viernes, 26 de octubre de 2018

El Mundo/Munda ya se puede ir a la mierde...

...O no. Todavía tenemos una esperanza. 


Gracias a Dios -o a la Trinidad, o a la Trimurti... No, que son todo tíos también- el proyecto no alcanzó ni una tercera parte del presupuesto previsto para salir a la luz. Pero sabemos que esta gente no se conforma. Que esperará agazapada -agazapado/agazapade- en la oscuridad -en lo oscuro... ¡en tó lo negro!- a que llegue su hora y entonces ¡zasca! Nos la meten -nos lo clavan/se le meten... bueno, eso- doblade por la espalda.

Se aprovecharon del más inocente. Un golpe que pensaban que sería maestro. Coger un encantador cuento con el que nos hemos emocionado desde la tierna infancia hasta la senectud, darle un giro de 359 grados y hale, a ser trending topic por todo el mundo guay. Peeeero no. El espíritu de Saint Exupery veló por la pureza de su creación, armó los cañones de su P-38 con sentido común e hizo que el maquiavélico plan se quedara en agua de borrajas. El Principito no iba a convertirse en Pricipesa por mucho que se empeñaran las miembras de vete tú a saber qué grupúsculo de resentidas con el mundo y la literatura.

Resulta que a su joven alteza espacial le cambian el sexo -¡halaaaa, ha dicho esa palabra que tiene equis!- y hasta el color del pelo y le reinterpretan el nombre porque claro, eso de princesita suena feo, puede dar lugar a comentarios malvados. ¡No te digo nada cuando le toca el turno de reasignación a su amigo el zorro! ¡La descojonación sideral, oiga! Y es que resulta que al malvado (esto me lo he inventado yo permitiéndome la licencia literaria de exagerar los caracteres) heteropatriarcal perpetuador de estereotipos llamado Antoine de Saint Exupery no se le ocurre otra cosa que crear un cuento con el que manipular a millones de jóvenes ciudadanos. Un cuento en el que apenas hay dos o tres personajes femeninos: ¡una serpiente malvada y una rosa estúpida!

La cosa no se queda por ahí. Como alguien interpretó que podría resultar muy violento para las generaciones venideras descubrir que una boa, por mucho que se quede con forma de sombrero, es capaz de zamparse un elefante enterito (violencia zoológica gráfica, explícita y gratuita), decidió cambiar esa parte por la imagen de un volcán, que en el peor de los casos es capaz de borrar del mapa una ciudad enterita como la romana Pompeya, con todos sus habitantes humanos, imperialistas y heteropatriarcales.

¿Otras escenas míticas adaptadas por estas clarividentes genias? Pues la del corderito -otro macho a la lista- que en un arranque de prisa el autor acaba dibujando dentro de un cajón. ¡Horreur! Por mucho que le añada agujeritos para que respire, ¿qué alma maligna es capaz de encerrar a un animalito -animalita/animalite- en una caja? Mejor lo cambiamos por una ternera y le damos una casa de verdad, con puerta y techo a dos aguas.

La iniciativa inclusiva y la neolengua


Cuando lo lei esta semana por primera vez no podía creérmelo, así que investigando un poco más el asunto, llegué a la web de este proyecto. Antes intentaron crear un crowdfunding de esos para ver si se financiaban la edición a base de otros guays progres súper comprometides con le cause inclusive reivindicative, pero afortunadamente no sacaron ni para comprar pipas. Y ahí en su web te deparas con perlas como éstas:

cuanto más se aproximen los perfiles del elenco protagonista  al
suyo propio [del lector, lectora o lectoro], más empatía e inspiración
podrá encontrar en ellos.

Vamos, que el Quijote tiene millones de lectores -lectoras y lectoros- a lo largo y ancho del mundo y de la historia pero que hubiese calado más si hubiese sido menos español, menos quijote que dicen los de allá fuera...

La literatura universal, las obras cumbres de nuestras letras,
de universales no tienen más que el alma. Sus personajes
siempre adoptan las mismas formas y, de esta manera,
continúan contribuyendo a la perpetuación de estereotipos.

Y después de esto se meten en un galimatías espaciotemporal en el que afirman que con su trabajo están adelantándose en el tiempo para que sus hijas puedan leer las grandes obras de la literatura porque claro, hasta ahora no podìan:

 ¿queremos realmente renunciar a
las grandes obras de la literatura? 

