias por contar- en Cambre unas horas antes de que se me acabasen las vacaciones. Me costó mucho estrés, sudor y varias conexiones improbables de tren y autobús entre Ferrol, La Coruña y un apeadero de mala muerte para no perder la oportunidad de vernos por última vez. De charlar de su trabajo, de su salud, de aquellos conciertos de Obús y Los Suaves, de la guerra... y a correr de vuelta al maldito apeadero para intentar no perder el tren que me dejaría en casa de mañana temprano, con el tiempo casi justo para darme una ducha, desayunar y volver al curro.
Ese día nos vimos por última vez. Hace ya 16 años.

Después el contacto se fue diluyendo. Él dejó La Coruña. Yo me fui a Melilla. A él el mundo se le quedaba pequeño y yo me enfrascaba en mis cosas (vida, trabajo, Naide, niñas) a uno y otro lado del Atlántico. Móviles que se pierden. Emails que cambian. Archivos digitales en formatos que ya no se leen... Bueno, me quedan algunas anotaciones en una libreta y todo un proyecto de fin de carrera donde un capítulo entero de la tercera parte, sobre La guerra moderna, está dedicado a un ejemplo de esos corresponsales de la nueva hornada: David Beriaín, 'El Loco de las Montañas'.

Que conste que el mote se lo puso otra de mis inspiradoras: Almudena Ariza, después de que David llegara una vez más al filo de la noticia atravesando territorio hostil, rodeado de guerrilleros de verdad, sin la cobertura y protección de los 'libertadores', al margen de empotrados y corresponsales 'permitidos'. Siempre buscando la Noticia lejos de donde se sirvieran informaciones oficiales en bandeja.

El pobre, hablando de todo aquello entre visita y visita al baño, contando cómo estaban las cosas en Sudán y la atención que consiguieron de toda la comunidad internacional hacia una carnicería que hasta entonces parecía que no estaba pasando. Disculpándoseme por no haber podido ir a buscarme o no haber podido, al menos, quedar en un sitio menos impracticable para un peatón impenitente como yo.

¡Quién nos ha visto y quién nos ve!

Más allá de los recuerdos, por algún lado andará una foto que nos hicimos en no sé qué bar de la zona vieja donde, por cierto, me presentó a no me acuerdo qué componente de Los Diplomáticos de Montealto (aquella noche fui amigo inseparable de un fulano cuyos discos aún suenan de vez en cuando en mi coche). Y aquella otra foto que me mandó desde Afganistán, mimetizado de muyahidín con uno de aquellos graciosos sombreros con forma de hamburguesa durante un reportaje en el mayor mercadillo de armamento ilegal de aquellas tierras.

El tío se jugaba el tipo por hacer lo que más le gustaba: informar. Y se lo curraba como nadie. Tenía inteligencia, intuición, suerte y arrestos. Una combinación de oro para conseguir exclusivas. Os recuerdo que él entrevistó al famoso mulá Omar antes de que se convirtiera en el número dos de los más buscados del mundo por detrás de Bin Laden. Por no hablar de su histórica entrada -y salida, detalle muy a tener en cuenta- en las bases de las FARC. Casi se deja la piel en esa otra guerra más cotidiana pero igualmente peligrosa de los percebeiros de la Costa de la Muerte...

En fin. Que un día me dio por pensar que posiblemente de mis amigos serías el primero en partir... y así ha sido. Aunque afortunadamente haya sido varios lustros después de que Carlos Fernández me leyese la necrología que le habían encargado preparar los editores de La Voz... por si las moscas. Y ya ves, por otro lado, con tu ejemplo precisamente desistí de seguir la carrera de corresponsal a la que tanto me empujaba desde pequeño el ejemplo de otro gigante como Pérez Reverte. Estando tan cerca me puse a tu lado y vi que con admiraros no valía. Había que valer y a mí me faltaba ese empujón natural de los echaos p'alante.

