Mostrando entradas con la etiqueta españa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta españa. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de octubre de 2025

Corsarios del Mediterráneo o la piratería consentida

Representación modestamente artística de la 'victoria' moral de los Gretanautas ante el abordaje israelí
y la expectación impotente o abúlica de la 'autoridad' española.  

Quién nos iba a decir que
en pleno siglo XXI íbamos a volver a tener corsarios sueltos por el Mediterráneo -más allá de las páginas del Capitán Alatriste- abordando impunemente barcos y flotas ajenas sin que toda la maquinaria burocrática y militar internacional pudiese/quisiese hacer nada más que quedarse mirando.


Primera puntualización: léase la palabra corsario como lo que es, dicho de un buque o tripulación “que andaba al corso (campaña marítima que se hace al comercio enemigo, siguiendo las leyes de la guerra) con patente del Gobierno de su nación”. O dicho más popularmente: una variante de la piratería pero con permiso oficial.

Y segunda: quedarse mirando como se han quedado los navíos de guerra (valga la redundancia: "a ver navíos" que dicen en Portugal para referirse a algo decepcionante), desplegados por los gobiernos de dos de los países implicados directamente por ser víctimas, algunos de sus nacionales, en este caso de asalto injustificado por cualquier ley nacional o internacional de las que, se supone, rigen el buen trato de nuestra sociedad humana. En el caso de los italianos, al parecer la idea de su presidenta (ideológicamente más próxima a un alineamiento con el gobierno del país asaltante) era la de desestimular a los aventureros de seguir su singladura rumbo a Gaza. En el caso de la patrullera española Furor, todo lo contrario: dar aliento, apoyo y asistencia... hasta cierto punto. Y no sobrepasar la línea delimitada unilateralmente por Israel EN AGUAS INTERNACIONALES, para "evitar enfrentamientos".

Así que imagínesense la papeleta de nuestros valerosos marinos viendo de lejos cómo a partir de ese punto, paisanos suyos bajo cuya protección navegaban un rato antes, son hostigados, abordados y finalmente capturados sin causa legalmente justificada por sus homólogos de un país presuntamente aliado. Porque la función de nuestra Armada, al parecer, no pasaba de ser un mero entretenimiento de cara a la galería, un trágico postureo de sus superiores políticos -en ausencia de cualquier capacidad de acción de su superior militar- para quedar bien y distraer la atención de otros focos mediáticos más próximos.


Gallito esconde el pico.



¿Recuerdas la Operación Atalanta, aquella que desplegó en 2008 la Unión Europea frente al Cuerno de África para evitar la piratería somalí? La misión consiste en tender una red de vigilancia e intervención rápida en aguas internacionales para proteger a los usuarios de estas rutas de paso, fundamentales para las economías occidentales frente a la amenaza real provocada por un grupo de antiguos pescadores locales que han descubierto un lucro mayor en el cambio de las cañas y las redes por fusiles y lanzacohetes para dedicarse a presas más jugosas. Occidente echó al mar fragatas, helicópteros y satélites para combatir a las lanchas neumáticas y los cayucos de distinta consideración que amenazaban la integridad de petroleros, portacontenedores o simples particulares, así como pesqueros como el caso del tristemente famoso del atunero español Alakrana (triste porque en esa ocasión ya nos ridiculizaron una vez, aunque el desenlace para las víctimas, al menos, fue satisfactorio -así como para los piratas-) y, hasta hoy, nuestras marinas de guerra en acción conjunta pueden sacar pecho del éxito alcanzado en la preservación del derecho internacional del mar.

Pero ¡ay! ¿Qué pasa si nos salimos de esas rutas de interés general amenazadas por cuatro piojosos -con perdón- y se nos pone delante una fuerza igualmente ilegal en aguas igualmente internacionales pero más fácilmente obviables? Pues que ahí sí, me atrevo a afirmar que nos hemos dejado robar -una vez más- la cartera en la cara de la forma más humillante. Nosotros a través de nuestros máximos representantes porque, una vez más, tanto nuestras autoridades nacionales como supranacionales se han quedado con el culo al aire, absolutamente desautorizadas por quien sí ha sabido hacer uso, por su parte, de esa misma autoridad -la propia nacional como la supranacional- cuando le ha hecho falta (léase, la ONU en 1947 y después cuando le ha parecido). Pero lo peor de todo es que, como digo, nuestras administraciones públicas han quedado como el culo demostrando una vez más su nula operatividad cuando de verdad hay que dar la cara. Que ponerse gallito enseñando tu poderío naval frente a cuatro pordioseros somalíes montando cayucos y luego achantarte cuando enfrente tienes a alguien con un poco más de fuerza que oponerte es ya como una especie de marca de la casa de la ONU y sus membrillos

Y quien se ha encargado esta vez de sacarle los colores a todos los de arriba ha sido precisamente un grupo de activistas en modo Colau y los Gretanautas.