Oiga. Allá ustedes. Millones de mujeres en el mundo las han leído hasta ahora, en cada caso me imagino que discriminando si fuese necesario las agujas de las pajas -con perdón- y nadie se ha muerto en el intento. Y luego no quieren que las llamen feminazis, pero es que incurren en las mismas virtudes que los regímenes totalitarios nacidos en la primera mitad del siglo pasado, al querer rehacer los escritos para que sean mejor entendibles en el futuro. Lo mismito, oiga. Para muestra un botón que nos ofrecen ellas mismas: 

Espejos Literarios [nombre de la editorial] es para ti si…
  • Buscas una alternativa a las obras tradicionales, te preocupas por la literatura y el lenguaje inclusivos, pero no quieres renunciar a las obras maestras.
  • Piensas que los libros son más que un entretenimiento, que son herramientas para entender contextos históricos.
  • Si quieres verte reflejada en las grandes obras literarias, u ofrecer a tus hijas e hijos esta opción.
  • Confías en la idea de que los libros, gracias a la globalización y a los recursos del siglo XXI, pueden llegar a ser grandes herramientas para luchar contra la desigualdad en el mundo.
  • Te gustaría conocer las conclusiones sociales que pueden extraerse de aplicar la técnica de los espejos.

He destacado algunas ideas que inmediatamente me direccionan a otro autor que ya habló de eso mismo hace la friolera de casi ochenta años. Fue un destacado luchador contra el fascismo que acabó condenando y retratando todo tipo de absolutismo. A alguien le podrá sonar este extracto de su obra más conocida:

..."Toda la literatura del pasado habrá sido destruida. Chaucer, Shakespeare, Milton, Byron... existirán únicamente en versiones de nuevalengua, no solo convertidas en algo diferente sino transformadas en algo opuesto a lo que eran antes".

Efectivamente: 1984, de George Orwell. Su protagonista -otro macho, y van...- trabajaba en un departamento gubernamental que se dedicaba a reescribir el pasado (algo tan fácil ahora con los soportes digitales), adaptándolo a una lengua artificial, la neolengua o newspeak, simplificada hasta el extremo para que cualquier súbdito del Partido Único no tuviese que leer cosas que le hiciesen pensar mucho. Globalización, experimentación social, reinterpretación de lo que ya estaba escrito... ¿Y luego quieren que no las llamen feminazis?

Antoine, protege al muchacho que te lo quieren desvirtuar.

viernes, 25 de mayo de 2018

La Biblia del Friki

La Biblia. ¿Qué es hoy en día la Biblia? En clase de religión, en la catequesis, nos enseñaban eso de que era un conjunto de libros y escritos inspirados por Dios y seleccionados por el hombre para formar la columna vertebral de nuestras creencias. Se articulaba en dos grandes compendios: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, caracterizados por ser el primero una recopilación histórica con no sé cuantos milenios sobre la evolución de la raíz del cristianismo (es decir: el judaísmo), y el segundo la narración (por cuadruplicado) de los hechos de un hombre y sus seguidores que revolucionaron el mundo a partir de 33 años específicos. En total, entre sesenta y tantos y 80 libros (según para qué vertiente del cristianismo se recopilaran) que han marcado y siguen marcando (o deberían marcar) la forma de vivir y actuar de una gran parte de los habitantes del planeta.

¿Qué pasaría si en pleno siglo XXI hiciésemos algo parecido y unos cuantos autoseleccionados juntáramos todos los testimonios (en soporte papel, digital, magnético u holográfico) para, por ejemplo, guiar a la creciente comunidad friki (aunque como dice el otro, hoy en día lo friki es no ser friki) hasta nuevos horizontes de sabiduría de dudosa utilidad?

Pues hala, vaya por delante mi propuesta. ¡Frikis del mundo, apartáos la toalla un poco de la cabeza y prestad atención!