Así que alguien habrá para agradecerte, David, que nunca aceptases mi reiterada propuesta de ser tu porteador en la próxima empresa en la que te embarcaras cuando te escribía para felicitarte por tu último éxito. Pero que conste que sigo queriendo ser como tú cuando sea mayor. Aunque mis ardores guerreros no pasarán, al final, de una biblioteca monográfica bastante curiosona y un manuscrito de 12.064 palabras entre las que no se cuentan unos agradecimientos en los que apareces como inspirador del tema.

Que la tierra te sea leve, compañero. Amigo.

viernes, 2 de abril de 2021

La extinción profunda de la noticia en papel


Cuando pisé Brasil por primera vez, hace más de 11 años, fueron muchas cosas las que me llamaron la atención. Pero una de ellas tiene mucho que ver con el tema que voy a desarrollar ahora y que está de infeliz actualidad, tanto aquí como allá.
En los grandes edificios residenciales donde se apilan los habitantes de clase media y alta, la garita del portero es un elemento tan fundamental como el ascensor de servicio -dios nos libre de coger el mismo ascensor que la empleada doméstica o el entregador de comida a domicilio- o la necesidad de mantener corrientes de aire para ventilar las viviendas.  

En dicha garita, a la espalda del portero, existen cajetines cuadrados, uno por apartamento para clasificar el correo y demás envíos y encomiendas, y donde a primera hora de la mañana asomaban los periódicos del día. Y sí, era una imagen digna de verse para un periodista. Porque en Recife eran tres los periódicos diarios generalistas que se editaban (dejo aparte los deportivos, sensacionalistas y demás morralla) y más o menos todo el mundo era suscriptor de alguno de ellos. En nuestro caso de los tres. Y también, escribo en pasado porque todo eso ha cambiado. 

Lo de los periódicos asomando enrollados por el vano cuadrado de los cajetines, cual lanzacohetes Katiusha listo para disparar sobre las líneas alemanas, era digno de verse. Pero ocurrió como con los pueblos de nuestra España vaciada. Que un día dejó de asomar el vecino de aquella casa. Otro día se cerró para siempre la puerta del de más allá. Al siguiente aquellas persianas no volvieron a levantarse, Un día la fila del pan ya no era fila, en el bar no había con quien jugar la partida... y cuando nos quisimos dar cuenta en el pueblo ya no quedaba nadie. 

Una mañana que bajé a recoger un paquete de correos me di cuenta. Nosotros ya no recibíamos periódicos desde hacía meses. Manteníamos las tres suscripciones digitales y accedíamos a la versión on-line o en pdf según nos interesara, pero en papel nada. Y por eso de nuestro cajetín ya no despuntaba papel alguno (el paquete estaba en el suelo porque no cabía) y del de la mayoría de los demás vecinos tampoco. Hablamos de un edificio donde podría haber aproximadamente medio centenar o más de suscriptores entre un periódico u otro.

Bueno, pues a día de hoy, de los tres diarios uno acaba de cerrar definitivamente su edición impresa esta semana dejando en la calle a otro chorreón de empleados, entre personal de redacción y de imprenta. Otro de esos diarios está desde hace algunos años que si cierra o no cierra, reduciendo a la mínima expresión su presencia física y su equipo humano. Y sólo el tercero parece que aún tiene fuelle para seguir imprimiendo, aunque sea a costa de mal tener una plantilla que en muchos casos se ha construido con los despojos de las constantes reducciones de personal de los que otrora fueran grandes emporios de la comunicación con trayectorias más que centenarias. La edición en papel, como vaticinábamos hace tiempo, pasó a mejor vida. Y la edición digital corre riesgo de morir por la falta de rigor de los lectores e incluso de los editores, de lo que también hablamos en su día aquí

El papel víctima de un ataque digital

Y ahora volvemos a la actualidad para referirnos a uno al que hace tiempo, con harto dolor de mi corazón, le vengo preparando la necrológica. Lo paradógico es que haya sido un ataque digital el que, momentáneamente, ha impedido su edición física estos días. El Diario Palentino, y con él algunos periódicos del Grupo Promecal, veía esta Semana Santa cómo tenía que salvar los muebles a base de edición digital. El problema es que, una vez resuelto el problema, muchos se darán cuenta de que tampoco se le ha echado tanto de menos y con ello deje de salir a la calle definitivamente el decano de la prensa palentina en el que he tenido el orgullo de formarme hace 20 años. Una lástima que algunos no vieran que seguir usando las mismas fórmulas comerciales y editoriales de dos décadas atrás puede no ser la mejor forma de preservar un medio en un momento tan dinámico como el que vivimos.