Porque a estas alturas claro está que nadie dudaba del desenlace de la heroica Flotilla de Greta. Y sí, digo heroica porque hay que reconocer que le han echado un par de huevos mediáticos. Porque sería demasiado ingenuo pensar que Israel desbloquearía las costas de Gaza solo para que ellos y su veintena de cascarones ruidosos -y contaminantes, pobre Greta qué sacrificios tiene que hacer por la causa- tocasen tierra con el equivalente en ayuda humanitaria a un dedal de agua para alguien perdido en el desierto. Pero entiendo la operación más como el gesto simbólico que efectivo. La cosa era dejar al aire, en streaming online al vivo y con un seguimiento masivo, las vergüenzas de la piratería moderna ejercida por un único país ante la connivencia del resto. Y lo han logrado. 

¡Misión cumplida, marineros! 


Barcos sin honra

Y lo han hecho dejando en ridículo al resto de países, tanto a los que siguen mirando para otro lado como a los que se te acercan como el pariente lejano en el funeral y te sueltan un compungido "no somos nada" después de darte su apoyo y antes de enfilar hacia el bar más cercano. Y como aquellos otros más comprometidos con la causa que, en un teatral gesto de dignidad, se rasgan la camisa y proclaman a los cuatro vientos su completa adhesión a la causa pero que a la hora de pasar el cepillo echan un par de monedas (de las coloradas o como mucho de las amarillas) y todavía te espetan, con cara de suficiencia, que te quedes con el cambio.

Y mientras, yo me imagino que nuestros marinos y militares profesionales allí presentes, conocedores de las leyes del mar tanto como de su obligación vocacionalmente asumida al servicio de sus ciudadanos, habrán tenido que tener cómo mínimo un retortijón al pensar que les han mandado a hacer el ridículo mar adentro por un mero postureo político, impotentes ante la imagen de sus compatriotas abordados a la vista y dentro de unas aguas donde, por ley, nada ni nadie debería impedir que acudan en demanda de auxilio. Seguimos perdiendo batallas navales también en el siglo XXI sin haber soltado una salva. Imagino que don Casto Méndez Núñez no aprobaría en absoluto la recepción que le hagan a la Furor en su próxima llegada de vuelta a puerto, veremos si a la callada de la noche como ya ha ocurrido otras veces en que el Gobierno no ha querido enturbiar más sus aguas, o con la pompa de quien necesita hacer mucho ruido para acallar otros asuntos. 


También te puede interesar

-Estado Palestino: ¿Por qué peleamos ahora por lo que -se supone- ya existe desde 1948 gracias a Israel?

-Netanyahu también es antisemita
-El descojonamiento de Kamen
-
El mundo se va a la mierda II - No lo llames censura, que suena feo. Pero que tampoco me hagan llamarlo cancelación, porque es idiota

-Mi sancta sanctorum o como leer en un ambiente... peculiar
-Reflexiones durante una parada en el camino

-Las elecciones y la Inteligencia... artificial

sábado, 24 de septiembre de 2022

El descojonamiento de Kamen

Me imagino a Henry Kamen descojonado -perdón por la grosería- en su sillón leyendo las entrevistas que le hacen en tal o cual periódico, destacando una cara u otra de su personaje según le convenga a la tendencia del medio. Pero vamos, que me lo imagino así porque hasta el momento no lo tengo, como se suele decir, 'fichado'. Y ya se sabe que en esta tierra si no llevas la etiqueta de unos u otros, o eres un verso suelto o un desconocido.

Y en mi caso, no conocía ni la obra ni la idea de este escritor, pero después de empujarme durante casi un mes su ¿Defendiendo? España, he podido trazar un perfil que, corríjanme si me equivoco los que hayan leído más de él o sobre él, dibuja a un tipo controvertido, sarcástico, bufo, ¡burlón! Y tú que lees estas palabras dirás: ¡vaya! Otro españolito de pulserita y polito rojigualda mosqueado porque le han venido de fuera a cantarle las verdades del barquero". 

Hasta la página 300 o así te tiras mirando a ver si era cierto eso del título de que es para "defender España". Que no es que sea un patriota nacionalista, pero vamos, que con la excusa de "la gente de fuera que defendió España", al final parece que
     1.- Los peninsulares dependíamos de los transpirenaicos para todo;
     2.- España es Castilla y lo demás tierras subyugadas;
     y 3.- la leyenda negra no existió aunque en el libro no haga más que tirar -también- de fuentes aceptadas como propaganda antiespañola, vulgo 'leyenda negra'.