Antiguo Testamento: 

Los orígenes de nuestra locura y obsesión. Podría enumerar un Génesis con todas las novelas que inspiraron a don Alonso Quijano y rematarlo con la obra cumbre de Cervantes, pero íbamos a echarle más tomos al asunto que una enciclopedia Larousse de las grandes. Así que marquemos el inicio de nuestras Sagradas Escrituras en lecturas más recientes y sin embargo igualmente necesarias para cualquier nerd que se precie: ¡La trilogía de El Señor de los Anillos! Porque Tolkien es uno de los Patriarcas, alabadas sean sus iniciales. A él le deben su inspiración otros clásicos dignos de formar parte de este Pentateuco que completarían la guía de juego de Dungeons & Dragons, la serie completa para televisión de los Monty Python y la Vida de Brian, el Golden Axe y las obras de H.P. Lovecraft.

Y me diréis: ¿Y Julio Verne? Está bien, dejaremos sus escritos como una especie de pirámides y templos egipcios llenos de jeroglíficos, y a Arthur Conan Doyle como un zigurat mesopotámico. Siempre han estado ahí y son la base de mucho de lo que hoy somos, pero aunque muchos los siguen leyendo, ya nadie los sigue religiosamente. No son de esta religión aunque también han influido en ella, claro.

Así que volviendo al asunto bíblico, en la línea de Verne pero ya con más vigencia incluso científica, esta Historia Antigua del frikismo no sería lo que es sin clásicos de la ciencia ficción como las obras completas de Isaac Asimov, que a su vez bebe de obras como Metrópolis para entender mejor a robots y androides, los cuales aún seguimos sin saber si sueñan o no con ovejas eléctricas (Blade Runner lo dirá), aunque la trilogía primigenia de la Guerra de las Galaxias sí que nos deja claro que los hay muy bocazas o tremendamente cabezotas, aunque fieles como el mejor amigo. Y hablando de galaxias (así en castellano, como llevan siendo veneradas desde el año 77 y hasta la eternidad), si hay que meter un libro clave en esta selección no puede ser otro que la Guía del Autoestopista Galáctico, mientras que la saga original de Dune sería como algún libro tipo el de los Macabeos, y Stalislav Lem un Jeremías o un Ezequiel en la comparación.

Nuevo Testamento: 

El Evangelio. Aquí llega la novedad: Empezamos a meter otros formatos de divulgación y soporte. Y empezamos por las pelis fundamentales (incluidas las de algún libro ya relatado), como toda la filmografía de George Lucas y Steven Spielberg, las menos comerciales de Kevin Smith y para los frikis culturetas las de Lars Von Trier. De libros, ¡claro que vamos a incluir toda Canción de Hielo y Fuego(hasta los libros que aún tienen que salir) y su versión televisiva, Juego de Tronos, así como otras series tipo Breaking Bad, House of Cards o Lost (lo siento, no soy muy seriéfilo). Y se puede completar el conjunto con un compendio de videojuegos y personajes japoneses cosplayables y hala, esta parte ya está resuelta. No soy experto en la materia, pero mientras me busco un asesor, indico los que para mí no podrían faltar: los Caballeros del Zodiaco (originales), Biomán (reniego de los Power Rangers) y Akira. El resto, principalmente los personajes femeninos de poca tela y mucho corazón, lo dejo a la elección del asesor al que voy a imponer que redacte una Contrabiblia, la Lectura del Maligno, en la que incluya Bola de Dragón y Campeones, por cansinos y porque yo lo digo, hala.

Como Hechos de los Apóstoles podríamos hacer un montaje con todos los cameos de Stan Lee (ah, que me dicen que ya hay mucho de eso en Youtube), tanto en las pelis de Marvel -¿y los tebeos, que me los he olvidado?- como en cualquier otra, en general. También podríamos juntar las biografías (propias y ajenas, permitidas o no) de gente como Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg. Ya las Cartas de los Apóstoles... Bueno, esa parte podemos resolverla buscando en el millón de páginas de internet de frases y citas famosas, con un apartado especial para las apócrifas de Paulo Coelho. Aunque éstas podrían ser una especie de Libro de los Salmos a lo Nuevo Testamento... No sé.



