viernes, 2 de abril de 2021

La extinción profunda de la noticia en papel


Cuando pisé Brasil por primera vez, hace más de 11 años, fueron muchas cosas las que me llamaron la atención. Pero una de ellas tiene mucho que ver con el tema que voy a desarrollar ahora y que está de infeliz actualidad, tanto aquí como allá.
En los grandes edificios residenciales donde se apilan los habitantes de clase media y alta, la garita del portero es un elemento tan fundamental como el ascensor de servicio -dios nos libre de coger el mismo ascensor que la empleada doméstica o el entregador de comida a domicilio- o la necesidad de mantener corrientes de aire para ventilar las viviendas.  

En dicha garita, a la espalda del portero, existen cajetines cuadrados, uno por apartamento para clasificar el correo y demás envíos y encomiendas, y donde a primera hora de la mañana asomaban los periódicos del día. Y sí, era una imagen digna de verse para un periodista. Porque en Recife eran tres los periódicos diarios generalistas que se editaban (dejo aparte los deportivos, sensacionalistas y demás morralla) y más o menos todo el mundo era suscriptor de alguno de ellos. En nuestro caso de los tres. Y también, escribo en pasado porque todo eso ha cambiado. 

Lo de los periódicos asomando enrollados por el vano cuadrado de los cajetines, cual lanzacohetes Katiusha listo para disparar sobre las líneas alemanas, era digno de verse. Pero ocurrió como con los pueblos de nuestra España vaciada. Que un día dejó de asomar el vecino de aquella casa. Otro día se cerró para siempre la puerta del de más allá. Al siguiente aquellas persianas no volvieron a levantarse, Un día la fila del pan ya no era fila, en el bar no había con quien jugar la partida... y cuando nos quisimos dar cuenta en el pueblo ya no quedaba nadie. 

Una mañana que bajé a recoger un paquete de correos me di cuenta. Nosotros ya no recibíamos periódicos desde hacía meses. Manteníamos las tres suscripciones digitales y accedíamos a la versión on-line o en pdf según nos interesara, pero en papel nada. Y por eso de nuestro cajetín ya no despuntaba papel alguno (el paquete estaba en el suelo porque no cabía) y del de la mayoría de los demás vecinos tampoco. Hablamos de un edificio donde podría haber aproximadamente medio centenar o más de suscriptores entre un periódico u otro.

Bueno, pues a día de hoy, de los tres diarios uno acaba de cerrar definitivamente su edición impresa esta semana dejando en la calle a otro chorreón de empleados, entre personal de redacción y de imprenta. Otro de esos diarios está desde hace algunos años que si cierra o no cierra, reduciendo a la mínima expresión su presencia física y su equipo humano. Y sólo el tercero parece que aún tiene fuelle para seguir imprimiendo, aunque sea a costa de mal tener una plantilla que en muchos casos se ha construido con los despojos de las constantes reducciones de personal de los que otrora fueran grandes emporios de la comunicación con trayectorias más que centenarias. La edición en papel, como vaticinábamos hace tiempo, pasó a mejor vida. Y la edición digital corre riesgo de morir por la falta de rigor de los lectores e incluso de los editores, de lo que también hablamos en su día aquí

El papel víctima de un ataque digital

Y ahora volvemos a la actualidad para referirnos a uno al que hace tiempo, con harto dolor de mi corazón, le vengo preparando la necrológica. Lo paradógico es que haya sido un ataque digital el que, momentáneamente, ha impedido su edición física estos días. El Diario Palentino, y con él algunos periódicos del Grupo Promecal, veía esta Semana Santa cómo tenía que salvar los muebles a base de edición digital. El problema es que, una vez resuelto el problema, muchos se darán cuenta de que tampoco se le ha echado tanto de menos y con ello deje de salir a la calle definitivamente el decano de la prensa palentina en el que he tenido el orgullo de formarme hace 20 años. Una lástima que algunos no vieran que seguir usando las mismas fórmulas comerciales y editoriales de dos décadas atrás puede no ser la mejor forma de preservar un medio en un momento tan dinámico como el que vivimos.

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martes, 29 de diciembre de 2020

El tumor

*Masa de células transformadascon crecimiento y multiplicación anormales.