Insisto y perjuro que hasta la mitad del libro de vez en cuando volvía a leer la portada, porque no terminaba de cuadrarme. Y ahora que lo estoy acabando ya paso. Me he venido a documentarme un poco más y claro, internet también dice cosas. Sobre la presentación del libro han aparecido varias entrevistas por aquí y por allá. Leo los titulares y ya me dan una idea. Los de unos periódicos hablando de una visión crítica pero veraz. Los de otros de una alianza misericordiosa con los abatidos españoles, oprimidos por las mentiras oficiales propias y la presión de los rivales -que no enemigos- externos durante siglos.

"un completo ejercicio de hispanofilia", leo por un lado; 

¿Defendiendo? De qué, de quiénes... ¿De nosotros mismos? A lo mejor la siguiente frase nos da una idea:

           «Disculparía a los españoles como culpables

           de este victimismo y culparía más bien a grupos

           intelectuales, una minoría, que ha deformado la

           manera de ser y de estudiar la historia del país».

Leyendo esto ahora después de tragarme su libro veo su doble filo. ¡Qué tío! Que no, que no está hablando bien de los españoles y mal de una minoría manipuladora. Que lo que está diciendo es que somos un rebaño controlado por cuatro gatos -la minoría de intelectuales- que nos han dicho lo que tenemos que pensar y opinar. ¡Es brillante! Y nos lo hemos tragado y lo hemos alabado como hispanista amigo. Lo dicho. El tipo está despollado en su sillón con una brandy de Jerez en una mano y un puro cubano dando aroma en la otra, escuchando algún reguetón con los ojos cerrados mientras balancea su cabeza de un lado a otro, con una sonrisa de complaciente satisfacción asomando al extremo sur de su redondeada faz mientras escucha las noticias que genera día a día su querida Europa Sur.

"¡Qué bien nos salió la jugada!" pensará mientras levanta la copa en honor a Drake, Nelson, las isabeles albionas y los vencedores en despachos e imprentas de la rebautizada Armada Invencible...

Pero también a lo mejor me he equivocado y el tipo realmente defiende España de tipos como yo. Por si acaso ahí te lo dejo para que lo veas por tu cuenta y luego me lo cuentas.


También te puede interesar

-Analizando al contrincante anglosajón 

-La #TontunadaLiteraria del Día del Libro

-Una de chistes

-El Mein Kampf vuelve a ser Best Seller

-La losa de Jacob o cómo voy a recomendar un libro para no leerlo

-¡Más papel, es la guerra!

sábado, 8 de junio de 2019

Antigüedad: Cuna de pilotos de guerra


César y Augusto Martín Campo lucharon en los cielos de España, abriendo los caminos del aire a sus paisanos de la localidad palentina. Casi 70 años después, uno de sus 'descendientes' recogió en un libro los hechos de estos dos hermanos.

(texto elaborado para la agencia ICAL en enero de 2006)
Algo tiene Antigüedad, un pequeño pueblo del Cerrato palentino de no más de 400 habitantes censados a fecha de hoy. Y es que de esta localidad han surgido tradicionalmente pilotos y miembros del Ejército del Aire desde que este cuerpo se encontraba aún en pañales en España. A esta época pertenecen los hermanos Martín Campo, César y Augusto, que a finales de los años 20 descubrieron el mundo de la aviación de forma casi paralela.

Y ha tenido que ser otro antigüedeño ligado al Ejército del Aire, el teniente coronel y piloto Jorge Clavero, quien recogiera las peripecias de sus dos antecesores fallecidos durante la Guerra Civil, cada uno sirviendo a un bando. En un estilo casi novelado, pero basado en datos reales, experiencias y anécdotas de quienes vivieron aquella época y conocieron a los dos pilotos, Clavero ha creado un interesante libro, testimonio de una época ya lejana.

César Martín Campo, el mayor de los dos hermanos, accedió al incipiente arma aérea a través del Ejército de Tierra, donde llegó al grado de teniente de Caballería. Experimentado jinete de competición (lo atestiguan sus premios y menciones), tuvo su primer contacto con la aviación a través de su hermano Augusto.

El segundo de los Martín Campo, Augusto, fue en realidad el verdadero pionero e inductor, ya que a través de él fue como su hermano tomó conocimiento de la aviación. Augusto dejó los estudios para ingresar en el Ejército en la escala básica de Caballería, buscando estar a las órdenes de su hermano. En un permiso en Madrid, el soldado Martín Campo entabla amistad con quien acabaría siendo jefe de la aviación republicana, Andrés García Lacalle, y juntos ingresan en una academia de aviación civil.

Piloto civil. 

Corrían los últimos años 20, y los aviones con que contaba España en su parque aéreo tanto militar como civil, no pasaban aún de ingenios de tela, madera y metal. En el Aeroclub de Alcalá, Augusto realizó ‘la suelta’ en un viejo Avro 504 de entrenamiento y reconocimiento aéreo en febrero del 28. 