Apocalipsis: La verdad es que serviría cualquier distopia como las ya comentadas (que aún no las he comentado, que es un artículo que debería haber entrado hace un par de meses y que aún no está del todo preparado, disculpen las molestias). Pero como la Biblia cristiana, me arrogo el derecho de decidir unilateralmente los libros que entran y cómo entran, y los que no estén de acuerdo, que se alineen en el bloque de los protestantes y reformistas. ¡Yo llegué primero! Así que por proximidad, elijo Ready Player One, por tratarse de un libro profético elaborado, al igual que el de San Juan, a base de premoniciones de futuro llenas de referencias al pasado. Si no te lo crees, aquí te cuento un poco de qué va la cosa:



Postdata friki: 

Ya resumiendo, que la cosa se ha extendido más de lo deseado: la próxima vez que visite Praga, además de volver rememorar junto a Naide aquel nuestro comienzo tan sorprendente, pasear de nuevo por el cementerio judio, tomar litros de cerveza a la salud del Golem y de las cucarachas gigantes, me pasaré por la tumba de Karel Čapek a dejar un robot de juguete en ofrenda a uno de los padres de la ciencia o anticiencia, cultura... ¡lo que sea! más injustamente olvidado por la mayoría.

jueves, 17 de mayo de 2018

Vida y milagros del catalán que odiaba a todo el mundo


Un castellano orgulloso hasta el extremo de la locura, potencial saqueador de continentes cuya tierra se refleja en la atrofia cerebral de un rey tarado; uno de esos miserables cortesanos incapaces del menor empuje constructivo a los que lo industrioso les repele y cuyas manos estarían sucias si empuñaran otra cosa que no fuese un arma; de los de pro, de aquellos para los que trabajar es una deshonra frente a la deshonra que es para un catalán no trabajar... Y sin embargo (y aquí completo al bueno de Zubi que sirvió a las órdenes del rara avis general Villarroel, ¿gallego o asturiano? con partida de nacimiento barcelonesa y que acabó su carrera en la derrota de la ciudad condal en 1714), un servidor, castellano al que le gusta la buena lectura y que si tiene que empuñar un libro lleno de patrañas pero en general muy amenamente escrito en la lengua de malnacidos como Cervantes o Quevedo (al que también le dedica la suya), pues lo empuña. Y sin necesidad de usar jabón después.

Podría convertir esta crítica literaria en un alegato anticatalanista y en defensa de la buena imagen del castellano y del español en general, pero no quiero generalizar y prefiero que cada uno se refleje en sus propias palabras. Ahí arriba he plasmado las que el autor de Victus. Barcelona 1714, en boca de su criatura literaria, le dedica a los que nacimos al oeste del río Segre. O de más allá, porque visto el desprecio que le hace al resto de aragoneses, se diría que Zaragoza (excepto por alguna escaramuza puntual), Huesca y Teruel ya no existían por ese entonces. Por lo que dicen hasta los americanos, el libro ahonda en esa tendencia a la falta que parece tan en boga estos días a los pies de Montjuic.

Pincha en la imagen si te pica la curiosidad.

Pero no. Vamos a lo literario, que es lo que interesa. Aunque antes, déjame contarte cómo cae esta pieza en mis manos. Pues muy fácil: Supe de ella a través de un amigo brasileño, lector voraz y crítico juicioso, declarado fan de la causa catalana. El asunto suscitó un interesante debate histórico-político y una curiosidad real por saber lo que se dice de uno sin que te lo cuenten los demás. Ahí quedó la cosa hasta que, por una de esas grandes casualidades de la vida, paseando por el centro de la castellanísima y segovianísima villa de Sepúlveda, me llamó la atención una portada con caracteres gigantográficos sobre una mesa junto a la fachada de cierta almoneda, entre un montón de libros expuestos bajo el reclamo 1x2€, 3x5€ (no siempre los de Barcelona y alrededores van a ser los únicos que saben hacer buenos negocios) y una muestra de confianza del dueño del establecimiento que conminaba a dejar el importe exacto de la compra sobre la misma mesa o bajo la puerta de la tienda, sin necesidad de pasar al interior.

Las niñas eligieron un impecable ejemplar del Manual de los Jóvenes Castores y no recuerdo qué otro libro, mientras que una elegante cuarta edición de la primera obra de Albert Sánchez Piñol escrita en castellano vino a parar a mis manos. Elegante no, lo siguiente: Al ejemplar encuadernado en tapa dura y finísimamente impreso con su título destacando en rojo sobre el croquis del asedio final de Barcelona le acompañan dos separatas con la reproducción del mapa completo que ilustra la portada y una relación resumida del elenco real e inventado de la obra. Un alarde editorial que tal vez tenga que ver también con el hecho de ser publicado originalmente en castellano (idioma que, a poco, se entiende en más rincones del mundo que el catalán) y posteriormente traducido de ésta al resto de las lenguas que lo hayan demandado, incluída la de Maragall.