Cierto día apareció el individuo -no veo dos-, la célula primigenia, ajena en un entorno, un organismo, lleno de otros que como ella aparecieron y se expandieron. Crecieron en número y experiencia e hicieron crecer con ellos ese entorno. Pero este individuo concreto se comportaba de forma muy distinta. Al ver la riqueza que le rodeaba decidió asentarse, crecer, reproducirse y disfrutar los recursos a su alrededor, hasta ahí como los demás, pero sin pensar en el mañana. Los otros tampoco es que lo pensaran mucho pero mantenían un equilibrio inconsciente, secular. Pero equilibrio a fin de cuentas.

Y así, como una mancha negra se fue extendiendo, el invasor, sustituyendo con sus voraces unidades las de los otros seres que le rodeaban y que ahora sólo eran meros instrumentos para su expansión. Si se daba cuenta o no de su labor suicidamente destructiva nadie lo sabría decir a ciencia cierta, pero ahí estaba, sabiendo que el espacio cada vez era menor, consciente de que debía saltar a un espacio nuevo porque su reciente colonización estaba a punto de agotarse. Reseca. Muerta.

Pensaba que no tendría depredadores -aparte de sí mismo-, pero sí. A veces fuerzas externas llegaron para acabar con SU plaga. Fuerzas por momentos tan agresivas o más que este ente y todos los suyos juntos. Fuerzas miopes que no reparaban en cómo, al acabar con un mal, también devastaban todo alrededor de éste. Indiscriminadamente. Mientras, el invasor, si se daba maña, podía saltar al entorno vecino para seguir su labor lejos de la depredación ajena. Concentrado en la suya propia.

Y así fue acabando con todo. Con toda la vida. Incluida la suya propia. Llegó a un punto en el que este individuo eran tantos como él, tan improductivos y destructivos, que todo lo demás era yermo. Y esa mancha oscura que les representaba dejó de pulsar. Dejó de crecer porque ya no tenía hacia donde ir. Porque había acabado con todo. Aquel continente. Aquel organismo hecho de otros organismos menores y miembro a su vez de más organismos superiores, murió. Se consumió con todo lo que llevaba dentro, incluido el que provocó su final. 

Inspirado en Asier Aparicio y Félix Rodríguez de la Fuente. 

domingo, 18 de octubre de 2020

Sarmiento. Vino, vida y misterio para disfrutar una tarde de otoño

Después de meses de espera, 'Sarmiento' ya
se puede encontrar en las librerías. Como en la
palentina Librería Iglesias.

Tal vez quedaría más apropiado comenzar diciendo que mientras degusto algún conocido rótulo de la Ribera del Duero, afronto el teclado esta madrugada para hablar de un buen libro, para animaros a paladear estas páginas que son como un trago de tinto joven, audaz, con aromas del norte... Pero no. Tengo una taza donde humea un café recalentado con miel, porque si no, me da sueño y no avanzo más, que ya refresca y hay más cosas que hacer. 


Así que allá voy, con las páginas aún calientes (algo menos que el café) y las ideas borboteando en la cabeza. 

Si dijera que Sarmiento tiene un poco de Falcon Crest a lo mejor me acaban acusando de aguafiestas. Otros lo anglificarán con un manido 'spoiler', pero es que es así: una historia con título enológico puede acabar desembocando en estos asuntos. Y hasta ahí puedo contar. ¿será que he hablado de más?

Bueno, vamos a entrar en materia. Si tuviese un poco más de labia seguiría hablando del primer golpe de sabor en boca, misterioso, impredecible, para luego asentarse en el paladar, dejar matices de roble francés y chopo burgalés (sí, sí, los puristas pueden mirarme mal), con aromas de galerna rizando las cumbres alavesas. ¿Qué más? Al final se descubre como un libro audaz, ni mucho menos predecible aunque se desarrolla satisfactoriamente sin sobresaltos. Va fluyendo hacia un desenlace... bueno, eso os lo dejo a vosotros.

¿Para qué un postureo con un vino
si siempre hay café a mano.