Su hermano mayor no realizaría el cambio de montura (a los 80 caballos de potencia del motor Gnome montado por los Avro) hasta el año 30, cuando ingresa en el curso de Oficiales Aviadores impartido en Cuatro Vientos por el capitán Mariano Barberán (quien alcanzaría la gloria a bordo del Breguet XIX ‘Cuatro Vientos’al atravesar en el 33 el Atlántico de este a oeste –España-Cuba-, en la mayor distancia aérea cubierta hasta el momento sobre el mar).

Antes de lograr César el título de piloto militar (tenía que pasar por el curso de observador y mecánico), su hermano ya había logrado convertir sus ‘alas’ civiles en militares, accediendo en el 32 al título de ametrallador bombardero. Ya con el grado de sargento, Augusto pasaría a la base de Los Alcázares de Cartagena como instructor de ataque a tierra.

Sobrevolando Antigüedad 

El 29 de mayo de 2005, cinco aparatos de entrenamiento de la Patrulla 41 con base en Matacán (Salamanca) y otros tres cazas del Ala 15 de Zaragoza ofrecieron un espectáculo aéreo sobre el cielo de la localidad palentina. Formaba parte del homenaje a los dos hermanos Martín Campo. No obstante, no era la primera vez que los aparatos voladores revolucionaban la apacible vida cerrateña.

En uno de los capítulos del libro, el teniente coronel Clavero relata el primer episodio aéreo de Antigüedad, ocurrido el 24 de febrero de 1934 cuando estaba anunciado el aterrizaje del teniente César Martín Campo. A bordo de un Breguet XIX del Grupo 11 de caza con base de Getafe, César se desvió unas horas de un viaje de servicio a Burgos para estar con su familia. Los más mayores del pueblo aún recuerdan cómo tomó tierra y más tarde despegó el avión con ayuda de los vecinos en la era de Valdeostillo.

Y en esta situación llegó la Guerra Civil. El 17 de julio de 1936, Augusto servía en la base de Los Alcázares y César en la de Getafe, mientras que su madre y sus tres hermanos pequeños se habían trasladado a vivir a Madrid. Todos ellos se hallaban en el lado fiel al gobierno republicano. 

Su forma de pensar y vivir no compatibilizaba con el tipo de régimen existente, por lo que los dos pilotos, junto a otros dos compañeros de César planearon la deserción. Hasta el siete de agosto, tanto el César Martín y sus compañeros del frente de Madrid como su hermano en acciones sobre el Mediterráneo cumplieron con su obligación como militares. Ese era el día planeado para coordinar el plan de huida, los de Getafe hacia Burgos y el de Murcia a Sevilla.

Amenazado

Un cambio temporal de destino de Augusto impidió que llegara el mensaje cifrado de su hermano, que sí logró llegar a las líneas nacionales. Por la deserción de su hermano, Augusto fue encarcelado y puesto en libertad, pero amenazado por las autoridades republicanas con la vida de su familia civil en Madrid si seguía los pasos de César.

El mayor de los hermanos sufrió las sospechas de espía en el bando nacional por la tardanza en su cambio, pero finalmente fue asignado a una escuadrilla de caza, sobre el mismo avión Nieuport 52 con el que se fugó (pertinentemente repintado ya con las escarapelas negras y las aspas de San Andrés en el timón de cola, emblemas de la aviación sublevada). Posteriormente, con la llegada de material y personal alemán, César Martín Campo entra a formar parte de ‘La Cadena’, el cuerpo de bombardeo desarrollado en la guerra española consistente en un ataque continuado a tierra como si los aviones formaran eslabones. 

Augusto había conseguido disipar la amenaza sobre su cabeza y la de su madre y hermanos a base de sobreesfuerzo en el campo de batalla. Cuando fue destinado a los nuevos Polikarpov RZ ‘Natacha’ soviéticos aún tuvo problemas como hermano de un enemigo, pero sin mayor problema hasta el mes de junio del 37, en que fue envuelto injustamente en un caso de deserción. Dos de los implicados fueron sentenciados a pena de muerte, mientras que al ya teniente Augusto Martín Campo lo condenaban a 30 años de prisión y trabajos forzados.

El fin

Encerrado en la prisión de Montjuich, Barcelona, lo último que se supo del teniente Martín Campo fue su baja definitiva en la aviación republicana el 7 de agosto de ese mismo año. Su vida, a partir de ahí, desaparece del mapa, borrada tanto física como legalmente por el derrotado ‘ejército rojo’.

Por su parte, el capitán César Martín Campo, jefe de 2ª la escuadrilla, cayó en acto de servicio apenas una semana después en el frente de Cantabria cuando, tras una misión de apoyo a los Tercios de Navarra, su avión sufría un aparatoso y mortal accidente sobre Reinosa.