El antipático protagonista.


¿Y quién es el bueno de Martí Zuviría al que mencionaba más arriba? Pues no es nada menos que un personaje al parecer real, gris y medio anónimo pero real, que sirvió de ayudante del general Villarroel y cuyas lagunas biográficas rellena el autor de la novela con una mezcla genética del buscón don Pablos, de Quevedo, y de los jóvenes Gabrielillo de Araceli y Andrés Marjiuán de los Episodios Nacionales de Galdós, en una acción que parece querer dar réplica al Madrid del 2 de mayo narrado por Pérez Reverte en Un día de cólera.

Antes de llegar al fatídico 11 de septiembre (que para el imaginario catalán ya era fatídico mucho antes de que todos conociésemos al tristemente famoso Mohamed Atta), el bueno de Zuvi nos cuenta por qué de brillante ingeniero militar aprendiz de Vauban, ¡el más grande! va saltando de lealtad en lealtad hasta llegar a su Barcelona asediada, salpicando su evolución vital con chorretones de una moralidad más que dudosa, una rabia irracionalmente repartida y una histriónica narración en primera persona que pretende llegarnos más real al saber que es el antipático Zuviría, casi centenario, el que le dicta en persona a una maltratada secretaria que no omite ni una interjeción del relato.

Sí, al antipático de Zuvi al final no hay quien lo aguante, pero por lo menos, tanto los amantes de la arquitectura histórico militar como los legos en la materia apreciamos lo bien traído que está el asunto en la novela. También nos presenta a algunos de los personajes de su época y, ahí sí, su padre Sánchez Piñol aparenta que no se casa con nadie al repartir estopa a todo lo que se menea, reivindicando para empezar la figura del Villarroel artífice de la defensa de Barcelona y al que se obvió desde la cúpula catalana para elevar a los altares una figura más institucional y acorde a las exigencias del guión nacionalista como es el muy floreado abogado Rafael Casanova.

Estopa para todos.


El autor también tiene reproches para los catalanes. Al más puro estilo antisistema, carga casi todas las culpas en las administraciones civiles y religiosas (pilares sobre los que se asientan esas Cortes que promovieron los fueros medievales a los que tanto se aferraban contra el nuevo centralismo de la Corona), coronando de laureles a un pueblo que al principio lucha por su libertad (a lo Braveheart pero más heróico, claro está) aunque al final confiesa que todo no pasaba de un si me llevan por aquí, por aquí que voy, por aquello del qué dirán, más que nada. Pero mientras que les quiten lo bailao. Ante todo, que quede claro, por ejemplo, que los miqueletes no eran simples bandoleros y asesinos, que eran luchadores de la libertad y que por eso destripaban tanto invasor que pillaban como catalán en la retaguardia, por si resultaba ser un traidor a la patria. Ya esos desalmados matarifes de los ejércitos borbónicos ansiosos por asesinar catalanes así, a lo loco...

Y eso que resulta que todo el mundo quería ser catalán, que cualquier ciudadano del mundo que llegaba a Barcelona inmediatamente catalanizaba hasta su nombre para poder formar parte de esa ejemplar sociedad superior en lo moral, lo legal y lo comercial a cuanto se conocía en los alrededores. No se entiende después que todo el mundo abandonara a ese pueblo bajo las garras de franceses y castellanos cuando estaba claro a todos los niveles que, repartido el antiguo imperio español y reorganizado el mundo entre sus nuevos dueños, aquella lucha de 1714 era mucho más que una simple revuelta interna. O eso pretendían hacer ver.