Es la historia de un escritor vallisoletano -salve al maestro Delibes- de novela negra y vida decadente. Hasta ahí podríamos decir que uno más. Pero, en medio de una vida realista -"troppo vero", que diría su incómoda Santidad- en escenarios casi conocidos, tiene un poso de saboreador de vinos y tapas que engancha. Tanto que hacía meses que no me cepillaba un libro, ni corto ni largo, en dos sentadas-. Esa vida tiene que dar un giro y lo hace cuando una serie de misteriosos mensajes empiezan a llegarle con frases de sus primeras novelas. ¿La historia de un autor implicado en la que sería su propia trama? Puede ser. Habrá que llegar al final de la copa para descubrir que el vino satisface sin subírsele a uno a la cabeza. 

Ahí, ahí, haciendo sombra a Pérez Reverte... 

Del autor (uno de ellos) ya hemos hablado por aquí mismo. Un día nos tiene que contar cómo es eso de escribir en tándem. Ahí lo dejamos. ¿Qué os parece? Y otras preguntas, qué duda cabe. Lo cierto es que del segundo libro al tercero se sigue viendo esa evolución. De lo bueno a lo mejor. Y no es por hacer la pelota a un amigo (en este caso a dos), porque otras veces hemos escrito no por compromiso, pero casi, y si hay que decir las cosas como son, se dicen y punto. Como lo de que la editorial se deje algunas correcciones en el aire. Pero de ese pecado, hoy en día, ni los de Planeta se libran. En fin, seguimos con la cruzada.

Sólo una cosa más: Si te gusta leer, comer, beber y amar (y no, nada de best sellers amirricanos), aquí tienes una opción más que válida. 

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martes, 23 de junio de 2020

Viajes en el tiempo 'Meidin Espein'

...o cómo sobrevivir a un país que, literalmente,

se caga en sus muertos


Si existiese, sería la cartera más deficiente de todo el entramado ejecutivo de este país. ¡Y mira que el listón está alto! O bajo, no sé ya. Me refiero a la del Ministerio del Tiempo, no a cualquier otra. ¿Y por qué? Pues porque un Ministerio del Tiempo con un correcto funcionamiento no hubiese permitido que pervirtiésemos como lo hemos hecho a lo largo de generaciones enteras la historia de este país. Con un Ministerio del Tiempo medianamente operativo hoy no sería vilipendiado -una vez más- el legado que España aportó para la fundación de un imperio como el estadounidense. El Ministerio del Tiempo en el mundo real hubiese puesto en su sitio a los propagandistas extranjeros que crearon la famosa Leyenda Negra y, principalmente, habría evitado que los primeros en creérsela fuesen los propios españoles.


En fin. Si hubiese existido un Ministerio del Tiempo no habríamos tenido el Ministerio del Tiempo. ¿O sí? -T3-C13- y nos habríamos perdido una de las ficciones más sorprendentes que ha parido esta santa tierra desde hace años. Porque, seamos sinceros, si en lo creativo España ha brillado durante siglos precisamente gracias al esfuerzo individual de cada autor, cuando la cosa ha requerido concitar esfuerzos -también financieros- en equipo, el proyecto o muere o emigra. ¡Y mira que en España se ha creado! Pero eso la gente no lo sabe. O no lo ha querido saber, porque mal que bien, al menos hasta los últimos estertores de la EGB se enseñaba algo de Historia


Pero es más fácil quedarnos con la versión propagandística negativa. ¡Si hasta en el libro de Historia se hablaba de la Armada Invencible, cuando lo correcto sería referirse a la Grande y Felicísima Armada! Luego te llegan dos paletos americanos que se están haciendo de oro enseñando como mercadean en un canal antiguamente dedicado a la Historia y dicen que para qué quería España tanto dinero -manoseando un doblón rescatado de algún pecio del Caribe- si no hizo más que perder guerras toda su vida... y el presunto canal dedicado a la Historia lo emite sin pestañear. Y el público patrio asiente condescendiente, meditando y lamentando una vez más cómo los gringos tienen que venir a sacarnos los colores.

parece falso pawn stars GIF

Y ahí aparece una serie que, con aquel presupuesto con el que cualquier realizador americano ni se molestaría en levantarse para abrir la puerta después de invitarte a salir de su despacho, un grupo de locos españoles capitaneados por una pareja de hermanos visionarios, se pone a revitalizar nuestra maltrecha Historia a base de guiones de buen cómic y efectos especiales indulgenciables -patada consciente al diccionario-. Porque puede sonar victimista decir que a la Historia de España se pasan el día dándole palos. Que suena a alumno al que todos los profes le tienen manía. Pero es que hasta eso puede pasar de vez en cuando. Es que es así. A los documentos nos podemos remitir, que a burócratas y amontonadores de informes, actas y comisiones no hay quien nos gane. Id si no a Simancas, Salamanca, Sevilla -¿ciudades con S de archivoSSS?-, o a la propia parroquia de vuestro pueblo, y ya veréis todos los legajos que se guardan desde que alguien empezó a escribir cosas.