Ellos fueron los iniciadores de una paradójica tradición aeronáutica y militar. Otros tres pilotos al menos, ha dado Antigüedad al Ejército del Aire en los últimos cincuenta años. Para Jorge Clavero, uno de ellos, el motivo de esta curiosa tradición es desconocido. “habría que preguntárselo a César y Augusto que fueron los pioneros”, contesta cuando le preguntan. En cambio para Carmen Julita Martín, sobrina de los Martín Campo, el secreto está en la propia tierra y en la amplitud de espacios; “en las noches de verano en las que casi puedes tocar las estrellas”.

Lo cierto es que en el futuro, Antigüedad seguirá siendo una cantera de pilotos gracias a precursores como estos.

-----------------------------------

*Aquí puedes escuchar la conversación que, trece años después, mantuvimos con el ahora general Clavero sobre esa curiosa tradición aeronáutica antigüedeña.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Falcó y los dinosaurios que le sobraron a Pérez Reverte



A don Arturo con Falcó le pasó lo que a Spielberg con Los Picapiedra, que después de dejarse las pestañas pergeñando la tecnología capaz de dar vida a su Parque Jurásico, con los dinosaurios que le sobraron se sacó de la manga la reinterpretación del clásico televisivo de Hanna-Barbera. 


Pues eso, que parece que al cartagenero más internacional de nuestra literatura le sobraron otro tipo de dinosaurios y personajes cuando remató su didáctica y en este país siempre parcial visión de la Guerra Civil. Y digo lo de en este país, porque por mucho que se intente, no hay conversación, escrito, frase, mención, recuerdo o interjeción referente al período histórico nacional comprendido entre 1936 y 1975 que no te alinee automáticamente, a la vista de los demás, de nuevo al lado de uno u otro bando como facha de mierda, revisionista aprovechado o vete tú a saber qué otras lindezas. Y a don Arturo le ha pasado, claro, que como no pinta a unos como los malos más perversos del mundo, ni a los otros como una legión de adalides de la libertad, pues que si es un facha. Y como los de allá, según él, se la jugaban entre ellos a ver quién arrimaba mejor el ascua a su sardina mientras los de acá, pobrecillos, nos cuenta que en realidad estaban como pollo sin cabeza llevándose la peor parte, pues que ya está ese escritorzuelo de tres al cuarto intentando ganar la guerra moral para los que oficialmente la perdieron.

Y entre medias tenemos al clásico anti héroe revertiano, lobo estepario agraciado con el sex-appeal combinado de Humpfrey Bogart con el alto del Dúo Dinámico, hombre que lucha a lo suyo y por lo suyo, siempre en solitario excepto cuando la lucha es entre sábanas o concierne al contenido insinuado por una falda volandera o un escote más o menos generoso. Falcó se mueve como pez en el agua entre conjuras al más alto nivel, traiciones de la más baja estofa, mujeres ajenas y puntos cardinales. Pérez Reverte tirando de oficio, vamos.

El resto, pues supongo que se tejió a base de documentación sobrante, hechos acumulados e interesantes biografías que por unas o por otras, no tuvieron espacio (o no todo el que la situación o la imaginación permitían) en La guerra civil contada a los jóvenes. El autor se sacó de la manga una novela ágil, de acción trepidante y un trasfondo medio creíble y, como opinan algunos, una sonda para posibles continuaciones.

Por motivos de salud, a ése de ahí atrás le ahorraron hacer cameos forzosos por las calles de Piedradura.


jueves, 23 de junio de 2016

Una escaramuza a golpe de viñeta en los rincones más desconocidos de nuestra historia

Cuando leí que se estaba creando un cómic hablando de glorias nacionales, pensé en un nuevo Capitán Trueno o un Jabato. No en vano, quitando la versión en viñetas del Capitán Alatriste, creo que no debe haber en España algo parecido desde aquellos, fuera algunas iniciativas privadas sin continuidad, como ésta a la que nos vamos a referir. Más adelante fui recibiendo más informaciones esporádicas: que si Tercios, que si crowdfunding, que si Imperio de Ultramar... Estaba en pleno auge la merecida inhumación de la memoria de Blas de Lezo, y parece que a remolque vinieron -aleluya- otras iniciativas similares. Así que me puse a indagar y me gustó lo que descubrí:

El personaje es palentino. Para más inri de Carrión de los Condes (ciudad con la que me identifico desde hace más de 15 años). Y se llama Juan Pablo. Además, parece que existió de verdad y los hechos narrados en el cómic son reales. ¡Para qué más!