En fin, que sólo me falta recomendar la lectura, porque es recomendable, sí señor, acompañada de un libro de historia riguroso, por si se quiere contrastar ficción y realidad. Aunque tal vez de poco sirva, porque como siempre habrá quien alegue que la historia la escribren los que ganan, poco faltará para que Zuvi, Anfán y el enano Nan tengan sus propias calles por cortesía de la alcaldesa Colau en detrimento de algún presunto facha como ese tal Villarroel, por ejemplo.

jueves, 5 de abril de 2018

El tatuaje

Es un secreto a voces que estoy con ganas de hacerme otro tatuaje. En la actualidad tengo tres: un par de pingüinos que me hice en Buenos Aires hace once años, un trisquel en Melilla en 2009 y una bandera compuesta hispanobrasileña cuando Marina aún gateaba, en Recife.Y os preguntaréis que a vosotros qué. Que si éste no es lugar para confesiones como ésta. Pues el caso es que sí. El motivo lo tengo y tiene mucho que ver con este blog. En realidad tengo dos ideas: una más factible y otra un poco más quimérica pero que si llegase, sería la madre del Cordero. Y sí, Iván, si estás leyendo esto, que sepas que el dibujo va a ser tuyo como ya te dije un día. Pero esperemos a tener presupuesto, un plan definido y pellejo donde colocarlo.
Una idea...

Vamos por la segunda. Una auténtica macarrada: La idea es hacer un dibujo de esos súper realistas, un pedazo enorme de piel arrancado con los bordes de la herida hechos jirones, y en la parte descubierta de la yaga abierta apareciendo los lomos de una biblioteca completa.

Así, tal cual: Se levanta -rasga- el telón y aparecen estantes llenos de El Conde de Montecristo, La Odisea, El Señor de los Anillos, Los Miserables, Crimen y Castigo, El Príncipe Destronado, Cuando yunque, yunque/Cuando martillo, martillo, San Manuel Bueno, mártir, 1984, Luces de Bohemia, Los Episodios Nacionales, El Quijote, El Nombre de la Rosa, 100 años de Soledad, Tom Sawyer, Jeromín, Las Memorias Póstumas de Brás Cubas, Vida y Destino, La Ciudad de la Alegría, El Libro de la Selva, Rimas y Leyendas, La Sombra del Águila, La Historia Interminable, Vientos del Pueblo, El Lazarillo de Tormes, Estación Carandirú, Las Crónicas de Hielo y Fuego... Por citar los que se me han venido a la cabeza en estos ùltimos 10 minutos.

Y por venir a la cabeza, ¿cuál sería el local indicado para acometer tal empresa? Pues sí, en el más macarra y adecuado de los casos, pensé que el tatuaje arrancase por debajo de la oreja izquierda, por ejemplo, y fuese subiendo por detrás, ocupando luego toda la nuca casi de sien a sien. Pero bueno, que tal vez aún no esté preparado para esa mutación visual tan radical, por lo que se me ocurren otras opciones. Me encanta devorar libros y, hoy por hoy, el pedazo de pellejo más despejado y extenso que tengo para usarlo a modo de lienzo es la panza. Pero como no me gusta la simetría, tal vez mejor arrancar por el costado, seguir por la espalda y el pecho por la banda izquerda.

En fin. Ahí queda esa idea. De la otra tal vez hable otro día aunque no tenga mucho que ver con la bibliofilia y sí con la arqueología. ¿Cómo lo véis? ¿Sugerencias?
A eso le llamo yo tener una cabeza bien amueblada...

domingo, 25 de marzo de 2018

Game over. ¿Y ahora qué?



Ready Player One: Llegó mi turno. Como cuando dejabas la moneda de cinco duros en el marco del cristal de la máquina, o sobre el borde del futbolín. En realidad mi amigo Morpheus lo había dejado libre hacía algún tiempo. Pero por si acaso, mi moneda estaba ahí esperando su momento. Éste debe ser de los pocos casos en que una moneda abandonada es sagrada. Nadie se la lleva. No hay despiste que la haga desaparecer de su lugar hasta que llegue el turno de su propietario y la introduzca en la ranura correspondiente. Era la Ley de los Recreativos.

En realidad yo nunca fui muy 'gamer', como los llaman ahora. Mis monedas de cinco duros eran demasiado escasas como para desperdiaciarlas en menos de cinco minutos de partida que, quitando el Tetris y el Bomber Man, era lo que me duraban a mí las tres vidas de rigor. Así que yo era básicamente de la manada de los que miraban y animaban recostado en el lateral del videojuego o asomando por encima del hombro de los jugadores. De los de pipas y tabaco, que decíamos en las tardes de mus de sábado o domingo. 