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martes, 29 de diciembre de 2020

El tumor

*Masa de células transformadascon crecimiento y multiplicación anormales.

Cierto día apareció el individuo -no veo dos-, la célula primigenia, ajena en un entorno, un organismo, lleno de otros que como ella aparecieron y se expandieron. Crecieron en número y experiencia e hicieron crecer con ellos ese entorno. Pero este individuo concreto se comportaba de forma muy distinta. Al ver la riqueza que le rodeaba decidió asentarse, crecer, reproducirse y disfrutar los recursos a su alrededor, hasta ahí como los demás, pero sin pensar en el mañana. Los otros tampoco es que lo pensaran mucho pero mantenían un equilibrio inconsciente, secular. Pero equilibrio a fin de cuentas.

Y así, como una mancha negra se fue extendiendo, el invasor, sustituyendo con sus voraces unidades las de los otros seres que le rodeaban y que ahora sólo eran meros instrumentos para su expansión. Si se daba cuenta o no de su labor suicidamente destructiva nadie lo sabría decir a ciencia cierta, pero ahí estaba, sabiendo que el espacio cada vez era menor, consciente de que debía saltar a un espacio nuevo porque su reciente colonización estaba a punto de agotarse. Reseca. Muerta.

Pensaba que no tendría depredadores -aparte de sí mismo-, pero sí. A veces fuerzas externas llegaron para acabar con SU plaga. Fuerzas por momentos tan agresivas o más que este ente y todos los suyos juntos. Fuerzas miopes que no reparaban en cómo, al acabar con un mal, también devastaban todo alrededor de éste. Indiscriminadamente. Mientras, el invasor, si se daba maña, podía saltar al entorno vecino para seguir su labor lejos de la depredación ajena. Concentrado en la suya propia.

Y así fue acabando con todo. Con toda la vida. Incluida la suya propia. Llegó a un punto en el que este individuo eran tantos como él, tan improductivos y destructivos, que todo lo demás era yermo. Y esa mancha oscura que les representaba dejó de pulsar. Dejó de crecer porque ya no tenía hacia donde ir. Porque había acabado con todo. Aquel continente. Aquel organismo hecho de otros organismos menores y miembro a su vez de más organismos superiores, murió. Se consumió con todo lo que llevaba dentro, incluido el que provocó su final. 

Inspirado en Asier Aparicio y Félix Rodríguez de la Fuente. 

domingo, 18 de octubre de 2020

Sarmiento. Vino, vida y misterio para disfrutar una tarde de otoño

Después de meses de espera, 'Sarmiento' ya
se puede encontrar en las librerías. Como en la
palentina Librería Iglesias.

Tal vez quedaría más apropiado comenzar diciendo que mientras degusto algún conocido rótulo de la Ribera del Duero, afronto el teclado esta madrugada para hablar de un buen libro, para animaros a paladear estas páginas que son como un trago de tinto joven, audaz, con aromas del norte... Pero no. Tengo una taza donde humea un café recalentado con miel, porque si no, me da sueño y no avanzo más, que ya refresca y hay más cosas que hacer. 


Así que allá voy, con las páginas aún calientes (algo menos que el café) y las ideas borboteando en la cabeza. 

Si dijera que Sarmiento tiene un poco de Falcon Crest a lo mejor me acaban acusando de aguafiestas. Otros lo anglificarán con un manido 'spoiler', pero es que es así: una historia con título enológico puede acabar desembocando en estos asuntos. Y hasta ahí puedo contar. ¿será que he hablado de más?