 No es nada nuevo reconocer que en este país parece que nos gusta más hacer sangre de nuestros errores que alabar nuestros aciertos. Y por eso aludir a la gloria de aquellos tiempos en los que en España no se ponía el sol sigue pareciendo, a ojos de algunos recalcitrantes, reminiscencias dogmáticas escolares de épocas más recientes. Pero que no, hombre, que España tuvo su gloria. Y mucha, ¡que lo suyo les costó!

Y aquí es donde Ángel Miranda (guión) y Juan Aguilera (dibujo) se cruzan para recrear en viñetas una escaramuza con aspiraciones a orillas del río Cagayán. No me tomen a desprestigio degradarla de batalla a refriega, pero es que al final de las 72 páginas del álbum se me quedó un poco de sabor a quiero más. Que el hecho en sí, a ojos de los protagonistas, puede ser que no pasara de un cruce de espadas más de los que escribieron con sangre la historia de una de las épocas más violentas de la humanidad. Hoy lo vemos con un poco más de épica: cuando los zarrapastrosos soldados españoles mojaron la oreja de los mitificados samuráis japoneses. Acero toledano contra katanas pre-Hattori Hanzo tarantiniano. ¡Casi ná!


Un diez para la documentación, para la búsqueda de fuentes y el hilvanado de los hechos que facilitaron la creación de una historia verosímil sobre un capítulo medio totalmente desconocido. La información que se sirve en paralelo al cómic sobre cómo éste fue concebido, ideado y parido da una idea de lo difícil que es poner tinta sobre papel para crear algo así. Una pena que no consiguieran meter algo más en el tebeo. No sé, la típica paja de un guión hollywoodiense para estirar la trama, profundizar en los antecedentes de mi tocayo y protagonista, permitirse ficcionar un poco con los hechos paralelos, estirar la batalla con algún desenfoque hacia otros personajes…



En fin, la escaramuza del río Cagayán tal vez no tuvo mucha repercusión política en la época, si bien pudo ser fundamental para asegurar la españolidad de las Filipinas hasta la otra escaramuza que acabó con el desastre del 98. En su tiempo tal vez no pasara de algunas hojas en algún informe burocrático convenientemente archivado. Hoy gracias a este libro se vuelve a hacer justicia a los soldados casi anónimos que hicieron posible esa grandeza nacional de la que tanto nos han hecho ‘avergonzarnos’. Ojalá sea el primero de alguna serie en la que sigamos conociendo estos extractos pormenorizados de la historia de España.

¡Sus y a ellos! 

jueves, 19 de mayo de 2016

A paso de elefante desde Goa hasta Viena

El Viaje del Elefante, José Saramago, El Estante Combado

(Aviso, el texto que viene a continuación no va a ser fácil, pero al final creo que compensa el esfuerzo).

Reconozco que para ser un cuento de algo menos de 300 páginas, me costó acabarlo. Que la historia es entretenida, eso no se duda, pero para leer a Saramago se necesita un poco de paciencia. A fin de cuentas, de cierta forma me recuerda un poco a mi abuelo por la manera de envolvernos en su conversación, en la que iba intercalando de la forma más natural el propio fondo de lo que te iba contando con explicaciones en paralelo que, aunque no estuviesen directamente relacionadas con la historia, el contexto las iba trayendo de la mano. Claro, no es lo mismo escuchar que leer cuando el hilo de la conversación viene y va y tu atención depende de ti mismo y de la situación. Si por algún motivo tienes que desviarla momentáneamente, retomar es difícil. Pero volviendo al asunto del libro y su autor, El Viaje del Elefante y José Saramago, venía ya de lejos mi intención de envolverme con ellos. 