Y cuando llegó el ocaso de las salas de máquinas, Piscis (el Olimpo), Pin-Ball, Tipo A... pues más de lo mismo. Ahí estaba yo en Nets, la primera sala de ordenadores en red de Palencia, como quien asiste una peli de guerra. Tras el hombro de Luis, Isasi, Calle o Laso, o de Toño, Fofe, Gus, Ricky, Canario... y toda la tropa del Círculo de Rol, buscando francotiradores apostados y terroristas en huida, o adivinando la estrategia que usaría para frenar el ataque de la marabunta zorg que se avecinaba. Ya hacía lo mismo en casa cuando Fernando, fotocopia de la Micro Manía a mano, se metía en la piel de Indiana Jones, Dave Miller o Guybrush Threepwood. Aunque también jugaba, claro. No iba a estar siempre de mirón o PNJ. Lo mío era más intimista, en mi cuarto, aquellas madrugadas de no levantarme ni para ir al váter y sólo separar la vista de la pantalla para encender otro cigarro. Mis hitos: reformular la segunda Guerra Mundial de varias maneras posibles, intentar no convertirme (o sí) en un replicante pellejudo o conquistar el cuadrante más lejano de la Vía Lactea, ya fuese con terrans, protos o zerg (lo mismo me dá este cuerpo que aquel).

Y como en aquellos casos, de nuevo ahora, después de horas pegado a la acción hasta completar la última misión, me he vuelto a quedar como con cara de bobo después de leer las palabras finales, ya sean Game Over, The End, Fin... U Oasis.


¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Todo empezó allá por Año Nuevo, cuando se me ocurrió lanzar una encuesta a ver cuál había sido la mejor lectura del año de los seguidores del blog y así inspirarme para futuras elecciones. Entre las respuestas, dos casi simultáneas de David y Óscar Morfeus recomendándome el mismo libro. Uno del que no había oído hablar hasta entonces, que no era ni mucho menos una novedad y al que ni siquiera relacioné, en primera instancia, con el próximo estreno cinematográfico de Steven Spielberg. Óscar incluso ya me vino a ofrecer la pastillita correspondiente mientras David me urgía a tomármela antes de que llegara a las pantallas. Así que hice caso de la prescripción y acepté el préstamo. Dejé sobre la barra del Korova un moloko recién servido, abandoné temporalmente la observación de las colonias de musgo a orillas del río Schuylkill y me puse a leer. Y a buscar huevos de pascua. Y a sentirme a medias entre el lector de aquella serie juvenil de librojuegos, Elige tu propia aventura, el jugador metido hasta el corvejón en el juego y el observador externo de una aventura gráfica, intentando adivinar el siguiente giro de la trama.




Nostálgicos de los 70-80 (porque somos los más nostálgicos), agarráos porque este libro es para vosotros. Principalmente para los que habéis nacido con un don para coordinar el manejo del joystick con la combinación adecuada de botones. Ya no llego a tiempo de recomendároslo (o sí) antes de ver la peli. Los que somos más cinéfilos también agradecemos las constantes referencias. Y como no quiero espoilear a nadie, sólo añado dos o tres cosillas más: 

¡Que vivan los fans de Juegos de Guerra!

¡Que viva Dungeons & Dragons!

¡Que vivan las clases de latín!

Ernest Cline, ¿dónde te dejaste a He-Man y al Equipo A? ¿El Auryn te parecía un amuleto demasiado poderoso para los usuarios de Oasis?

PD1: Y cuando me creía el tipo más inteligente del mundo al haber descubierto yo solito la conexión entre RPO y La Naranja Mecánica, me encuentro con que el 6655321, el número de preso de Alex en la staja 84F y -casi- el de empleado de IOI de Nolan Sorrento, ya ha sido usado hasta para marcar a Plankton en la cárcel de Fondo de Bikini. ¿Era demasiado evidente?

PD2: Soy más bien posesivo. No acostumbro pedir libros prestados (aunque si tengo que prestarlos no los niego aunque sepa que hay muchas posibilidades de no volver a verlos). Pero en este caso acepté el préstamo y me arrepiento desde el primer día por un desgraciado y aún irresoluble accidente acuático. Lo siento, Merche-amiga-de-Óscar. Que sepas que no ha quedado muy mal, pese a todo.

lunes, 26 de febrero de 2018

A vueltas con el secuestro de Fariña


Anda que no le han hecho un favor, y de los grandes, al editor (y sí, porqué no, al autor) de Fariña, ese libro que ha sido secuestrado por un juez porque al parecer un cierto alcalde presuntamente más pringado que las playas gallegas del Prestige se ve injuriado y calumniado por lo que de él se cuenta en sus páginas. Y como tiene 10.000 euros (y quién no tiene un fajobilletes de esos a mano cuando hace falta, oiga) que dejarle al juez para que tome la medida cautelar de marras, pues secuestramos y punto.