Bueno, vamos a entrar en materia. Si tuviese un poco más de labia seguiría hablando del primer golpe de sabor en boca, misterioso, impredecible, para luego asentarse en el paladar, dejar matices de roble francés y chopo burgalés (sí, sí, los puristas pueden mirarme mal), con aromas de galerna rizando las cumbres alavesas. ¿Qué más? Al final se descubre como un libro audaz, ni mucho menos predecible aunque se desarrolla satisfactoriamente sin sobresaltos. Va fluyendo hacia un desenlace... bueno, eso os lo dejo a vosotros.

¿Para qué un postureo con un vino
si siempre hay café a mano.

Es la historia de un escritor vallisoletano -salve al maestro Delibes- de novela negra y vida decadente. Hasta ahí podríamos decir que uno más. Pero, en medio de una vida realista -"troppo vero", que diría su incómoda Santidad- en escenarios casi conocidos, tiene un poso de saboreador de vinos y tapas que engancha. Tanto que hacía meses que no me cepillaba un libro, ni corto ni largo, en dos sentadas-. Esa vida tiene que dar un giro y lo hace cuando una serie de misteriosos mensajes empiezan a llegarle con frases de sus primeras novelas. ¿La historia de un autor implicado en la que sería su propia trama? Puede ser. Habrá que llegar al final de la copa para descubrir que el vino satisface sin subírsele a uno a la cabeza. 

Ahí, ahí, haciendo sombra a Pérez Reverte... 

Del autor (uno de ellos) ya hemos hablado por aquí mismo. Un día nos tiene que contar cómo es eso de escribir en tándem. Ahí lo dejamos. ¿Qué os parece? Y otras preguntas, qué duda cabe. Lo cierto es que del segundo libro al tercero se sigue viendo esa evolución. De lo bueno a lo mejor. Y no es por hacer la pelota a un amigo (en este caso a dos), porque otras veces hemos escrito no por compromiso, pero casi, y si hay que decir las cosas como son, se dicen y punto. Como lo de que la editorial se deje algunas correcciones en el aire. Pero de ese pecado, hoy en día, ni los de Planeta se libran. En fin, seguimos con la cruzada.

Sólo una cosa más: Si te gusta leer, comer, beber y amar (y no, nada de best sellers amirricanos), aquí tienes una opción más que válida. 

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martes, 23 de junio de 2020

Viajes en el tiempo 'Meidin Espein'

...o cómo sobrevivir a un país que, literalmente,

se caga en sus muertos


Si existiese, sería la cartera más deficiente de todo el entramado ejecutivo de este país. ¡Y mira que el listón está alto! O bajo, no sé ya. Me refiero a la del Ministerio del Tiempo, no a cualquier otra. ¿Y por qué? Pues porque un Ministerio del Tiempo con un correcto funcionamiento no hubiese permitido que pervirtiésemos como lo hemos hecho a lo largo de generaciones enteras la historia de este país. Con un Ministerio del Tiempo medianamente operativo hoy no sería vilipendiado -una vez más- el legado que España aportó para la fundación de un imperio como el estadounidense. El Ministerio del Tiempo en el mundo real hubiese puesto en su sitio a los propagandistas extranjeros que crearon la famosa Leyenda Negra y, principalmente, habría evitado que los primeros en creérsela fuesen los propios españoles.


En fin. Si hubiese existido un Ministerio del Tiempo no habríamos tenido el Ministerio del Tiempo. ¿O sí? -T3-C13- y nos habríamos perdido una de las ficciones más sorprendentes que ha parido esta santa tierra desde hace años. Porque, seamos sinceros, si en lo creativo España ha brillado durante siglos precisamente gracias al esfuerzo individual de cada autor, cuando la cosa ha requerido concitar esfuerzos -también financieros- en equipo, el proyecto o muere o emigra. ¡Y mira que en España se ha creado! Pero eso la gente no lo sabe. O no lo ha querido saber, porque mal que bien, al menos hasta los últimos estertores de la EGB se enseñaba algo de Historia


Pero es más fácil quedarnos con la versión propagandística negativa. ¡Si hasta en el libro de Historia se hablaba de la Armada Invencible, cuando lo correcto sería referirse a la Grande y Felicísima Armada! Luego te llegan dos paletos americanos que se están haciendo de oro enseñando como mercadean en un canal antiguamente dedicado a la Historia y dicen que para qué quería España tanto dinero -manoseando un doblón rescatado de algún pecio del Caribe- si no hizo más que perder guerras toda su vida... y el presunto canal dedicado a la Historia lo emite sin pestañear. Y el público patrio asiente condescendiente, meditando y lamentando una vez más cómo los gringos tienen que venir a sacarnos los colores.