Inconscientemente, mi nexo con Saramago se remonta exactamente a la época en que decidí venirme a vivir a Brasil. Él, portugués casado con una española y residente en Canarias, moría por las fechas en que yo, español de Palencia residente en Melilla, decidía venirme a vivir a Brasil con mi futura esposa pernambucana. Y lo que son las cosas, ahora que pienso en lo que escribo, es triste pensar el prejuicio que puede generar esa frase anterior, ya que el subconsciente lo primero que nos llevaría a muchos a imaginar es a un españolito amante de la fiesta siendo ‘cazado’ por una mulatona en una tórrida playa tropical animada al son de la lambada… Como pensar en una española casada con un cubano y no imaginar a Marujita Díaz trayéndose un Dinio bajo el brazo a su vuelta de la perla del Caribe. Pues no, ni es mulatona, ni la saqué de su país para facilitarle los papeles en el presunto primer mundo, ni me quedé aquí fundiendo mi fortuna en obras de dudosa caridad y fiestas en la arena. Aunque sí, cuando supimos de la muerte de Saramago, estábamos en la playa y Naide, como entusiasta lectora del viejo portugués, sintió profundamente su tránsito. Algún tiempo después, cuando aún nuestra condición familiar nos permitía decidir, de un momento para otro, indagar la programación de las distintas salas de cine de nuestra ciudad y salir diez minutos después a pasar un rato disfrutando del séptimo arte, nos regalamos con una programación bien cultureta: En el conocido como Cinema da Fundação (reducto de intelectuales y resabidillos pernambucanos) emitían la cinta José y Pilar, documental producido por los hermanos Almodóvar (lo que ya de entrada podría alejarme de cualquier butaca como un repelente de mosquito nos protege del temido aedes aegipty) en el que se cuenta un momento de la vida de esa pareja (me sigo preguntando quién es más protagonista, si el premio Nobel lusitano o su revolucionaria feminista y siempre dispuesta a la bronca esposa española) que, sin saberlo (o tal vez sí), iba a relatar parte del postrero momento vital y productivo de Saramago. Entre presentaciones internacionales y homenajes que algunos ya daban por casi póstumos, Saramago está acabando su próxima novela sobre el hipotético viaje emprendido por un elefante y su cuidador, traídos a la corte portuguesa de don Juan III como muestra viva de las riquezas del imperio luso alrededor del mundo, y que acabaron en Viena previo paso por las llanuras castellanas donde serán entregados como regalo de cumpleaños a orillas del Pisuerga al archiduque Maximilano de Austria, que se encontraba por aquel entonces en Valladolid representando a su cuñado Felipe II y a punto de volver para casa a asumir su condición de heredero del imperio. La historia, en sí, cuenta las peripecias del paquidermo y las reflexiones de su cornaca (cuidador) a lo largo de la ruta en la que, con la mayor simplicidad, Saramago nos cuenta, literalmente, cómo chocan y se entrelazan la forma de pensar y de actuar del portugués, del austriaco y del indio, del monarca, del funcionario público, del criador de animales, del soldado y del religioso. Y digo que nos lo cuenta literalmente, por la raíz común del verbo contar y del sustantivo cuento. Porque la primera vez que ves la cara de adusto profesor de Literatura Portuguesa, no imaginas que ese acartonado viejo de rictus hierático que merecidamente podría ilustrar bustos y estatuas junto a los grandes héroes de las letras mundiales sin que el artista tuviese que esforzarse mucho imaginando la expresión que debería
José Saramago pasándoselo bien.
Un cachondo éste Saramago.
Cómo se lo pasa con la bolita, oiga.
dar a su escultura para que hiciese justicia a la gravedad de la obra, atesora en el fondo de sus inexpresivos ojos y su incorrecta gramática un excelente humor cerebral. En eso sí que no me recuerda al señor Manín, mi abuelo, al que el buen humor se le escapaba, si me permiten la perífrasis hiperbólico-metafórica, tanto por las arrugas de su embigotada cara como por la brillante calva cuando la boina la dejaba al aire. Pero sí, los dos sabían contar historias, y meterles, como quien no quiere la cosa, un toque divertidamente interesante sin perder la gravedad del asunto, alternando el estilo directo con el indirecto y la anécdota con el dato veraz, hasta tejer un relato cautivador en el que mil ramas podían llevarte de la más paradójica de las conclusiones a la teoría más evidente. 

¿Y con  todo lo anterior qué es lo que he querido decir? Pues eso mismo: Que igual que nunca es tarde para empezar a escribir, aunque para saber envolver y cautivar con tus historias no necesitas ser el más famoso de los autores, tampoco hace falta ser un genio para que te permitan jugar con las normas establecidas (ya sean gramaticales o legales), aunque al final a los ricos y famosos, aun siéndolo, siempre les acaban cayendo regalos y concesiones que a los demás, por no serlo, habitualmente nos toca apoquinar. Puede que ahí resida precisamente la genialidad, en encontrar un diferencial y saber sacarle partido. Todo sea por mantener el orden natural que sea y que nos hace disfrutar de cosas como la lectura de Saramago, por muy antipático que nos resulte su estilo conversado, casi vertido, podría definirlo, por no caer en el escatológico y un poco despectivo de calificarlo como vomitado, y descubrir que ese portugués que al contrario que el clásico turista, decidió recrearse en lo más árido de las islas Canarias con lo más arisco del carácter femenino (o esa es la imagen que ella insiste en dar dejando para la intimidad de su alcoba los cariños secretos de la pareja), es una persona divertida con mucha genialidad escondida tras sus gruesas cejas. Y que a lo mejor me tachan ahora de inmodesto por creerme el descubridor de todo eso cuando la persona ya ha ganado hasta el Nobel de literatura y todo, pero bueno, hasta Américo Vespucio se llevó los honores de dar nombre a dos continentes y pico cuando todo el mundo sabe que, vikingos y migraciones esquimales prehistóricas aparte, quien descubrió América fue Cristóbal Colón, ya sea como marino genovés, contrabandista balear, príncipe republicano independentista catalán, hidalgo gallego con afición a las letras o lo que sea. Valga mi intento de homenaje al estilo y argumentación (aunque mejor puntuado y mayusculado) del contador lusitano, con el que he querido traer hasta aquí al lector, al mismo paso con el que el viejo Salomón (o Solimán) fue recorriendo el mundo desde el imperio portugués hasta el austrohúngaro, una de las últimas obras de José Saramago en vida. Que las póstumas ya tendrán tiempo de ir llegando.

miércoles, 27 de abril de 2016

Los borricos en la política.