Y el pobre editor de una editorial de la que casi nadie había oído hablar hasta ahora y que nunca imaginó verse en una de éstas, se queja porque las pérdidas que le supone retirar unos 10.000 ejemplares del mercado (eso dice) le reportaría beneficios mucho mayores que los 10.000 del alcalde, por no hablar de otros 10.000 que ya iba a reeditar corriendo, visto el tirón publicitario con costas judiciales y las 10 ediciones anteriores vendidas. Así a ojo, ni un finalista del Premio Planeta vende tanto.

Y claro, el reclamo ha sido tanto que hasta yo me metí un rato a buscar un ejemplar aunque no soy mucho de temas de actualidad y me deparo con ofertas como las de Amazon, a 92 euros el ejemplar nuevo ¡Y 346,31 €UROS EL USADO! Debe incluir alguna papelina de marcapáginas o algo así, no sé. Menos mal que anuncian que en marzo sale la edición en gallego por 18 euros, y a lo mejor ahí sí que la cosa me sale rentable y hasta con olor a percebe, para ser más del terruño. O lo consigo por el primo del amigo de mi compañero que tiene un cuñado que sabe de buena tinta lo que dice de que le van a pasar el PDF que circula por todos los Guachaps del país...

Eso sí, no desmerezcamos la obra que se ha merecido incluso el elogio del señor presidente del Gobierno, que del tema que se trata sabe un rato... por la proximidad geográfica y la época, se entiende, cuando era registrador de la propiedad en su Galicia natal, claro. No se me vaya a malinterpretar.

Así que visto lo visto, si quiero triunfar en la vida (o tener mi momento de gloria) a lo mejor tengo que hacer como El Esmirriao y secuestrarme. A ver cuántos réditos me reporta. ;)

domingo, 14 de enero de 2018

Riña de gatos y el inglés que la lio parda en Madrid



"Maldita sea su estampa, en este país no pasa nada
sin que ande por medio ese puñetero inglés". 


Con esa imprecación de uno de los personajes el autor de la novela Riña de gatos. Madrid 1936 resume sin quitarle coña al asunto lo que han sido las 400 páginas anteriores. Llega a quedarse el señor Whitelands otras 24 horas en Madrid y acaba detonando una Guerra Civil él solito.

Resumiendo: Un inglés experto en arte español obsesionado con la vida y obra de Velázquez, gris personaje en viaje de trabajo, acaba inmiscuyéndose a lo tonto en una enrevesada trama donde no faltan personajes históricos. Sin comerlo ni beberlo (bueno, esto un poco más), en menos de una semana se va de copas, putas o interrogatorios con la mitad de los actores principales del período pre-guerracivilista, huye de intrigantes generales, enamora y desvirtúa a aristócratas señoritas, le cargan un fardo de pañales y los servicios secretos de medio mundo andan tras él casi antes de cambiar de tren en Venta de Baños en su periplo entre las orillas del Canal de la Mancha y las callejas de la Villa y Corte. Lo pones a cámara rápida y parece un sketch de Benny Hill con cierto tinte trágico.

Habrá quien se queje porque "aquí viene otra de la Guerra Civil"... Bueno, casi. No llegamos a declarar la guerra abierta (lo dicho, le faltaron 24 horas al inglés), pero a pesar de lo inverosímil de algunos giros Eduardo Mendoza hila una entretenida trama donde fácilmente transporta al lector al Madrid de los años 30, con sus luces y sus sombras, sus dejes, sus vicios y sus virtudes. Retrata a los personajes reales con minuciosa credibilidad, colocándolos en situaciones dramáticas a las que, por su conocimiento a través de los libros de historia, estamos poco acostumbrados. 

Lectura recomendada y recomendable. Para meterse en situación sin mayores alardes. Hay que recordar que es historia ficcionada, no historia.