Simancas: un castillo para proteger nuestra memoria. 
Que tenga que venir una serie de la tele a descubrirnos quiénes eran y por qué lo eran Clara Campoamor, El Empecinado (bueno, a éste en Valladolid al menos le tienen un poco más calado), Luis Buñuel o ¡Ambrosio de Spínola! Por no hablar de otros pioneros como Emilio Herrera y Enrique Gaspar. El primero, por ejemplo, que debería ser famoso por inventar la escafandra espacial, y el segundo por los viajes espaciotemporales. ¡Pero nada!

Anacronópete Vs Time machine

Pues a los dos les ha hecho justicia la serie recientemente. ¡Y me alegro! Reconozco que del primero había oído hablar, algo menos levemente cuando el año pasado se cumplió el cincuentenario del primer viaje a la luna. Al segundo, en cambio, le acabo de quitar gracias al MdT ese tupido velo del olvido y el desconocimiento absoluto. ¡Nada menos que al que le pasó 10 años por delante a H.G. Wells a la hora de hablar de los viajes en el tiempo por primera vez en la historia de la literatura de ficción!

Cuando confieso que uno de los actores favoritos de mi infancia es Rod Taylor se debe precisamente a la adaptación cinematográfica del libro de Wells. Y todo por escenas como la del paso del tiempo en el maniquí de la acera de enfrente o, principalmente, el terror que me causó ver los libros deshaciéndose entre las manos del protagonista en aquel bucólico futuro de felices analfabetos y cavernosos rabadanes.



El Ministerio del Tiempo 4: El verdadero origen del AnacronópeteBueno, pues que sepáis que antes de aquella especie de trineo con una sombrilla china giratoria accionada con la palanca mágica, ya estaba la nave de hierro forjado y cristal (mucho más espaciosa y vistosa, dónde va a parar) del profesor don Sindulfo. Y que los villanos de la serie estuvieron más cucos que los agentes de Salvador Martí para hacerse con ella. Y que el facsímil del libro está a la venta gracias a la editorial de los herederos del propio Enrique Gaspar. Y que merece mucho la pena conocer tanto la historia, como al autor y su herencia editorial. Así que ahí os lo dejo dicho.

Y al Ministerio del Tiempo, "qué buen vasallo si tuviese buen señor".

https://www.rtve.es/alacarta/videos/el-ministerio-del-tiempo/ministerio-del-tiempo-temporada-2-capitulo-9-tiempo-leyenda/5534951/

PD. ¿Y lo del subtítulo? Pues eso. Que cómo no vamos a tener la Historia como la tenemos en un país en el que, según el momento y la entonación, nos ciscamos en nuestros propios progenitores, en los del vecino y en los de San Pedro bendito si hace falta para expresar tan dispares sentimientos como rabia, alegría, odio o frustración. Demasiado poco nos pasa.

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domingo, 9 de junio de 2019

Reflexiones sobre el conocimiento del personaje inspiradas por la última novela de Elia Barceló

Estaba ahora preparándome un pequeño guión para conversar con Elia Barceló sobre su última novela, El Eco de la Piel, y no pude evitar pensar en todas las sensaciones que este libro me ha provocado. Primero una agradable sorpresa, porque si bien conocía a la autora de la que ahora me declaro abiertamente fan, confieso que nunca había leído ninguna obra suya hasta que me invitaron a hacer parte de este evento. A partir de su lectura comencé a reflexionar sobre los tres puntos de partida necesarios para alcanzar el autoconocimiento: quiénes somos, quiénes creemos que somos -cómo nos vemos- y quiénes creen los demás que somos -cómo nos ven los otros-. Elia Barceló juega con estos tres ejes para construir una trama sólida, bien definida y brillantemente resuelta.