parece falso pawn stars GIF

Y ahí aparece una serie que, con aquel presupuesto con el que cualquier realizador americano ni se molestaría en levantarse para abrir la puerta después de invitarte a salir de su despacho, un grupo de locos españoles capitaneados por una pareja de hermanos visionarios, se pone a revitalizar nuestra maltrecha Historia a base de guiones de buen cómic y efectos especiales indulgenciables -patada consciente al diccionario-. Porque puede sonar victimista decir que a la Historia de España se pasan el día dándole palos. Que suena a alumno al que todos los profes le tienen manía. Pero es que hasta eso puede pasar de vez en cuando. Es que es así. A los documentos nos podemos remitir, que a burócratas y amontonadores de informes, actas y comisiones no hay quien nos gane. Id si no a Simancas, Salamanca, Sevilla -¿ciudades con S de archivoSSS?-, o a la propia parroquia de vuestro pueblo, y ya veréis todos los legajos que se guardan desde que alguien empezó a escribir cosas.

Simancas: un castillo para proteger nuestra memoria. 
Que tenga que venir una serie de la tele a descubrirnos quiénes eran y por qué lo eran Clara Campoamor, El Empecinado (bueno, a éste en Valladolid al menos le tienen un poco más calado), Luis Buñuel o ¡Ambrosio de Spínola! Por no hablar de otros pioneros como Emilio Herrera y Enrique Gaspar. El primero, por ejemplo, que debería ser famoso por inventar la escafandra espacial, y el segundo por los viajes espaciotemporales. ¡Pero nada!

Anacronópete Vs Time machine

Pues a los dos les ha hecho justicia la serie recientemente. ¡Y me alegro! Reconozco que del primero había oído hablar, algo menos levemente cuando el año pasado se cumplió el cincuentenario del primer viaje a la luna. Al segundo, en cambio, le acabo de quitar gracias al MdT ese tupido velo del olvido y el desconocimiento absoluto. ¡Nada menos que al que le pasó 10 años por delante a H.G. Wells a la hora de hablar de los viajes en el tiempo por primera vez en la historia de la literatura de ficción!

Cuando confieso que uno de los actores favoritos de mi infancia es Rod Taylor se debe precisamente a la adaptación cinematográfica del libro de Wells. Y todo por escenas como la del paso del tiempo en el maniquí de la acera de enfrente o, principalmente, el terror que me causó ver los libros deshaciéndose entre las manos del protagonista en aquel bucólico futuro de felices analfabetos y cavernosos rabadanes.



El Ministerio del Tiempo 4: El verdadero origen del AnacronópeteBueno, pues que sepáis que antes de aquella especie de trineo con una sombrilla china giratoria accionada con la palanca mágica, ya estaba la nave de hierro forjado y cristal (mucho más espaciosa y vistosa, dónde va a parar) del profesor don Sindulfo. Y que los villanos de la serie estuvieron más cucos que los agentes de Salvador Martí para hacerse con ella. Y que el facsímil del libro está a la venta gracias a la editorial de los herederos del propio Enrique Gaspar. Y que merece mucho la pena conocer tanto la historia, como al autor y su herencia editorial. Así que ahí os lo dejo dicho.

Y al Ministerio del Tiempo, "qué buen vasallo si tuviese buen señor".

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-ministerio-del-tiempo/ministerio-del-tiempo-temporada-2-capitulo-9-tiempo-leyenda/5534951/

PD. ¿Y lo del subtítulo? Pues eso. Que cómo no vamos a tener la Historia como la tenemos en un país en el que, según el momento y la entonación, nos ciscamos en nuestros propios progenitores, en los del vecino y en los de San Pedro bendito si hace falta para expresar tan dispares sentimientos como rabia, alegría, odio o frustración. Demasiado poco nos pasa.

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