Hoy voy a dar una de oportunista para traer un sainete del siempre genial y nunca lo suficientemente ponderado humorista, poeta, dramaturgo y escritor (tal vez tuvo la mala suerte de ser muerto en el lado 'errado' de la intelectualidad), don Pedro Muñoz Seca, que en 1909 daba a luz la hilarante obrilla La Casa de la Juerga (documento casi original en el enlace), donde nos presentaba la siguiente descripción:


El arte de Thomas Nast, de 1873, pega que ni con cola
con los versos de Muñoz Seca, de 1906, con la situación actual.



Tengo un borrico canelo,
más sabio que un profesó,
con orejas de ministro
y ojos de gobernaó.
Rebusna como si fuera 
diputao ministerial
y se come hasta el pesebre
como cualquier concejal.

¡Ay, qué burro, tan burro, tan burro!
¡Valiente animal!

Mi borrico no se asusta
de los coches ni del tren,
y un tranvía, le hace gracia,
y un automóvil, también,
pero el pobre animalito
la otra tarde se encontró
á dos frailes de paseo
y casi se desbocó.

Yo quisiera que á mi burro
lo sacaran diputao,
porque me han dicho
que otros siendo burros han llegao.
Pero temo que de serlo 
vaya a quedarme sin él, 
porque como allí habrá tantos 
no lo voy á conocer.

lunes, 15 de junio de 2015

Una de Chistes

No hay ninguna descripción de la foto disponible.Los españoles somos así de burros. Nos partimos la caja contando chistes a cada cual más bruto, pero luego cuando vemos por escrito lo que estamos acostumbrados a escuchar (y decir) en cualquier parte, se nos sube la indignación a niveles estratosféricos. Porque no me negaréis que la base de los chistes clásicos más exitosos de nuestro repertorio nacional son los contenidos escatológicos, sexistas (mención especial para los chistes de gays), racistas-regionalistas (incluyendo los de leperos, aunque en franco declive, y los de "van un alemán, un inglés, un francés/un moro, un judío, un cristiano/un catalán, un madrileño, un andaluz y Patxi...") y los de víctimas de ETA. Sí, esos mismos. Por lo menos yo me crié escuchando en mi entorno (colegio, calle, bar, ultramarinos) los de Ortega Lara y la planta que crece bajo tierra, las formas de dormir de Irene Villa y su madre, los altos vuelos de Carrero o el miedo del etarra que acompañaba a Miguel Ángel Blanco porque tendría que volver solo en medio de la noche. Y son chistes que contaban a diestra y siniestra, señoritos, obreros, diputados, anarquistas, tenderos, escolares... Y repito, con esos nos hemos partido la caja todos o casi todos, por muy de mal gusto que fuesen. 


Infelizmente, si eres persona pública tienes unas formas que guardar. Debes ser un ejemplo para la sociedad, un modelo a seguir, según las normas clásicas, un dirigente (del verbo dirigir, conducir, guiar, enderezar). Pero claro, hoy en día se estila más aquello de ser del pueblo y para el pueblo, así que en vez de intentar 'elevar las virtudes' colectivas, los políticos se dedican a ser parte del colectivo, por lo que las virtudes, sin nadie que tire de ellas para afuera, ahí van quedándose a la altura del betún. No pido ‘solones’ de Atenas, ‘sénecas’ o ‘cicerones’, pero sí algún nuevo ‘adolfosuárez’ o ‘julioanguita’, pido políticos que sepan a lo que vienen y lo que tienen entre manos. Representar a la voluntad popular es una cosa seria, aunque no lo parezca.

Lo del caso del ahora concejal ése y sus chistes de mal gusto, pues no deja de ser otro caso más de hipocresía general y del peligroso avance de las redes sociales. Lo que digo: Soltar un chiste entre amigos, en cualquier encuentro más allá de grupos de WhatsApp y seguidores de Twitter y Facebook es y siempre será (al menos en nuestra generación actual), motivo de popularidad y carcajada asegurada. Ahora, cuidado con querer ser el graciosillo de la cuadrilla a nivel global porque Google no te olvida y en el futuro, quién sabe si no acaba pasándote factura tu humor ibérico. Y para acabar en plan cultureta, recuerda: “Verba volant. Scripta manent”.