En resumen, se trata de la historia de una chica corriente, con sus miserias y sus tonterías, a la que encargan biografiar a una mujer excepcional, ambiciosa, creativa, que supo hacerse un lugar dominante en una sociedad de machos. Es decir: una persona como tú o como yo, de las que nunca pensaríamos que merece ser objeto de estudio, frente a otra de aquellas de las que no dudaríamos en afirmar que merecía inspirar el guión de alguna producción holliwoodiense. Luego por el medio van perfilándose otros personajes igualmente fundamentales en los que se opera una transformación evidente. ¡Es más! Esa transformación la vamos generando en las dos primeras protagonistas a medida que vamos conociéndolas.

Y sin embargo, la propia Barceló me confesaba por teléfono que el lector nunca llegará a conocer del todo a sus personajes porque ella sólo nos ofrece los retazos que le parece más interesante enseñarnos para hacernos la composición necesaria de su personalidad, pildoras de su historia para acabar de componer la realidad sobre ellos que antes nos ha llegado durante la lectura, tergiversada por nuestro propio condicionamiento.

En plena gira por España, Elia Barceló recala en Palencia para presentar El Eco de la Piel. ¿Y a quién invitan los amigos de la Librería Iglesias para conversar con ella en la presentación? Toda una responsabilidad que asumo con orgullo y agradecimiento. No me imaginaba en este papel hasta que alguien consideró que mi perfil se ajustaba a la función. ¿Cuál será el resultado? Pues que a partir de ahora me conozca un poco mejor.

Un orgullo que no se esconde. Este lunes a las 19h estaremos
en la @libreriaiglesias con la escritora #EliaBarceló en la
presentación de su última novela #ElEcoDeLaPiel. Nuestro
director, @juanpausin, asume la responsabilidad
de ser maestro de ceremonias. ¡Estáis todos invitados!
Sobre la obra y su autora, poco más que decir que la que tenía como una de las grandes firmas femeninas (y considero innecesario destacar el sexo, aunque lo destaque) de la literatura fantástica y de misterio, teje una historia hiperrealista donde el misterio radica en la propia personalidad de las mujeres que dan vida a la trama: Sandra, Ofelia, Selma, Gloria, Kiki... Y también Luis, Ángel, Alberto, Diego, el padre -y la madre- de Sandra, aunque los personajes masculinos se revelan un poco menos complejos (somos, así, qué le vamos a hacer). Todos ellos tienen una cara oculta que, sin embargo, tampoco esconden. Vamos aprendiendo a apreciarla a medida que discurre la historia.

Un desenlace de la trama totalmente inesperado y sorprendente, y un final bien resuelto ponen la guinda a una excelente novela en la que se tratan de forma abierta y natural asuntos tal vez poco aptos para la mojigatería tradicional. Así que sí, un libro más que recomendable para todos los públicos que, una vez más, me hace incumplir con gusto aquella especie de compromiso que me hice un día cuando presenté la declaración de intenciones de este blog. Es más, este año llevo ya unas cuantas novedades y no se me caen los anillos.

*Por cierto, que aquí dejo la entrevista con la escritora, a partir del minuto 42'29".

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sábado, 8 de junio de 2019

Antigüedad: Cuna de pilotos de guerra


César y Augusto Martín Campo lucharon en los cielos de España, abriendo los caminos del aire a sus paisanos de la localidad palentina. Casi 70 años después, uno de sus 'descendientes' recogió en un libro los hechos de estos dos hermanos.

(texto elaborado para la agencia ICAL en enero de 2006)
Algo tiene Antigüedad, un pequeño pueblo del Cerrato palentino de no más de 400 habitantes censados a fecha de hoy. Y es que de esta localidad han surgido tradicionalmente pilotos y miembros del Ejército del Aire desde que este cuerpo se encontraba aún en pañales en España. A esta época pertenecen los hermanos Martín Campo, César y Augusto, que a finales de los años 20 descubrieron el mundo de la aviación de forma casi paralela.

Y ha tenido que ser otro antigüedeño ligado al Ejército del Aire, el teniente coronel y piloto Jorge Clavero, quien recogiera las peripecias de sus dos antecesores fallecidos durante la Guerra Civil, cada uno sirviendo a un bando. En un estilo casi novelado, pero basado en datos reales, experiencias y anécdotas de quienes vivieron aquella época y conocieron a los dos pilotos, Clavero ha creado un interesante libro, testimonio de una época ya lejana.

César Martín Campo, el mayor de los dos hermanos, accedió al incipiente arma aérea a través del Ejército de Tierra, donde llegó al grado de teniente de Caballería. Experimentado jinete de competición (lo atestiguan sus premios y menciones), tuvo su primer contacto con la aviación a través de su hermano Augusto.

El segundo de los Martín Campo, Augusto, fue en realidad el verdadero pionero e inductor, ya que a través de él fue como su hermano tomó conocimiento de la aviación. Augusto dejó los estudios para ingresar en el Ejército en la escala básica de Caballería, buscando estar a las órdenes de su hermano. En un permiso en Madrid, el soldado Martín Campo entabla amistad con quien acabaría siendo jefe de la aviación republicana, Andrés García Lacalle, y juntos ingresan en una academia de aviación civil.

Piloto civil. 

Corrían los últimos años 20, y los aviones con que contaba España en su parque aéreo tanto militar como civil, no pasaban aún de ingenios de tela, madera y metal. En el Aeroclub de Alcalá, Augusto realizó ‘la suelta’ en un viejo Avro 504 de entrenamiento y reconocimiento aéreo en febrero del 28. 

Su hermano mayor no realizaría el cambio de montura (a los 80 caballos de potencia del motor Gnome montado por los Avro) hasta el año 30, cuando ingresa en el curso de Oficiales Aviadores impartido en Cuatro Vientos por el capitán Mariano Barberán (quien alcanzaría la gloria a bordo del Breguet XIX ‘Cuatro Vientos’al atravesar en el 33 el Atlántico de este a oeste –España-Cuba-, en la mayor distancia aérea cubierta hasta el momento sobre el mar).

Antes de lograr César el título de piloto militar (tenía que pasar por el curso de observador y mecánico), su hermano ya había logrado convertir sus ‘alas’ civiles en militares, accediendo en el 32 al título de ametrallador bombardero. Ya con el grado de sargento, Augusto pasaría a la base de Los Alcázares de Cartagena como instructor de ataque a tierra.

Sobrevolando Antigüedad 

El 29 de mayo de 2005, cinco aparatos de entrenamiento de la Patrulla 41 con base en Matacán (Salamanca) y otros tres cazas del Ala 15 de Zaragoza ofrecieron un espectáculo aéreo sobre el cielo de la localidad palentina. Formaba parte del homenaje a los dos hermanos Martín Campo. No obstante, no era la primera vez que los aparatos voladores revolucionaban la apacible vida cerrateña.

En uno de los capítulos del libro, el teniente coronel Clavero relata el primer episodio aéreo de Antigüedad, ocurrido el 24 de febrero de 1934 cuando estaba anunciado el aterrizaje del teniente César Martín Campo. A bordo de un Breguet XIX del Grupo 11 de caza con base de Getafe, César se desvió unas horas de un viaje de servicio a Burgos para estar con su familia. Los más mayores del pueblo aún recuerdan cómo tomó tierra y más tarde despegó el avión con ayuda de los vecinos en la era de Valdeostillo.

Y en esta situación llegó la Guerra Civil. El 17 de julio de 1936, Augusto servía en la base de Los Alcázares y César en la de Getafe, mientras que su madre y sus tres hermanos pequeños se habían trasladado a vivir a Madrid. Todos ellos se hallaban en el lado fiel al gobierno republicano. 

Su forma de pensar y vivir no compatibilizaba con el tipo de régimen existente, por lo que los dos pilotos, junto a otros dos compañeros de César planearon la deserción. Hasta el siete de agosto, tanto el César Martín y sus compañeros del frente de Madrid como su hermano en acciones sobre el Mediterráneo cumplieron con su obligación como militares. Ese era el día planeado para coordinar el plan de huida, los de Getafe hacia Burgos y el de Murcia a Sevilla.

Amenazado

Un cambio temporal de destino de Augusto impidió que llegara el mensaje cifrado de su hermano, que sí logró llegar a las líneas nacionales. Por la deserción de su hermano, Augusto fue encarcelado y puesto en libertad, pero amenazado por las autoridades republicanas con la vida de su familia civil en Madrid si seguía los pasos de César.

El mayor de los hermanos sufrió las sospechas de espía en el bando nacional por la tardanza en su cambio, pero finalmente fue asignado a una escuadrilla de caza, sobre el mismo avión Nieuport 52 con el que se fugó (pertinentemente repintado ya con las escarapelas negras y las aspas de San Andrés en el timón de cola, emblemas de la aviación sublevada). Posteriormente, con la llegada de material y personal alemán, César Martín Campo entra a formar parte de ‘La Cadena’, el cuerpo de bombardeo desarrollado en la guerra española consistente en un ataque continuado a tierra como si los aviones formaran eslabones. 

Augusto había conseguido disipar la amenaza sobre su cabeza y la de su madre y hermanos a base de sobreesfuerzo en el campo de batalla. Cuando fue destinado a los nuevos Polikarpov RZ ‘Natacha’ soviéticos aún tuvo problemas como hermano de un enemigo, pero sin mayor problema hasta el mes de junio del 37, en que fue envuelto injustamente en un caso de deserción. Dos de los implicados fueron sentenciados a pena de muerte, mientras que al ya teniente Augusto Martín Campo lo condenaban a 30 años de prisión y trabajos forzados.

El fin

Encerrado en la prisión de Montjuich, Barcelona, lo último que se supo del teniente Martín Campo fue su baja definitiva en la aviación republicana el 7 de agosto de ese mismo año. Su vida, a partir de ahí, desaparece del mapa, borrada tanto física como legalmente por el derrotado ‘ejército rojo’.

Por su parte, el capitán César Martín Campo, jefe de 2ª la escuadrilla, cayó en acto de servicio apenas una semana después en el frente de Cantabria cuando, tras una misión de apoyo a los Tercios de Navarra, su avión sufría un aparatoso y mortal accidente sobre Reinosa.

Ellos fueron los iniciadores de una paradójica tradición aeronáutica y militar. Otros tres pilotos al menos, ha dado Antigüedad al Ejército del Aire en los últimos cincuenta años. Para Jorge Clavero, uno de ellos, el motivo de esta curiosa tradición es desconocido. “habría que preguntárselo a César y Augusto que fueron los pioneros”, contesta cuando le preguntan. En cambio para Carmen Julita Martín, sobrina de los Martín Campo, el secreto está en la propia tierra y en la amplitud de espacios; “en las noches de verano en las que casi puedes tocar las estrellas”.

Lo cierto es que en el futuro, Antigüedad seguirá siendo una cantera de pilotos gracias a precursores como estos.

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*Aquí puedes escuchar la conversación que, trece años después, mantuvimos con el ahora general Clavero sobre esa curiosa tradición aeronáutica antigüedeña.

De cuando la mitad de mis pensamientos llegaban en verso


AL INGENIO PERDIDO
Yo tuve un caballo antaño.
Para mí era como un hermano.
Corríamos juntos por los prados
bajo el suave sol de mayo.
Le hablaba al oído,
muy quedo
y él a todo me respondía
muy tierno.

Odiaba vivir atado,
era libre como el viento.
Bufó de agrado el día,
siendo él pequeño,
en que tiré el bocado
a la basura y los arreos.
Cabalgó firme por el suelo…
¡Aún oigo brioso su trote,
las mañanas de verano!

La tarde aún no ha pasado
y yo camino solo por el campo
de blanca nieve alfombrado…
¡Qué bien sonaban sus cascos
buscando el verde del fondo,
bajo la nieve!

Y ese aroma de rosas
que el muy bribón masticaba
para atrapar en él
todo lo bello y hermoso que significaban.

Pero quisieron ponerle trabas.
¿Será que era
demasiado bueno para los demás?
Murió, desesperado,
ahogado en su propia vanidad.
Ahora me visita en mis sueños,
y vuelo a lomos de mi descarnado amigo
y contemplo desolado su nuevo hogar:
No tiene hierba tierna
para pisarla con los cascos.
No hay arroyos frescos
donde reposar su secular cansancio.
Ruidos de dolor acompañan
A diario su silencio.
Que descanse donde está;
nadie mereció contemplar
ahora su ingenio.